Fue la primera mujer punk en aparecer en la televisión mexicana en horario estelar en los años ochenta, con el personaje de Nina la Punk (homenaje a Nina Hagen) en Cachún Cachún Ra Ra; fue la primera go-go girl que bailó al pogo (slam) en el Hip 70 (antes tienda de discos) de Avenida Insurgentes; fue novia del mítico Illy Bleeding (Size) y la influencia estética y de actitud de personajes como Viridiana Alatriste Pinal, Sasha Sokol y Alejandra Guzmán; lectora insaciable de Arthur Rimbaud, Charles Baudelaire, Antonin Artaud y Stéphane Mallarme; alumna accidental de Juan José Gurrola; íntima del pintor Mario Catalá (autor de la portada del primer álbum de punk en México: Dangerous Rhythm); asidua al famoso bar gay El 9 de Henri Donnadieu; admiradora perpetua de John Cassavetes; hija de la actriz Pilar Pellicer y del escultor James Metcalf. Por sus venas corre la sangre del poeta de América (Carlos Pellicer) y de la actriz suicida Pina Pellicer. Ariane es una primera actriz proveniente de la más ruda casta de iconoclastas. Sexy, talentosa y rebelde, continúa siendo punk y se sigue enfiestando como nadie.

Con motivo del estreno de Aquí no pasaba nada, documental que narra la historia de Dangerous Rhythm, decidí entrevistar a Ariane Pellicer sobre la década podrida de los ochenta; de los inicios de la ideología anarquista en la Gran Tenochtitlán, de Piro Pendas, Mario Catalá y de toda la gente relacionada al verdadero Ritmo Peligroso; además de mucho sexo, drogas y rock and roll.


¿Cómo fue representar a la primera mujer punk mexicana en televisión, con el icónico personaje de Nina en el Cachún Cachún Ra Ra de los años ochenta?
Todo fue muy espontáneo y con mucha suerte. Yo tenía 17 años y un día Juan José Gurrola nos llevó a Gaby (Gurrola) y a mí a Hip 70; ahí estaba Piro (Dangerous Rhythm) haciendo un acto punk, que fue el primer acto punk al que yo fui, y muchos de mis amigos también. Lo que hacían ellos era romper discos de música disco y cantar. Cantaban a The Clash, me acuerdo. Ahí conocí a muchos amigos como Carlos Robledo (Size), Walter Schmidt (Size), Ula (Casino Shangai), Claudio Martínez, Illy Bleeding (Size); todos estábamos un poco en contra de todo lo que estaba pasando, éramos unos autodidactas, queríamos crear cosas sin necesidad de ir a la escuela, ser libres. Entonces se creó Size. Todos éramos amigos, todos nos veíamos e íbamos a los ensayos y bailábamos. Illy nos hizo nuestra canción “I Love My Go-Go Girl, But I Love My Go-Go boy” que era Claudio Martínez. En una de esas tocadas, Luis de Llano me vio bailar y me llamó a su oficina, quería que yo fuera parte de algún grupo; estaban haciendo a los Cachunes, entonces le dije: “¿por qué no mejor ahí?”. Me metió en un seminario, un taller que estaba haciendo con Adrián Ramos, un increíble y súper talentoso teatrero, y de 150 que estábamos en el taller nos quedamos ocho; así empezó la larga aventura de siete años de los Cachunes.

¿Quiénes de los Cachunes se siguen frecuentando?
Éramos como hermanos; durante esos siete años, fuimos como una familia. Ya no nos vemos tanto, me sigo llevando más con mis amigos punks que con los Cachunes, por obvias razones. Me he encontrado a Lupita Sandoval que la quiero mucho, a Pepe Magaña, a Alejandro Ciangherotti, a Alfredo Alegría y a Huicochea.

Se movía mucha droga dentro del programa, ¿qué recuerdas al respecto?
Imagínate, eran los ochenta. Era justo el momento de la cocaína y no dormíamos nada durante las giras. Qué bueno que éramos jóvenes. Obviamente, unos sí se murieron, pero nosotros sobrevivimos. Había coca a morir.

