Aunque su nombre llevaba sonando cuando menos tres años, Billie Eilish realmente se convirtió en noticia mundial al ganar este domingo nada menos que los cuatro premios Grammy más importantes más otros dos, para conseguir la marca de seis trofeos. Cierto que a fines de 2019 su álbum debut, When We All Fall Asleep, Where Do We Go?, estuvo en las listas de los mejores discos del año y eso le dio más renombre y prestigio, pero la cantante y compositora nacida el 18 de diciembre de 2001 en la ciudad de Los Angeles, California, realmente ha pasado a los grandes ligas del mainstream a raíz de su triunfo en la entrega del principal aunque cada vez más devaluado galardón de la industria musical.

Eilish se convirtió en la artista más joven en ganar el Grammy al Disco del Año, además de ser la primera mujer en acumular los cuatro premios más importantes. Aparte del ya mencionado, se llevó también los de Mejor Grabación, Canción del Año y Artista Revelación y a ello sumo otros dos: Mejor Disco Pop Vocal y Mejor Disco No Clásico (sí, así se denomina la categoría).

Fotografía: Julio Enriquez, bajo licencia de Creative Commons.

La pregunta a partir de aquí es si Billie Eilish vale la pena por ser una eficaz vendedora o si realmente posee las cualidades artísticas que la hagan aspirar a tener una larga carrera y una verdadera trascendencia y no a ser una one hit wonder más a quien se olvide en pocos años.

Habrá que decir en justicia que, a sus 19 años, la cantante es una rara avis entre sus congéneres y que está a años luz de los productos diseñados para adolescentes. De hecho, se dio a conocer vistiendo como una rapera de los 90, con ropa tres o cuatro tallas más grande, para evitar los comentarios sobre su cuerpo, y no sólo no se preocupó por ocultar que tiene Síndrome de Tourette (trastorno del sistema nervioso caracterizado por movimientos repetitivos o sonidos involuntarios), sino que lo usó como parte de su imagen.

Su primer y hasta ahora único disco destaca por salir de las normas, con letras oscuras y reflexivas, una voz siempre al borde del susurro y una producción que toma elementos del pop y la música urbana actuales, desde los teclados sintetizados y el autotune, hasta el hi hat acelerado del trap.

Su canción “Bad Guy” (ganadora del Grammy) habla acerca de un tipo rudo que termina siendo ella misma y ha seducido a millones de adolescentes en todo el planeta.

No deja de ser escalofriantemente irónico que la joven autora y vocalista haya sufrido tiempo atrás una depresión que la llevó a considerar el suicidio. “Creí que no llegaría a los 17”, confesó hace poco en una entrevista.

Eilish ya está pensando en su segundo álbum, con el cual quiere experimentar nuevos caminos. “No esperábamos nada especial con el primer disco”, dijo el domingo, después de su actuación en los Grammy. “Sólo hicimos el álbum que nos gustó. Ni siquiera podría decir que tratamos de hacer algo específico ni que queríamos ganar un millón de premios. Nuestra única meta fue hacer un disco que disfrutáramos, tanto haciéndolo como al ponerlo en circulación. Así que todo esto se siente irreal”.

El trabajo de la angelina no ha pasado desapercibido para otros músicos de mucho mayor trayectoria. Así, Dave Grohl declaró que sus hijas estaban “obsesionadas” con la cantante. “Está pasando con ella lo mismo que pasó con Nirvana en 1991”, declaró el ex baterista del legendario trío de Seattle y hoy líder de los Foo Fighters.

Otros que la han elogiado son Lana del Rey, a quien Eilish siempre ha citado como una de sus grandes influencias, y Avril Lavigne.

“Nunca quise tener una vida normal”, confesó Eilish hace poco al diario inglés The Guardian. “No es que haya soñado con esta vida mientras crecía, pero todas las cosas que uno hace mientras crece a mí nunca me gustaron. Estoy muy bien ahora con el modo en que son las cosas. No querría nada más. Incluso cuando cosas que tengo hoy no son lo que quiero, realmente no me importa, porque tiene que ver con tener todas estas otras cosas que literalmente no podría haber soñado con tener”.