Entre el material sobresaliente acerca de la relación de los indígenas estadunidenses (nativo-americanos) y la cultura de aquel país, existen dos ejemplos de los cuales vale la pena hablar. Se trata de dos documentales sobre la influencia de la música autóctona en la tierra del Tío Sam, tanto en la popular como en el rock.
Sergio Monsalvo C.
“Susie Q”, sus andares y lecturas
Dale Hawkins nació el 22 de agosto de 1936 en Goldmine, Louisiana, zona de granjas pobres y una de las regiones más deprimidas y apartadas de la Unión Americana. Durante la infancia, en su choza familiar, creció escuchando en la radio antiguas baladas de los inmigrantes franceses, el góspel de la iglesia y el canto bluesero de las plantaciones cercanas.
Pete Shelley, el hombre que unió al punk con el amor
La leyenda ubica a Shelley como el organizador de un fracasado concierto de su grupo, The Buzzcocks, junto a sus ídolos londinenses (en el Lesser Free Trade Hall), pero cuya resonancia alcanzó niveles míticos.
Sha Na Na y la invención de la nostalgia
Sha Na Na era una agrupación que no tenía el horizonte como impulso, sino una actitud pendenciera desde lo inamovible.
“Nothing Else Matters”, la voz y su dimensión
Esta historia de una canción es “un drama lírico en un acto” de seis minutos y 27 segundos. Es el monólogo del tipo duro que “se abre” por primera vez ante su amada, que muestra su fragilidad, sus dudas, e intenta disipar todo ello y convencerla de que juntos lograrán vencer las adversidades, con una especie de mantra comunicado a través de una llamada telefónica.
Black Country, New World, hormigas de insania
Black Country, New Road es una agrupación especial, un conglomerado post-punk integrado como septeto que mezcla en una misma pieza los ritmos de la música klezmer con la furia de las guitarras punk. Además de utilizar tanto los instrumentos tradicionales del rock como los de cámara o lo saxofones del free jazz, creando con ello un novedoso discurso musical.
“Love Sick”, periplo de melancolía
“Hoy estás abatido, bajo el cielo de agosto”, había escrito Federico García Lorca y es como si hubiera presentido al Bob de tal momento, mientras éste sale del hotel ubicado frente al océano y se encamina, sin brújula, hacia el oriente. Errabundo el buen Bob, vestido de cualquier manera para afrontar el clima: pants negros, botas para la lluvia y un arrugado impermeable.
Pascal Comelade, un sonorizador hipermoderno
Hay unos acordes en la música que son declaraciones claras y sencillas por parte de la personalidad, del poder, de la sensibilidad finalmente, de un grupo o de un músico en forma única. Son acordes luminosos e intensos que procuran la absoluta sensación de plenitud a quien las emite y en quien las escucha (al mismo tiempo); sensación que ocupa por entero la atención de quien se encuentra con ella.
“Sympathy for the Devil” (con aliento a Godard)
En aquel momento, los Stones estaban dando los últimos toques a su nueva producción (Beggars Banquet) y tenían planeado entrar al estudio para grabar el tema que lo culminaba: “Sympathy for the Devil”. Godard vio entonces ahí la posibilidad de apoyar su mensaje.
Novi val, punk y new wave en la Croacia de los años setenta
El final del punk, en una primera etapa, como alternativa musical (rudeza, mensajes directos y escandalosos) obligó a los distintos actores del ambiente rockero a seleccionar cauces propios entre su legado.