¿Fue Ariane Pellicer, con el carácter de Nina Punk, quien dio la pauta para otros personajes mediáticos posteriores, como Alejandra Guzmán o Gloria Trevi?
Sí, creo que el personaje de Nina la Punk inspiró muchísimo a Alejandra Guzmán y a Sasha (Sokol). Lo sé porque eran mis hermanitas; yo era muy amiga de Viridiana (Alatriste Pinal); entonces iba a su casa muy seguido y sí, Alejandra Guzmán y Sasha tenían tapizados sus cuartos con pósters de Nina la Punk. Sí las inspiré y Gloria Trevi… pues yo creo que es obvio, ¿no?

Dangerous Rhythm fue la primera banda de punk en México, ¿cómo fue verlos por primera vez?
Efectivamente, la primera banda punk que yo vi fue Dangerous Rhythm, esa vez que rompieron los discos de música disco en Hip 70, cuando todavía no existía la sala Hip 70 de conciertos. Era una tiendita en Insurgentes en donde nos empezamos a juntar. Yo estaba enamorada de Piro Pendas (vocalista de Dangerous Rhythm), quien me rompió el corazón; nunca olvidaré eso. La segunda banda fue Size y luego también vinieron Los Pijamas A Go-Go (1980), con Tin Larín y el Capitán Pijama (Jesús Bojalil), esa era una súper banda punk; bueno, de los niños fifís, porque también estaban los punks del underground que era la gente de Paco Gruexxo en Tlatelolco.

¿Cómo fue que empezaste a incluir poemas de poetas franceses malditos en tus diálogos de Cachún?
Cuando éramos punks en los ochenta y nos la pasábamos en casa de Carlos Robledo (Size / Decibel), leíamos a los poetas malditos, a Rimbaud, a Artaud; eso era parte de ser punk. En los Cachunes cada quien hacía su personaje. Había un libreto, pero tú llegabas y borrabas todo y decías lo que tú querías decir, eso era parte del programa; entonces, yo por ahí aventaba algunas frases de Baudelaire y Mallarme. Muy divertido.

¿Qué recuerdas de bailar como go-go girl en el Hip 70 de Rock 101 en San Ángel, en los toquines de Size, al lado de Ulalume Zavala (The Casuals / Casino Shangai) y Pilar Escarré?
Lo más importante es que éramos libres y expresábamos lo que sentíamos. Yo que quería ser bailarina, pues era muy feliz saliendo a bailar y a improvisar con Size y con la canción que nos hizo Illy tan chulo que en paz descanse, a mí y a Claudio; porque aunque no crean, yo fui novia de Illy. Era padrísimo porque era justo cuando Ula empezó a cantar. La primera vez que cantó en vivo fue en uno de estos conciertos en Hip 70, con Size. Estábamos creando un movimiento sin darnos cuenta, realmente, lo creábamos en medio de la libertad de expresión; porque sí estudiábamos, estudiábamos con Charly, estudiábamos a los poetas franceses y los personajes que nos gustaban y buscábamos la música. No era tan fácil como ahora. Tenías que ir con Tin Larín a la tienda de discos Yoko, a ver todo lo nuevo que había llegado.

¿Qué fue lo que te atrajo del movimiento punk en un principio?
La libertad de expresión. Estábamos en contra de todo lo que estaba sucediendo y de cómo nos trataban y nuestros papás nos aburrían horrible y no queríamos ir a la escuela, queríamos ser autodidactas y crear solos y estudiar lo que nosotros quisiéramos. Para ello el punk era perfecto y además todos nos hicimos muy amigos, una familia de hijos abandonados; no absolutamente, pero sí. La verdad, a nuestros padres les valía gorro qué hiciéramos y que no estudiáramos.

