Fue Pierre Perchaud quien amasó la idea en su cabeza, allá, en su natal París: convocar a un puñado de camaradas para juntarse a crear música con la libertad como bandera. Al llamado del guitarrista acudieron Tony Paeleman (teclados), Christophe Panzani (saxofón y clariente) y Karl Jannuska (batería), todos ejecutantes destacados, prestos para acatar la única regla que como creadores se trazaron apenas dieron por comenzado su primer ensayo: improvisar. Siempre improvisar.  The Watershed nació de ese modo, con la premisa de que cualquier germen es válido para detonar la creación: una breve línea de bajo, una base rítmica, una secuencia armónica. Todo con tal de disparar la imaginación hacia el infinito.

Inhale / Exhale (Shed Music, 2016) es el álbum debut del cuarteto, un trabajo producto de la improvisación, por supuesto, pero que al hacerlo girar y girar produce en el escucha asideros, manijas que, vale acotar, se pulverizan toda vez que el grupo  se presenta en directo, justo cuando su brújula apunta hacia ese punto de escape que sólo los osados conocen.

Fotografía cortesía de The Watershed

“Es un problema definirnos”, explica Jannuska al referirse al sello sonoro que él y sus colegas procuran, “pero el término que más nos gusta es el de indie jazz, porque tomamos elementos del jazz, ciertos códigos, y los mezclamos con ganchos, texturas y matices propios del indie rock y de la música pop. Pero siendo estrictos no nos gustan las etiquetas, preferimos que nos digan que hacemos música, música a secas”.

Quien esto apunta tuvo la oportunidad de ver a The Watershed en concierto, durante la primera de una serie de presentaciones que el combo ofreció en su también primera visita a México. Más allá de lo destacado de su desempeño como ejecutantes, resultó sorprendente descubrir que Perchaud jamás se colgó su guitarra y que a cambio decidió apretar la barriga de un pollo de hule que, con cada golpe que el músico le prodigaba, agonizantes graznidos soltaba. Sí, Pierre tocó con un juguete al lado de sus compañeros, así se las arregló para improvisar piezas que llevaron a la audiencia del sosiego a la euforia. Con esta anécdota como detonante, el cuarteto responde unas cuantas preguntas, mientras bebe café plácidamente, en las instalaciones del bar Ruta 61.


Alejandro González Castillo: Pierre, ¿qué pasó con tu guitarra, por que la cambiaste por un pollo de juguete?
Perchaud: Justo al aterrizar en México mi guitarra se estropeó. No sé en qué momento pasó.  Luego me encontré con ese juguete, lo vi y me dije: es justo lo que necesito para usarlo en lugar de mi guitarra (la cual repondré pronto). Ya hasta le puse nombre al pollo, se llama Walter.

Alejandro González Castillo: Y si no hubieras encontrado a Walter, ¿qué pudo haber ocurrido?
Perchaud: Es una gran pregunta. No lo sé.

Alejandro González Castillo: Con The Watershed la palabra clave es improvisación. No saber qué va a suceder al siguiente compás y confiar en que las cosas saldrán bien. Como pasa en la vida misma, ¿no?
Perchaud: Exacto, como pasa en la vida. Como músicos, nunca planeamos algo en especial. El concepto fundamental de esta banda es recurrir a la espontaneidad, echar a andar las cosas y ver qué pasa. Improvisar música es como hablar con alguien o, mejor dicho, como sostener una discusión con alguien a quien acabas de conocer. Nunca sabes qué va a suceder, todo es posible.

