Una historia de twist y gritos

Ritchie Valens fue inscrito en el Salón de la Fama del Rock en el año 2001. Llevaba muerto más de 40 años. Lo hizo junto a un grupo de ilustres genéricos también adscritos: Aerosmith, Solomon Burke, The Flamingos, Queen, Paul Simon, Steely Dan y los Talking Heads. Sólo palabras mayores. Valens quedó adscrito en las categorías de Rock and Roll y Latin rock.

Con ello recibió oficialmente el reconocimiento que ya había obtenido desde el final de los años cincuenta como pionero del naciente ritmo. A los 17 años, cuando falleció, ya había puesto también sólidas bases para el surgimiento del rock chicano, cuya influencia quedó marcada de manera inmediata en diversos ámbitos de la música posterior, del brill building al soul, de la música pop al rock de garage, del frat-rock al punk y lo hizo a través de la mejor forma de evocar sus raíces (mexicanas), modernizándolas y quitándoles el polvo folklórico. Para su experimento vanguardista, utilizó la sencilla (que no simple) herramienta de “La Bamba”, un son jarocho en sus orígenes, un estilo de música popular oriundo del estado de Veracruz, en México, una zona rica en influencias tanto africanas como afrocaribeñas.

“La Bamba” es el summum de la innovación que Valens llevó a cabo para el inicio de lo que actualmente se conoce como rock chicano. Tal innovación fue el resultado de un combinado híbrido en el que se citaban los ritmos del doo-wop y el rock & roll con los del huapango. Dicha mixtura de una pieza netamente tradicional representó (y lo sigue haciendo) la amalgama de esas dos culturas en las que Valens había crecido: la mexicana (por vía paterna) y la estadounidense (por nacimiento y desarrollo).

El impacto de la canción fue importante y su reverberación continúa hasta la fecha. Pero por entonces influyó en la manera de componer. La primera derivación de aquello fue un tema compuesto por el tándem de Phil Medley y Bert Russell, el cual continuaría con esa proyección y proporcionaría material para el futuro.

La extraña circunstancia de entonces, cuando se había cumplido casi totalmente con el expediente secreto contra el rock y sus divulgadores (músicos, diyeis y promotores culturales, entre otros), convirtió la geografía del Tío Sam en la Tierra de las Mil Danzas y todas las compañías discográficas estaban empeñadas en descubrir el siguiente ritmo que cubriera el nicho afectado.

Aparecieron por doquier infinidad de variedades musicales que querían poner a todo el mundo a bailar. Surgieron por ahí el shuffle, el continental walk, el hanky panky, el limbo rock, el shag, el madison, el jerk, el duck, el watusi, el mashed potatoes, el stroll, el hully gully y, sobre todos, el twist que fue el que prevaleció entre aquel bosque sonoro.

Los temas que lo sustentaron fueron muchos y diversos, tanto que con su calidad fijaron su lugar en la historia de la música en general y del rock en particular (que reviviría un año después, allá en la comarca de Albión). Entre su largo listado, hubo una canción que al instante se convirtió en un standard para todo grupo, tanto para animar como para cerrar sus presentaciones: “Twist and Shout”.

La pieza fue titulada originalmente como “Shake It Up, Baby” y grabada en primera instancia por el grupo The Top Notes (el 23 de febrero de 1961); casi enseguida, fue versionada y conocida por The Isley Brothers y a la postre por los Beatles.

El patrón de su armonía, melodía y ritmo estaba inspirado en las progresiones armónicas de la llamada música latina, cuyos exponentes más evocativos fueron los acordes de la canción tradicional mexicana titulada “La Bamba”, sí, la misma que había popularizado Ritchie Valens en la Unión Americana en 1958.

 

En 1961, un año después de que Phil Spector se convirtiera en parte del equipo de productores de la compañía Atlantic Records, se le preguntó si podía producir un sencillo para un prometedor grupo vocal llamados los Top Notes (a veces llamados también Topnotes): se trataba de “Shake It Up, Baby”.

Esto sucedió antes de que Spector perfeccionara su técnica conocida como wall of sound, por lo que la grabación careció de la energía demostrada por el grupo en sus actuaciones en público. Cuando uno de sus compositores, Bert Berns, escuchó la mezcla final, le dijo a Spector que había arruinado la canción y predijo poco éxito para el sencillo. Así sucedió, pero el compositor no se dio por vencido.

Por ese tiempo, los Isley Brothers andaban de capa caída y sin haber obtenido ningún hit reciente, le comunicaron a la compañía que habían decidido grabar su propia versión de aquel tema; comenzaba a correr el año de 1962. Berns optó por producirla él mismo y mostrarle así a Spector cuál era el sonido que él hubiera querido para la grabación primigenia. De tal forma, la canción se convirtió en la primera del que sería un legendario trío fraterno (compuesto por los hermanos Isley: Ronald, Rudolph y O’Kelly) en llegar al Top 20 en las listas del Billboard.

La versión del trío, con Ronald Isley en la voz principal, fue la primera grabación de mayor éxito de la canción. Alcanzó el puesto número 17 en la mencionada publicación y el número dos en la lista de rhythm and blues. A partir de ahí, tuvo frecuentes versiones en el bienio siguiente de los años sesenta.

Según Ronald Isley, la canción iba a ser el lado B de su disco sencillo, con “Make It Easy on Yourself” en el A (una pieza compuesta por Burt Bacharach y que había sido un éxito con el cantante Jerry Butler: el músico quería para ese lado algo seguro). Cuando el grupo la grabó, los hermanos no pensaron que la canción pudiera tener repercusión y creyeron que sería un fracaso, al igual que les había sucedido tres años antes, cuando grabaron “Shout” (hoy otro clásico). Para su sorpresa, ocurrió exactamente lo contrario.

De tal manera, la festiva “Twist & Shout” se transformó en un tema señero del soul. Fue así que llegó vía marítima a los puertos de Inglaterra, desde donde se distribuyó en todo pub y recinto donde hubiera una jukebox y, por supuesto, también llegó a los recintos musicales del puerto de Liverpool.

Al pasar por el molino del sonido beat de aquellos lares, la canción obró otra de sus metamorfosis. Fue uno de los mejores ejemplos de cómo los Beatles transformaban con su estilo un tema (ya de por sí bueno) en una versión (de hecho, la versión) más representativa. A eso se le llama hacer arte y no sólo una imitación rutinaria.

Tras haber grabado en apenas diez horas su primer álbum, el Cuarteto de Liverpool todavía tenía algo de tiempo para usar el estudio, así que sus integrantes decidieron plasmar en disco el tema que habitualmente usaban para terminar una presentación: “Twist and Shout”.

Hicieron dos tomas de la canción, pero la buena fue la primera. John Lennon tenía algo de gripa y había tomado leche y pastillas para la garganta todo el día y cuando llegó a esta parte sabía, como George Martin y todos los demás, que su maltratada voz sólo podría intentarlo una vez.

El resultado, una voz rota y desgarrada a lo largo del tema, cuyo grano movió los cimientos de la música contemporánea. Hoy día, en la mente colectiva existe una única versión de “Twist and Shout”, la de los Beatles.

Es esta la canción con la que cierra su álbum debut, Please Please Me, y fue lanzada como sencillo en los Estados Unidos por el subsello Tollie, de Vee-Jay Records. Llegó al segundo lugar la primera semana de abril de 1964, misma en la que los primeros cinco puestos del Top-Ten del Billboard fueron ocupados por The Beatles.

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: Historia de una canción