Los fanáticos de Tool se han ganado la reputación de ser intensos (y eso es poco). Existe el rumor de que cuando la revista Spin todavía era una publicación impresa, los editores recibían una carta al día exigiendo una historia a partir de las portadas de Tool. Recuerdo que el cantante de una banda de covers de ese grupo, una vez me describió —con un tono por demás amable— la profundidad de sus composiciones, la amplitud científica y filosófica de las letras del frontman Maynard James Keenan y continuó diciendo que la agrupación no era mainstream y que por eso, probablemente, no había oído hablar de ellos. Me reí sin reservas.

Fotografía: fotobriggs bajo licencia de Creative Commons.

Se oyen muchos chistes en línea, la mayoría pesados, sobre los aficionados de Tool, pero voy a señalar algunas cosas:

a) No es justo juzgar a un artista tan sólo por su fan base.

b) Después de una sequía tan larga, no se puede culpar a los fans por estar un poco a la vanguardia.

c) No estoy en posición de juzgar. Vi a Tool hace un par de meses. Lo entiendo. Ahora que su catálogo finalmente se puede escuchar en las plataformas de streaming, tal vez el público de la banda se incremente con nuevos seguidores “casuales”.

Afortunadamente, para los aficionados de Tool y Bad Bunny por igual, Fear Inoculum es el primer álbum de la banda en trece años… ¡es definitivamente un nuevo álbum de Tool! Y ellos, los aficionados, estarán muy metidos en su propio culo durante varias semanas, tratando de descifrar los jeroglíficos del miedo inoculado.

Tool no lo hace sin esfuerzo. Tú siempre escuchas el trabajo. La larga pausa entre 10,000 Days (Volcano II / Tool Dissectional) de 2006 y Fear Inoculum (2019) se debió, en parte, a los muchos proyectos del líder Maynard James Keenan (todavía tengo que probar su vino), disputas legales (siempre un problema con esta banda) y a las tendencias perfeccionistas de Tool.

Todas las notas en Fear Inoculum, desde la fuga caótica del guitarrista Adam Jones explotando en “Descending” hasta las “burbujas” revoloteando en el bajo “Frankenstein” de Justin Chancellor en “Invincible” a la batería de repercusión de Danny Carey, con un cielo lleno de tormentas de parches en “Culling Voices”, han sido objeto de atención y refinamiento hasta el punto de que cada canción se siente como una serie de formas que saltan alrededor de un círculo, que se reajustan continuamente en el ángulo correcto, pero nunca en el lugar que uno espera.

Tool dio un paso adelante en Ænima (1996, Zoo / BMG / Volcano), cuando decidieron ser el King Crimson encuentra a Led Zeppelin de su generación, y ahora han entrado en una fase de rock clásico, contentos de refinar su enfoque mientras atacan con una fuerza y perspicacia que sólo se consigue con la experiencia.

Todos los toolismos están aquí: intros largas y serpenteantes que te dejan esperando por la recompensa, interludios modales de Medio Oriente, signaturas de tiempo que confundirían a un graduado de Harvard o la UNAM, riffs de ametralladora, ametralladora de fuego rápido que pronto da paso a solos de guitarra líricos e indagadores.

Tal parece que la reelaboración interminable dio sus frutos. De una manera extraña, este álbum de metales pesados pisotea a todos sus enemigos hasta la muerte y mueve montañas con sus propias manos. Fear Inoculum es el trabajo más gratificante de Tool hasta ahora. Escuchen el álbum hasta el final, ya que fluye maravillosamente, como un río alternativamente sereno y atrapa incautos. 

 

 

Un comentario en “Tool y el miedo inoculado