¿Qué representó para ti Juan José Gurrola y qué es lo más peculiar que recuerdas de él?
Juan José Gurrola fue casi como un padre para mí, porque antes de que fuéramos unos adolescentes insoportables y nuestros papás ya no nos quisieran ver tanto, sí nos hacían caso. Juan José era íntimo amigo de mi padre y como se divorciaron al mismo tiempo Pixie (Hopkins) y Juan José, Pilar y James, nos tocaba cada quince días ver a nuestros papás y una vez nos tocaba con Juan José y otra vez con Jimmy y cuando era con Juan José, pues yo llegaba a ver todos los ensayos de teatro que eran maravillosos. Me tocó Los Exaltados (de Robert Musil), me tocó Lástima que sea puta (de John Ford), me tocaron varios performances, varias exposiciones, porque él era multidisciplinario; y ya cuando decidí ser actriz, que fue mucho más adelante de los Cachunes, pues claro que él fue mi primer maestro. Yo me escapaba de Televisa, del Centro de Capacitación y me iba a sus clases en el Estudio G, ¡padrísimas!, donde nos decía que saliéramos de nuestra zona de confort, que experimentáramos para no ser mediocres. Para mí, es mi maestro más importante.

¿Conociste a Diana Mariscal?
Sí la conocí, porque en ese momento Juan José era mi vecino en la colonia Condesa. Era tremenda. Me acuerdo de una vez que se enojó con Juan José. Quién sabe qué le haría él y ella empezó a aventar todo. Yo era una niña, tendrí siete años, y me escondía debajo de la cama. Destruyó toda la recámara, tengo ese recuerdo de todo roto y ella tirando todo por todos lados y dando de gritos.

¿Cómo fue para ti ser hija del símbolo sexual de una era, para después convertirte en otro?
Mi mamá (Pilar Pellicer) sí que era un símbolo sexual. Andrés García Jr. y yo siempre decíamos que qué padre ser hijos de unos símbolos sexuales, pero que nos sentíamos un poco abandonados y que por eso nosotros nunca íbamos a ser símbolos sexuales. Por eso Nina la Punk, por eso viene el ser punk, un poco en contra de esto: ser más bien fea, horrible. Yo no me siento para nada un símbolo sexual.

Guillermo Osorno cuenta en Tengo que morir todas las noches: Una crónica de los ochenta, el underground y la cultura gay (Debate, 2014) que: “Jaime Keller (Illy Bleeding de Size) al principio era muy punk, le gustaba tomar a alguien del público, jalonearlo y aventarlo o cortarse el pecho, aunque era muy agresivo también era muy amanerado. Cuando se incorporaron las go-go girls, se volvió menos gay. De cierta manera, la presencia de las mujeres le daba un tono más heterosexual y más fácil de digerir”. ¿En verdad existía un noviazgo entre tú y él o sólo era parte de una pantalla para esconder su orientación sexual?
A nosotros no nos importaba mucho el sexo, más bien era la libertad de expresión, la creación; si te gustaba un hombre o una mujer, el sexo no era lo primordial, lo importante era que realmente quisieras a las personas. Las go-go girls estuvieron desde casi el primer concierto de Size, porque todos estábamos juntos cuando empezó Size, estábamos ahí en los ensayos, éramos como parte de su creación, de su libertad, de crear nuevas cosas, nuevas aventuras; pero la cosa sexual no importaba mucho. En Size había dos homosexuales y dos heterosexuales. Dean Stylette (Alfonso Moctezuma) era completamente homosexual y tenía a su novia divina, Claudia, que ahora está casada con Piro; ella siempre estaba parada ahí, divina, con sus looks increíbles. Más bien creo que nosotros no teníamos sexo, nos valía madres un poco ¿no?, era un poco como David Bowie, esa cosa de la dualidad, de los dos sexos, de ser libres y de cogerte a quien quisieras. Y sí, Illy y yo fuimos novios, nos adorábamos y éramos muy libres, si se quería ir con otro no había ningún problema, nadie era dueño de nadie. Había una libertad sexual absoluta, en la que no importaba eso sino crear nuevos personajes, atuendos. Nos pasábamos horas para salir al escenario o para salir a la calle, eso también nos importaba, la moda que estábamos creando nosotros; sí, les copiábamos a los ingleses, obviamente, pero también la creábamos nosotros, no necesitábamos de un stylist ni nada por el estilo. Yo creo que sexualmente éramos muy libres.

