Se habla con frecuencia de que las letras del rock nacional atraviesan por un periodo poco fértil, en el que la preocupación por temáticas cotidianas brilla por su ausencia. Cierto, predomina el escapismo; la realidad, se dice, ya es cruda y no necesita desmenuzarse todavía más; sin embargo, hay quienes opinan lo contrario.

Barcos D Papel se acerca a una década de trabajo y al final de esta podrán sacar un balance satisfactorio. El cuarteto integrado por Eduardo Reyes (voz y guitarra), Daniel Díaz (guitarra), José Gabriel Montoya (batería y percusión) y Alejandro de la Rosa (bajo) tiene a cuestas tres álbumes: Barcos D Papel (2012), Resistencia (2014) y Laboratorio laberinto (2018).

En ellos encontramos el trazado de un sonido que paso a paso se ha erigido en una unidad distintiva en la que el equilibrio es importante, pues si bien el grupo se ha caracterizado desde sus inicios por fomentar letras alejadas de las pautas de la moda y de las agendas impuestas y por siempre contar algo, en lo musical han encontrado el camino que les permite tomar al rock en su amplitud y visitar jazz, funk, progresivo, rap e incluso algunos toques de experimentación.

En el álbum homónimo ya tenemos prefigurados los rasgos que paulatinamente le han dado rostro a esta agrupación. Hay en canciones como “La evidencia de otro crimen”, “Nave 6”, “Barcos de papel” (“Sueña con barcos de papel / que se pierden en su cuarto / que tal vez no vuelva a ver / Él busca cielos de algodón / En un mundo de mentiras / Donde el dinero vale más que la imaginación”) o “Estamos bien” una construcción en la cual advierto algún condimento de pop aderezado con una escuela de rock progresivo moderna, algunos ecos lejanos del King Crimson en su etapa ochentera, pero también miradas al funk.

Hay una combinación del poderío con la suavidad que si bien no es nueva, no cualquiera pueda llevarla a buen puerto satisfactoriamente y la cuarteta parece especializarse en ello. “Génesis”, la canción inaugural, es un ejemplo. De inicio, la frase “comenzó el amor, comenzó la guerra” expone sin necesidad de recurrir a más argumentos no sólo de lo que hablará, sino  de la dicotomía a explorar y que en la música encuentra su correspondencia. La composición va de una mirada al rock pop para luego atravesar por el jazz, con una deliciosa guitarra que preludia un arrebato de furia sin dejar de lado los detalles finos. “Viernes”, por ejemplo, se perla de sicodelia en un solo de guitarra trepidatorio.

Barcos D Papel es una agrupación de matices, es como mirar una escala de colores que cambia no con rapidez (aunque si se lo proponen lo pueden hacer) sino gradualmente y en esa transición nos conduce por diferentes estados de ánimo. Es una banda a la que las grabaciones le vienen bien, pero en directo se hace de una nueva cara.

Allí llegan a ser salvajes, avasallantes; pero también son divertidos, bailables cuando introducen el funk en sus creaciones y la parte progre que llevan nunca se siente pretenciosa. Es un grupo potente. En ellos la finura y la energía se tienden la mano y de esa alquimia surge una música poderosa, rica, colorida, apoyada por una compenetrada sección rítmica, un guitarrista que cuando toma el timón lo hace sin rubor y tiende a imaginativos solos y un vocalista que canta con el estómago y preocupado por la crónica-denuncia sin llegar al panfleto.

Laboratorio laberinto, su placa más reciente, es un testimonio de su progreso. En tracks como “Serpiente”, “El blues del chairo” o “La venganza de Zapata” se reafirma la vocación lírica y musical, la sed de aventurarse y explorar; pero no es sólo una confirmación, también es un avance, porque Barcos D Papel sabe como ir más allá e incluso logra una excelente versión de “Yo amo a mi país”, original de Gerardo Enciso.

Lo reitero: en concierto el colectivo crece exponencialmente, atestiguar una de sus actuaciones es adentrarse en una vorágine de fuerza para luego viajar en nubes de algodón. Si quieren conocer en realidad de que están verdaderamente hechos estos cuatro, hay que verlos frente a frente, cual si fuera un duelo de película western. Siempre dispararán primero, porque son matones, pero en sus canciones viene incluida la infusión que habrá de revivirnos.

Barcos D Papel se presenta junto a La Barranca en el Foro  Cultural Hilvana (Puente de Alvarado 17 A), el sábado 14 de septiembre.

 

 

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