El alfa y el omega del análisis musical: ¿a qué género pertenece esto que nos ocupa? La norteamericana nos plantea un gran dilema de no fácil respuesta. Si dijéramos que se trata sólo de música electrónica, sería inexacto; si lo perfiláramos como música clásica contemporánea, tampoco daríamos en el blanco. Quizá tendríamos que decantarnos por lo experimental y aumentaríamos las posibilidades de acertar. La paradoja es que la voz es la herramienta esencial para todo esto, ya sea una sola o varias sobrepuestas. La voz, ese primitivo e inmemorial recurso para generar el canto, aquí se multiplica y desborda en compañía de diversos artilugios tecnológicos.

Y es que resulta apasionante un álbum como Proto (4AD, 2019), por sus diversas capas y posibilidades estéticas. Más allá de ese reto interpretativo, se trata de una poderosa experiencia sensible conducida por la voz, que es filtrada y procesada tanto como sea necesario, ya sea para encajar junto a subgraves crepitantes (que ponen a los objetos cercanos a temblar) algunos sampleos extraídos de la naturaleza. Incluso Herndon nos hace sentir y pensar que encajarían perfecto en una exposición de arte sonoro.

En ese sentido, la vastedad de una obra como está me lleva a plantear precisamente el asunto de la comprensión misma de una obra de arte. A propósito de ello, el gran artista alemán Gerhard Richter se pregunta, en un documental del 2011, sobre su proceso de creación y comprensión del arte: “Eso incluye la típica pregunta: ¿en qué estabas pensando? No puedes pensar en nada: la pintura es otra forma de pensamiento. Lo que me interesa en general, y esto también se aplica a la pintura, es aquello que no entiendo. Ocurre eso con cada pintura: no me gustan las que puedo entender”.

Lo dicho por Richter puede trasladarse de la pintura a la música y aplicarlo a Proto, que contiene piezas corales propias para una iglesia postmoderna, hasta pasajes de spoken word que tienen detrás bajas frecuencias que van y vienen. Quedémonos e insistamos con que el arte es “otra forma de pensamiento” y algo que no es preciso “entender” sino que implica disfrutar de sus interrogantes. Más allá del reto de tratar de “comprender”, antes es importante “sentir”.

Por si no bastará lo que provoca está música exuberante –poco contemplativa–, también debemos considerar que el disco emana también de una labor científica. Herndon intervino una PC para juegos y trabajó con desarrolladores de tecnología para crear Spawn, una máquina que se alinea con la inteligencia artificial y que le sirvió para ordenar y orquestar todo ese cúmulo vocal. La artista apuntó al respecto: “Hay una narrativa generalizada de la tecnología como deshumanizante. Estamos en contraste con eso. No es como queremos huir; estamos corriendo mucho hacia ello, pero en nuestros términos. Elegir trabajar con un conjunto de humanos es parte de nuestro protocolo. No quiero vivir en un mundo en el que los humanos estén automatizados y fuera del escenario. Quiero que se levante la inteligencia artificial para apreciar e interactuar con toda esa belleza”.

Este planteamiento me lleva a traer a colación otra reflexión de un artista plástico, también alemán. Anselm Kiefer decía: “¿Qué hace el artista? Él dibuja conexiones. Él ata los hilos invisibles entre las cosas. Se sumerge en la historia, ya sea la historia de la humanidad, la historia geológica de la Tierra o el principio y el final del cosmos manifiesto”.

Proto establece “conexiones” diversas, “ata hilos invisibles” entre disciplinas y “se sumerge en la historia” humana para conectar lo primigenio con el futuro.

Además de crear a Spawn (mayormente con Mat Dryhust y Jules LaPlace), la artista de San Francisco reclutó a una gran cantidad de vocalistas, desde gente de estudio a figuras relevantes de la electrónica. De hecho, “Godmother”, uno de los sencillos de anticipo, es una colaboración con la reconocida Jlin.

Al respecto del título mismo del álbum, la también autora de Platform (2015) –su segundo álbum– explicó que se refiere a “la era del protocolo, cuando emergen rápidamente batallas ideológicas sobre el futuro de los protocolos de inteligencia artificial, los protocolos de Internet centralizados y descentralizados y los protocolos personales y políticos que nos obligan a preguntarnos quiénes somos, qué somos, qué defendemos y hacia qué nos dirigimos".

En total se trata de trece piezas que convierten a 45 minutos en una eternidad cuántica y que comienza con una simbólica composición titulada “Birth” y que va de la “Alienation” a la revisión de lo “Eternal”. Por su parte, “Canaan” y “Evening Shades” nos muestran cómo es trabajar en vivo la parte coral.

Ello es muy interesante. En Berlín reunió a cientos de personas –literalmente– para formar un gran coro y lograr que Spawn identificará y reinterpretará todas esas voces. Por una parte, afinaba esa máquina de inteligencia artificial, pero también se remontaba a las expresiones gospel con las que creció en Tennessee. Herndon ha afirmado que Spawn no es un instrumento o una herramienta sino un miembro más del ensamble.

Proto tiene una vertiente futurista –que es evidente–, pero también sorprende cuando se acerca a lo ancestral. En “Frontier”, parte de los cantos de los indígenas de los Montes Apalaches y lo combina con la tradición musical cristiana de cantar en las iglesias.

En Proto todo es reto y exigencia máxima de exploración; será que Herndon, como ciudadana adoptiva de Berlín, hace suya otras de las aseveraciones de Gerhard Richter: “La oportunidad determina nuestras vidas de manera importante”. Holly Herdon propició la suya y se catapultó rumbo al infinito.