El rock no fue algo importante dentro de las manifestaciones estudiantiles de 1968 en París y la Ciudad de México. Los grupos comunistas y guerrilleros que ideologizaron la revuelta consideraban al rock una forma de enajenación de los jóvenes, algo que tenía que ser criticado y evitado de forma tajante. Por eso el rock sólo fue un inevitable compañero de viaje dentro de tales acciones de masas. Sin embargo, como es de suponer, en los EUA la cosa no fue así.

Hubo dos momentos de encuentro emblemático del rock con la rebelión juvenil sesentayochera. El primero ocurrió cuando la banda MC5 se presentó a tocar por ocho horas seguidas en el Parque Lincoln de la ciudad de Chicago, durante las manifestaciones en contra de la guerra de Vietnam, en la convención del partido demócrata a finales del mes de agosto.   No hay que olvidar que el 68 también fue el año en que asesinaron a Martin Luther King y Robert F. Kennedy; asimismo, fue el año en que la URSS comunista estalinista invadió a la Checoslovaquia que intentaba practicar un comunismo más demócrata y libre. Y el segundo de esos momentos de encuentro fue cuando la banda Jefferson Airplane organizó una ruidosa tocada de acción directa guerrillera en la azotea del Hotel Schuyler en Nueva York, el martes 19 de noviembre. Acción filmada por Jean-Luc Godard y D. A. Pennebaker, el documentalista del rock rebelde.

En 1968, Jimi Hendrix grabó su obra cumbre, el álbum doble Electric Ladyland. Bob Dylan regresaba a las grabaciones con la poesía hermética y pesada de John Wesley Harding, mientras que Johnny Cash grababa en vivo y dentro de la cárcel la joya Folsom Prison Blues. En Inglaterra imperaba el blues ácido, progresivo y psicodélico de Cream. Los Beatles y los Rolling Stones ruleaban por encima de todo, los primeros al aportar la canción “Revolution" en sus dos versiones (acústica y eléctrica) y los segundos con la sublime “Street Fighting Man”. Los Monkees constituían el lado más comercial y simplón del rock, y la canción que embobecía al planeta era “El amor es azul”, en la versión de la orquesta de Paul Muriat.

De Nuestra América, el 68 nos entrega Tropicalia: ou Panis et Circensis, creación colectiva de Caetano Veloso, Gal Costa, Gilberto Gil, Nara Leäo, Os Mutantes y Tom Zé, quienes consiguen la síntesis de lo propio y tradicional de la música brasileña con lo ajeno y emancipador del rock. En México lo más rockero de ese momento histórico ocurría con el blues rascuache del paradigma mítico que fue el Hangar Ambulante, trío de poder integrado por Sergio “El Pajarito” Villalobos, guitarrista de gran imaginación y no mala velocidad en las improvisadas; Olaf de la Barrera, quizás el mejor bajista del rock mexicano, pues tocó con Canned Heat y otras bandas de peso en gabacholandia; y Tony Vertiz muy ad hoc en la batería.

De forma que la banda más representativa del espíritu rebelde y carnavalesco del 68 es MC5. El nombre de esta banda hace referencia a las siglas con que eran nombradas y numeradas las ciudades dormitorio (“Motor City”) que rodeaban a la gran Detroit en su hora de más alta producción de automóviles, ciudades de familias de obreros con vidas grises y monótonas, sin brillo ni cultura, sólo nacer, trabajar y morir. Así que la banda se presentaba como una crítica y un escape de esa vida de círculo vicioso anónimo en lo mediocre y predecible por completo. Su manager y guía espiritual de ese momento, el poeta John Sinclair, los había politizado hasta hacerles formar parte del partido de las Panteras Blancas, un grupo de apoyo a la acción radical de las Panteras Negras para establecer la igualdad entre negros y blancos. El grito del cantante para iniciar las tocadas era: "¡Pateen los estorbos, hijos de la chingada!"

Sólo existen breves momentos de cine silente de esa histórica presentación-manifestación de los MC5 en un parque público de Chicago, mientras a su alrededor hay enfrentamientos entre la policía y los estudiantes. Esa vez la banda tocó durante ocho horas seguidas, con sólo unos cuantos descansos para que también se presentaran-manifestaran Phil Ochs, Neil Young y Country Joe McDonald & The Fish.

Punto clave de tales revueltas callejeras fue el momento en que Abbie Hoffman, el líder de los yippies o jipis politizados, junto con Phil Ochs, uno de los cantautores más comprometidos con la política real, presentaron como candidato a la presidencia un cerdito al que llamaron "Pigasus" (nombre que da para muchos significados chuscos en lengua inglesa).

Con el tiempo, los líderes del quinteto, Wayne Kramer (1948, guitarrista) y Fred “Sonic” Smith (1948-1993, también guitarrista) reconocieron que los medios violentos de la revolución política no eran lo correcto para el cambio de la historia y de la vida; pero en ese momento la banda abogaba por la rebelión armada y el empleo de la violencia directa como partera del futuro. Los otros tres miembros del quinteto fueron Rob Tyner (1944-1991, vocalista), Michael Davis (1943-2012, bajista) y Dennis Thompson (1948, baterista). En el video de aquí abajito se les puede ver en acción ritual rockera completamente incendiaria y mística, para ver y oír sin parpadear.

Los MC5 fueron una banda de vida breve, de 1965 a 1972, no podía ser de otra manera por su autenticidad. Sólo grabaron tres discos. El primero, Kick Out the Jams (1969), fue grabado en vivo a la hora de la revuelta estudiantil sesentayochera, pura energía política emancipadora de aquí y ahora. El segundo, Back in the USA (1970), grabado en estudio, hace brotar a raudales lo que serán el punk rock y lo rascuache del rock como contracultura, es el rock del asombro por alcanzar lo excelso con lo más sencillo y simple,  para que, con su tercer LP, High Time (1971), MC5 lleguara todavía más lejos en todo, mostrando una sorprendente versatilidad imaginativa y manifestándose como músicos vanguardistas, con influencias de free-jazz y música experimental electrónica. Son más que el modelo ejemplar de la contracultura de esa época, son un tótem de espíritu libre de las praderas y electricidad prendedora y voladora.