¿Cómo era entonces y cómo es tu relación ahora con Piro Pendas?
Bueno, ya te dije antes que yo estaba enamorada de Piro; por eso, en uno de los programas de Cachún, Luis de Llano escribió que yo estaba enamorada de Piro y todo ese asunto. Es mi amigo ahora y también su esposa Claudia. Ella nos cuidaba, porque era más grande que nosotros, nos daba consejos; ahora son mis amigos los dos. A ella la adoro, a él también. Admiro mucho a Piro, quien sigue con su banda, es muy tenaz y me gusta mucho lo que hace, es muy talentoso.

El pintor Mario Catalá se creía vampiro y daba extrañas fiestas, a las que asistías acompañada de Piro, Viridiana Alatriste Pinal y Mario Lafontaine. ¿Qué rememoras de ese personaje, quien hiciera la portada del primer disco de Dangerous Rhythm?
Era una maravilla. Realmente éramos un grupo de creadores o de creativos multidisciplinarios; había pintores, había poetas, había músicos, había actores, había performanceros, había de todo en este grupo. Y sí, Mario Catalá era una joya. Todavía tengo un cuadro suyo, es un David Bowie con colmillos. Recuerdo que nos leía el Tarot con sus cartas enormes, era toda una experiencia. Nos protegía, porque también era mucho mayor que todos nosotros. Nosotros éramos unos niños preadolescentes, menores de edad; entonces, estos monstruos nos cuidaban y nos enseñaban muchas cosas.

El lunes 26 de octubre de 1982, cenaste por ultima vez con Viridiana, al lado de Gerardo González y José Flores (†). Sería la última vez que se le vería con vida. ¿Qué recuerdos tienes de esa noche?
Muy triste la muerte de Viridiana. Sí, estábamos en una fiesta, porque ella acababa de dejar los Cachunes, le acababan de dar una telenovela, la gran telenovela en la que iba ya a ser estrella, ya no iba a estar con nosotros, iba a dar el gran paso. Era novia de Jaime Garza y estábamos en esa fiesta; bueno, nosotros nos fuimos antes y ella se quedó hasta la hora de su llamado. Y se mató en la carretera, porque no llevaba puesto el cinturón de seguridad. Si lo hubiera llevado, igual se hubiera salvado, nada más se hubiera volteado el coche. Tristísimo que alguien con tanto talento terminara así. Éramos grandes amigas, teníamos el sueño de ir a Europa a estudiar actuación, nuestro rollo era ser actrices.

¿Qué representó para ti el legendario bar El 9, de Henri Donnadieu, y sus cócteles Babalú Especial?
El 9 para nosotros era un lugar en donde podíamos sentirnos como en nuestra propia casa. Ula y yo ayudábamos a vestir a Las Vestidas, éramos los animalitos de Las Vestidas. Ellas nos enseñaban cómo maquillarnos, nosotros les ayudábamos a ponerse sus vestidos antes de que empezara el show, porque había un día que era El show de Las Vestidas.Bueno, siempre estaba lleno de vestidas, pero había un día especial para ellas. Ahí nos la pasábamos, metidas en la cocina desde antes de que empezara a ser de heterosexuales; era un momento muy libre sexualmente, no había tantos prejuicios como ahora, no nos importaba si eras gay o no. Era nuestra casa y ahora, Henri cada vez que me ve me dice que soy su niña. Ahí estábamos desde la tarde hasta el amanecer.

¿Qué opinas de su reapertura, de la que fuiste madrina en el corte del listón?
Qué padre que me invitó Henri, ojalá vuelva a ser lo que era antes; además, ahora ya hice un performance con Pepe, nos divertimos mucho. Hay que seguir haciendo cosas ahí.