Alejandro González Castillo: ¿Es como discutir? ¿Entonces se puede no llegar a un acuerdo, acabar en malos términos el encuentro?
Jannuska: Tenemos una formación musical lo suficientemente fuerte como para tocar con quien se nos ponga enfrente y así conseguir llegar a ciertos “acuerdos”. Hablando de improvisación, es importante tener en cuenta el contexto musical. Por ejemplo, si se improvisa jazz, existen muchos códigos preestablecidos que son fáciles de detectar. Es decir, es más o menos simple que yo “discuta amablemente” con un músico ruso, por ejemplo, por esos códigos que comento. Por otro lado, a veces las cosas no funcionan, o no te gusta cómo suenan, debido a que uno guarda expectativas respecto a lo que los colegas podrían hacer con sus instrumentos. Bajo esta perspectiva, puedes llegar a frustrarte; pero en teoría todos los músicos deberíamos estar listos para improvisar con cualquier persona, sin que importe su nivel de ejecución o gusto musical. 

Alejandro González Castillo: Pero ser amigos ayuda a que la música fluya con mayor sencillez, ¿cierto?
Panzani: Desgraciadamente, nosotros nos odiamos. No, es broma. Sí, somos amigos y eso ayuda. Llevamos alrededor de diez años conviviendo, no sólo a nivel musical. 
Jannuska: Y nos gusta lo que estamos viviendo. Nos conocemos lo suficiente como para ser tolerantes, como para saber hasta qué punto podemos llegar con los demás. Así que tenemos cuidado con el modo en el que nos tratamos.
Paeleman: Para hacer música, no basta con estar en la misma frecuencia a nivel musical; a nivel humano también debe existir sincronización. Puedes unir a un grupo de excelentes músicos, pero cuyos miembros no pueden hacer un viaje juntos sin agarrarse a golpes. Cuando se sale de gira, la mayor parte del tiempo se convive fuera del escenario; tocar es sólo una pequeña parte de todo lo que se hace. Y eso no es fácil aprenderlo, vivirlo. Al salir de gira no hay espacio para divas, hay que ser tolerantes.
Perchaud: Yo pude ponerme necio y pedir forzosamente una guitarra para tocar. O también frustrarme y ya no tocar más, viniendo a México desde tan lejos. Pero vaya, como verán, carezco de personalidad, puedo adaptarme a cualquier situación, ¡ja ja!
Jannuska: En realidad somos únicos, ya lo demostramos. Estamos listos para encarar la música con las herramientas que tengamos a nuestro alcance.

Alejandro González Castillo: A la hora de improvisar, ¿qué tanto perfila los resultados el lugar donde ustedes se encuentren tocando? No es lo mismo improvisar en un festival al aire libre, al mediodía, que en un bar por la madrugada.
Jannuska: Es determinante el lugar donde estamos tocando, el sitio tiene que inspirarnos y el público también tiene que ser estimulante. Es decir, estos factores sí definen lo que hacemos. Como dices, no es lo mismo tocar en un escenario inmenso al mediodía que hacerlo en un club pequeño a la medianoche. La improvisación, los resultados, dependen del ambiente que nos rodea, sin duda. Clubes como éste donde estamos ahora son ideales para nosotros. Porque la gente está a la mano, nos sentimos cerca el uno del otro. Para nosotros, mantener contacto visual y físico a la hora de improvisar es fundamental. La energía se siente y entre más próximos estemos, es mejor.

Alejandro González Castillo: De manera que no es lo mismo improvisar en París que aquí, en la Ciudad de México. ¿Qué tipo de música harían ustedes de vivir acá?
Perchaud: No lo sabemos. Hasta ahora tenemos referentes muy claros de la ciudad: calles, autos, ruido, edificios. Para impregnarte del humor de una urbe,  necesitas quedarte en ella unos tres meses. No sabemos qué pasaría si The Watershed viviera en México. Quizás  haríamos algo más enérgico, pero ¿qué tal si para contrarrestar el estrés nos dirigiéramos a un lugar más tranquilo, a hacer música relajada?
Jannuska: Pero París es un caos, se parece bastante a la Ciudad de México. Hay mucho ruido, muchas peleas, muchos coches. Incluso a mí me parece que México es más tranquilo que París. Tal vez se deba a que la gente que hemos conocido hasta ahora es muy empática, platicadora, relajada. Uno encuentra ciertas ciudades pacificas, debido a que las visita fugazmente, como turista; quedarte a vivir ya es otro asunto.