La época decembrina tiene, entre otros, un elemento muy señalado: el canto navideño. Una tradición que data del siglo XIII. En la actualidad hay miles de temas en este sentido, interpretados en todos los géneros por grupos o solistas. Sin embargo, en medio de la gran oferta al respecto destaca sobremanera una serie que con el paso del tiempo se ha convertido en la más importante en cuanto a compilaciones se refiere: The Very Special Christmas (A & M Records).

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Esta serie antológica fue idea original de la bendita playmate de septiembre de 1979, Vicki Ann McCarty, mujer surgida de las páginas de Playboy que se convirtió a la postre en modelo (de revistas de moda), escritora (de libros de autoayuda), abogada (en Derecho Internacional) y madre de cuatro hijos. Vicky era, además, una activa voluntaria de algunas asociaciones benéficas para las que buscaba financiación.

De tal suerte, le sugirió a su entonces esposo, el célebre productor de discos Jimmy Iovine, la hechura de un álbum navideño cuyos beneficios fueran destinados a una de las organizaciones que representaba: la Special Olympics, institución fundada en 1962 con el fin de realizar eventos deportivos para el desarrollo y entrenamiento de personas discapacitadas y que ha culminado su labor con Olimpiadas internacionales cada cuatro años.

Iovine (productor de históricas grabaciones como Walls and Bridges de John Lennon, Bat Out of Hell de Meat Loaf, Born to Run de Bruce Springsteen, Easter de Patti Smith y Rattle and Hum de U2, por mencionar algunas) aceptó la sugerencia y reunió en torno a sí a artistas como Rod Stewart, Sting, Aretha Franklin, Jon Bon Jovi, Tom Petty y Sheryl Crow, entre otros (además de incluir temas de los extintos John Lennon y Elvis Presley), para armar el primer volumen de la serie en 1987, misma que en la actualidad ha llegado a la decena de álbumes. Discos muy populares en estas fechas.

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Para la portada de tal antología, Vicky Iovine (nombre de casada de la ex playmate) se acercó al pintor, grafitero, escultor y activista Keith Haring, para solicitar su colaboración. Éste, quien en esos momentos ya gozaba de un gran prestigio en el mundo del arte, hizo para tal volumen un dibujo que contenía todos los rasgos que lo habían hecho famoso, el cual  a la postre se convirtió en emblema de la serie con su icónica imagen de “La Madonna.

Haring (“hijo del viaje espacial, la televisión, los comics y la publicidad”, según se autodefiniera) había hecho de la inmediatez y el apremio su leit motiv, pintándolos a ambos en graffiti, con gis blanco primero, en los espacios para anuncios publicitarios del Metro neoyorkino (mediante imágenes de ovnis, falos, ángeles, jeringas, pirámides, perros y perfiles de seres humanos –como extraídos de las formas de un rompecabezas–, al igual que “el bebé radiante” que usaba como firma).

Tras afincar dicha grafía –que rápidamente pasó a formar parte del imaginario colectivo tal como Haring lo quería, pues afirmaba que el arte debe ser para todos y no sólo para una élite–, la puso en el mercado para que participara en un centenar de muestras internacionales. Luego la vendió troceada, coloreada con la brillantez del pop o el impactante blanco y negro y de manera multiforme a los principales museos del mundo (como escultura, litografía, serigrafía, dibujo, póster, postal, camiseta o pin).

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Todo ello lo hizo en tan sólo una década y con el compromiso de hablar de su entorno inmediato, de los problemas sociales como el abuso de poder, de la guerra, la religión, el dinero, las drogas, el sexo y la enfermedad. Lo impulsaba la urgencia (primero intuitiva y luego ratificada) que supone tener tras de sí a la muerte. Al serle diagnosticado el VIH intensificó su trabajo creativo y solidario, organizando una fundación contra el sida y prestando ayuda a otras asociaciones benéficas, antes de fallecer.

Fue así que contactó con el proyecto The Very Special Christmas de Special Olympics y Iovine y plasmó como logotipo de la serie navideña su Madonna y el niño, con la raya simple, espontánea, rápida, rítmica y apurada que se trasluce en toda su caligrafía. Su obra fue precursora de una estética que aún predomina en las formas de comunicación masiva actuales, moviéndose sin vacilar con trazo seguro –para facilitar la comprensión de sus mensajes–, líneas anchas, texturas ricas y una pulsación plena de las referencias plásticas y sonoras de la cultura urbana y subterránea que caracterizaron a este artista callejero. Con el símbolo de la Madonna quedó, además, unido para siempre a la música.