Cobraron relevancia gracias a sus directos efusivos y a un sonido dual: a veces cataclísmico y a veces taciturno. Además, su juventud provoca una sorpresa que se externa en comentarios del tipo: “No pensé que estuvieran tan chavos”. Los chavos son tres y se escudan bajo el nombre de Sadfields. “Suena como a ese típico sadboyismo, pero no está pensado así. Yo propuse el nombre pensando en conceptos. Es como apreciar algo que es medio decadente, medio basura”, revela Erick Román, baterista de la agrupación.

Daniel Espinoza (voz y guitarra), Miguel Flores (bajo) y Erick primero tuvieron The Bloody, conjunto que funcionó como etapa de experimentación para pulir ideas y sonidos que terminarían desarrollando a partir de septiembre del 2015 bajo el nombre que, traducido al español, significa “campos tristes”.

“Mi madre me dijo que percibe que somos personas que nunca paramos; puede entenderse como necedad por el entorno en el que estamos: somos unos mocosos de veinte años y las personas no escuchan esto. Me dijo, y concuerdo con ella, que somos personas que luchamos a contracorriente”, cuenta Daniel sobre el tesón de Sadfields.

Shoegaze, noise y fuzz son conceptos que medios y críticos le han colgado a este trio que cuenta con una producción mínima pero sustanciosa: un corta duración titulado Homesick (2017) y un par de sencillos lanzados en abril del año en curso.

“Las canciones nacieron de una idea que mutó en algo más grande, pero desde un inicio notas que tienen espíritu. Musicalmente se prestaron para que las melodías encajaran con palabras en español. Yo nunca había  intentado escribir en español, porque de alguna forma mi educación musical siempre fue anglosajona; mi jefe era de poner a Rod Stewart o a Paul McCartney; lo que había era eso y creo que por ello me fui por el lado del inglés. Pero una vez tuvimos una conversación en la que Erick me dijo lo importante de que la música tuviera tu identidad para reconocer quién eres. Nunca había cantado en español pero conocer esa parte de mí me dio para expresar otras cosas”, revela Daniel sobre “Atrás” y “Desaparecer”, sencillos emitidos hace algunas semanas por medio de diversas plataformas on line que representan la primera vez de la banda cantando en español.

Sadfields

Fotografías: Mauricio Saldaña

“‘Atrás’ expresa recuerdos del pasado; en general, habla sobre lo difícil que es dejar ir e ir hacia adelante cuando eres perseguido por las memorias y los recuerdos. ‘Desaparecer’ trata sobre el sentimiento de ser inoportuno, de que no encajas”, explica el vocalista.

Homesick, su EP previo, dejó la vara alta: ese material los llevó a abrir conciertos de grupos reconocidos internacionalmente, como Beach Fossils y A Place to Bury Strangers; a realizar fechas en varios estados del país y a compartir escenarios con bandas nacionales también en ascenso como No Somos Marineros y El Shirota.

“Puede que hayas tocado con A Place… o en el Lunario e igual eso a las personas les significa algo. Es como digo: quieres el Ferrari rojo por lo que significa tener un Ferrari, pero en realidad sigue siendo un carro. Creo que es más lo que significa cómo lo pintan. Por eso creo que mi ambición es más artística, más musical y no tan mediática”, cuenta Daniel.

El objetivo de Sadfields, tras la salida de este par de temas –grabados en Madre de Dios Estudio y producidos por Rod Esquivel–, es generar una etapa musical que haga hincapié en un estilo más personal. Son, dice Daniel, “las semillas de algo más grande”.

“Siempre han tenido un compromiso bastante sólido; pero conforme avanzan, han establecido mucho mejor sus metas y hacia dónde se dirigen”, interviene Camargo, su manager, al hablar sobre las características distintivas del grupo.

Pero el sonido es lo más destacado de este trio que algunos de sus seguidores relacionan con personajes del expresionismo alemán tipo Nosferatu o el Doctor Caligari.

“Siempre estamos jameando, haciendo composiciones que no necesariamente grabamos pero tocamos en vivo”, explica Miguel sobre cómo es su proceso creativo.

Sadfields

Tal vez esta dinámica de renovar y probar canciones ha cimentado la dualidad en las melodías de Sadfields: pasan de las atmósferas inhibidas a las tempestades en cuestión de pocos acordes y aunque no han dado con –ni buscan–   el hilo negro musical, su propuesta resulta fresca dentro de un panorama nacional donde predominan los ritmos garaje y dream pop.

“Musicalmente, ahorita estamos en una etapa en la que no sería nada inteligente pensar en dejarla (la banda). Tenemos material pendiente por trabajar y creo que se siente más cohesivo, más pensado y mejor ejecutado. Todavía nos queda un rato en esto”, cuenta Miguel sobre la actualidad del grupo.

“Seguir sacando cosas, produciendo, ver qué puedes hacer. En nuestro caso es algo contradictorio que lo diga, porque hubo un lapso grande entre nuestro primer álbum y esto (los dos sencillos), pero fue más por crecimiento y no por querer sacar algo que no nos representara”, explica Daniel sobre la lucha que mantiene contra la fugacidad de estos tiempos líquidos.

“He tocado en otras bandas y no vi en ellas ese sentido de fraternidad. Si en algún momento alguno de nosotros tres no pudiera tocar, preferiría que no hubiera más  Sadfields. El concepto es muy nuestro y no veo ninguna otra cara en él”, señala Erick sobre el sentido de amistad y prevalencia del grupo.

Camargo concluye sobre el futuro que le augura –y desea– a la banda: “De entrada, estar tocando en todas partes. Es música que, para la edad que tengas, ves a los tres en el escenario y dices: ‘No mames, qué cabrón’. Que sigan tocando, creciendo. Tal vez el final más sólido que le encuentro a la banda es que termine por fundar un sello discográfico para darle una oportunidad real a grupos que lo merecen”.