En sus infinitas variantes y a lo largo de su ya sexagenaria historia, el rock ha creado —sobre todo en algunos de sus géneros, como el metal y el progresivo— obras verdaderamente épicas, piezas de una grandeza artística exultante y en ocasiones, también, demasiado pretensiosas y hasta elefantiásicas. Hemos reunido una veintena de composiciones épicas del rock de todos los tiempos, tratando de evitar hasta donde sea posible las que pecan por su grandilocuencia y favoreciendo las que se ajustan más a una gran expresión artística. He aquí las diez primeras, todas ellas de fines de los años sesenta y principios de los setenta del siglo pasado. Ya nos acercaremos un poco más al presente en la segunda parte de la lista. Que sea el lector quien juzgue si son todas las que están (aunque no estén, como siempre sucede en este tipo de listas, todas las que son).

Fotografía: Jim Summaria (http://www.jimsummariaphoto.com), bajo licencia de Creative Commons.


1.- “Stairway to Heaven”. Led Zeppelin. Del álbum Led Zeppelin IV (1971). Para muchos, la canción épica por antonomasia de la historia del rock. Con su hermosísimo y austero inicio, su apabullante estructura in crescendo, sus diversos pasajes instrumentales, su delicada melodía, su letra llena de fantasía poética y ese inigualable solo de guitarra de Jimmy Page a la mitad del tema, esta “Escalera al cielo” provoca una emoción sin igual en todo aquel que la escucha. Un tema lleno de belleza, musicalidad, alma y sustancia. Inconmensurable e incomparable.


2.- “Bohemian Rhapsody”. Queen. Del álbum A Night at the Opera (1975). Tal vez la única composición capaz de disputar a “Stairway to Heaven” el sitial de la mayor pieza épica del rock. A mi modo de ver –y a pesar de su perfección poética y musical–, solamente no logra superarla porque no pudo evitar ciertas dosis de manierismo y artificialidad, algo seguramente intencional, debido en buena parte a Freddy Mercury y su afición por la teatralidad grandilocuente. Pero aún así es una maravilla… o quizá por eso.


3.- “Echoes”. Pink Floyd. De álbum Meddle (1971). Difícil decidir cuál de las composiciones de Pink Floyd es la más épica. “Shine on You Crazy Diamond” podría serlo también, por ejemplo. Me inclino sin embargo por “Echoes”, por su larga construcción, sus intensos y extensos pasajes instrumentales, sus cambios atmosféricos y sus solemnes (en el mejor sentido de la palabra) vocalizaciones. Un viaje psicodélico sin retorno.


4.- “A Day in the Life”. The Beatles. Del álbum Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band (1967). Una obra maestra de Lennon y McCartney. Compleja e incendiaria, su grabación fue todo un reto, un genial trabajo en el estudio de grabación bajo la batuta de George Martin. Crítica social y humor negro en una pieza que en realidad está conformada por dos canciones, una de John Lennon y la otra de Paul McCartney, perfectamente bien ensambladas para derivar en un final apoteósico con ese largo y más que célebre acorde de pianos (porque eran tres pianos tocando el acorde a la vez), en el que intervinieron varias manos a la vez. Eso para no mencionar detalles como el extraordinario empleo de la orquesta o incluso la precisa y expresiva batería de Ringo Starr. Un tema clásico en la historia de la música.


5.- “You Can’t Always Get What You Want”. The Rolling Stones. Del álbum Let It Bleed (1969). Aquí también pude inclinarme por otros temas stonianos, como “Sympathy for the Devil” o incluso “Paint It Black”, pero esta grandiosa pieza de tintes gospelianos, con ese espectacular arranque coral a cargo del London Bach Choir, el melancólico corno francés de Al Kooper, la primera estrofa acústica con la voz de Mick Jagger, la entrada de la batería de Charlie Watts y la forma como la canción se va volviendo cada vez más intensa; eso, para no hablar de su letra y su sentencia casi filosófica: “No siempre puedes obtener lo que quieres, pero si lo intentas, algunas veces lo consigues”. Un himno que algunos han querido comparar con “Hey Jude” de los Beatles. Aunque salvo que aparecieron casi al mismo tiempo, se trata de temas muy diferentes.


6.- “Won’t Get Fooled Again”. The Who. Del álbum Who’s Next (1971). Para quien esto pergeña, Who’s Next no es sólo el mejor disco de los Who, sino el mejor disco de la historia del rock. Un álbum perfecto y por sí mismo épico y apoteósico. En él destacan dos composiciones de Pete Townshend en especial: la abridora “Baba O’Railey” y la concluyente “Won’t Get Fooled Again”. Ambas merecerían estar en este lugar (al igual que “Love Reign O’er Me”, del larga duración Quadrophenia de 1973), pero me inclino ligeramente por la segunda, debido a su calidad de himno todo poderoso, su visceralidad rocanrolera y su toma de posición sociopolítica. Explosiva.


7.- “Child in Time”. Deep Purple. Del álbum Deep Purple in Rock (1970). Un épico tour de force con el inconfundible órgano de Jon Lord, la fantástica voz aguda de Ian Gillan, la poderosa guitarra de Richie Blackmore, más la sólida sección rítmica con el rotundo bajo de Roger Glover y la exactísima batería de Ian Paice. La mejor alineación que jamás tuvo Deep Purple hizo de esta pieza maestra de diez minutos de duración uno de sus máximos logros. 


8.- “Trilogy”. Emerson, Lake & Palmer. Del álbum Trilogy (1972). Casi una pequeña sinfonía. El virtuosismo de Emerson, Lake & Palmer se refleja a plenitud en esta singular composición de suave y hermoso inicio (con el soberbio piano de Keith Emerson y la preciosa voz de Greg Lake) que luego de un puente pianístico revienta en una tormenta rítmica sin contemplaciones(¿será Carl Palmer el mejor baterista de todos los tiempos?). Una suite épica y plenamente progresiva.


9.- “Roundabout”. Yes. Del álbum Fragile (1972). Vertiginosa y jovial. Una composición que parece cabalgar a todo galope. Rock progresivo a plenitud por uno de los grupos británicos más representativos del género. Yes presentaba aquí a la que quizás sea su mejor alineación, con Steve Howe en las guitarras, Jon Anderson en la voz principal, Rick Wakeman en su debut como tecladista del quinteto, Chris Squire en el bajo y Bill Bruford en la batería. Un grupazo, un discazo y un temazo. Válgaseme la licencia prosaica.


10.- “The End”. The Doors. Del álbum The Doors (1967). Épica oscura e infernal. Una travesía por los más densos y escalofriantes rincones de la naturaleza humana, en la que somos guiados por la voz grave y ominosa de Jim Morrison, en tanto Ray Manzarek, Robbie Krieger y John Densmore crean las enfermizas atmósferas que rodean los parajes por los cuales transitamos a lo largo de casi doce minutos. Los crímenes de Edipo. El incesto con la madre. El asesinato del padre. Un viaje fascinantemente pesadillesco del que queremos despertar… y no. Este es el fin.


 

 

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