¿Cuál es tu relación con la obra de John Cassavetes?
Conocí su obra en París. Tenía un amigo que era cineasta y en ese tiempo (86-87) organizó una retrospectiva de su trabajo en Marsella. Yo llegaba y veía toda la filmografía de Cassavetes y me iba al bar Baby Whisky y luego regresaba más tarde a seguir viendo sus películas; en tres días vi todo, me enamoré de él y luego murió (1989) y me sentí terrible. Ahora que me volví productora de teatro, trato de propagar su obra. La ultima que hice fue Opening Night, dirigida por Antonio Castro, y la adaptación por Tina y yo. Fue increíble hacerla, creo que ha sido el papel más difícil que he hecho; pero bueno, ya estaba Gena Rowlands, ¡a ver, llégale! Amo a John Cassavetes, se me hace un ser increíble, y creo que deberían hacer una gran retrospectiva de su obra en México.

“Mi primer recuerdo de Pina es la voz de mi abuela diciendo ‘tienes los ojos tristes de Pina’”. Esto influyó mucho en mi adolescencia; Pina era un ser incomprendido que fascinaba y seducía a mucha gente a mi alrededor”, escribiste en Pina Pellicer: luz de tristeza (1934-1964) de Ana Pellicer y Reynol Pérez Vázquez, ¿qué más recuerdas de tu tía, la actriz Pina Pellicer?
Un personaje increíble. ¡Qué actriz! Fue creo la mejor actriz que hemos tenido, la verdad; le llega a Gena Rowlands, de esa altura de actrices, muy incomprendida. Creo que también tenía un problema de litio. En esa época, y en esta también, cuando tienes un problema de litio y químico en el cerebro, pues te pones muy triste. Pero sí, qué talentazo. Yo creo que por eso se murió antes, por el talento increíble que tenía. Que tristeza que se haya muerto, para mí fue muy importante. Ese suicidio también fue para mí parte de ser punk y de estar en contra. Fue un ser que me inspiró a estudiar mucho, pero que también me llenó de tristeza y de incomprensión.

¿Cuáles fueron las enseñanzas que te dejaron los conciertos, las fiestas, la rebeldía, el erotismo, los disfraces y las drogas?
Muy buena pregunta. El poder ser libre, conocerte a ti mismo, saber realmente qué es lo que quieres decir y por qué estás en esta vida o por qué no quieres estar; como dice William Blake: “Abre las puertas de la percepción y celebra las fuerzas de la vida”. ¡Que viva la fiesta, que viva el erotismo, que vivan las drogas y que vivan la creatividad y la libertad!

¿Es más poderosa la droga de la actuación?
La actuación es una droga. A mí me salvó la actuación, porque la disciplina de actuar me salvaguardó de no estar hasta la madre todo el tiempo, porque no puedes. Yo hoy ya no puedo fumar mota, porque entonces no me aprendo nada. No puedes beber el día anterior, porque al siguiente no puedes dar función. Las drogas te ayudan a abrirte y a experimentar nuevas cosas, pero el arte, la disciplina, te ayudan a no excederte; porque si no, no haces una buena función o de plano te mueres.

¿Sigues siendo punk, se puede dejar de serlo?
Alguien decía que no existe un punk viejo. Si eres punk de verdad, te suicidas antes o te mueres. Pero cuando estoy en las fiestas y me tomo unos drinks sí digo: “yo sigo siendo punk” y pongo la canción de Size y bailo y soy muy feliz. Aún me siguen gustando la moda, la música, la filosofía. ¿Qué vamos a hacer si todo se está cayendo a pedazos? Así empezó la filosofía punk de los ingleses, porque en las fábricas ya no había trabajo para los padres y entonces ellos decían que no había futuro. Esperemos que este mundo se arregle, porque lo veo bastante mal, y mientras tanto pues a seguir creando y a seguir experimentando de la vida y que la gente la pase un poco mejor. Hay que parar la destrucción del mundo.

 

 

3 comentarios en “Ariane Pellicer: “sigo siendo punk”

  1. Wow! qué interesante la entrevista Arianne es parte importante de los 80’s y sobre todo del Punk en México.