En caló anglosajón, MUVA es un término usado para designar movimiento y el productor-compositor Chatrán González, lo adoptó por ser “estéticamente sencillo”, fácil de leerse en cualquier idioma “y seguirse oyendo igual, lo cual me resultaba apropiadamente idóneo”.
Hace ya tres años, esta agrupación-proyecto de un solo hombre entregó una placa homónima, una colección de nueve cortes en los cuales miró al mundo desde su interior y construyó una música cinemática, paisajes oníricos, cuadros imaginarios en los que el escucha debía ser partícipe para gozar a plenitud la experiencia.
Sin embargo, la debacle llegó, el mundo se transformó y nos encerramos. Sin amilanarse, González persistió en la promoción de esa primera obra y los ecos de la misma empezaron a llamar la atención en otras latitudes. Allí, donde encontraron respuesta sensible, se fraguaron colaboraciones y si existía incertidumbre acerca del futuro, encontrar almas gemelas propició alivio a la desazón.
Así, a distancia, como ha sido la norma en los últimos dos años, nació Yum Cháak (forma respetuosa con la cual el pueblo maya se refiere al Señor o Dios de la lluvia), el segundo disco de MUVA, editado el año pasado en formato digital por Nudacy Records en Europa y que ahora comienza a circular en Iberoamérica.

En esta producción, el grupo se ha modificado. Salvo Chatrán González (percusión, throat singing y synth) y Miguel Sabbagh (batería), quienes participaron en la anterior entrega, la agrupación ahora la conforman Carmen Fuerte (alientos y voz), Adrián López (guitarra), Gerardo Aponte (cuerdas) y Marco Lara (ving). No obstante la esencia se mantiene, pues las composiciones y la dirección permanecen en manos de González.
De entrada, uno de los cambios advertibles es que la fuerza, expresada en el disco anterior con enérgicos solos de guitarra, ahora ha sido dosificada, se ha aplicado de otra forma y en ocasiones tal vez ha sido contenida.
Si en el primer disco MUVA abría una ventana aquí, otra allá y una acullá para hacernos ver el mundo sin salir de casa, en esta segunda producción nos toma de la mano y nos hace tener vivencias de ciertas regiones del globo gracias a sus invitados. Si bien la película antes era vívida, en Yum Cháak dejamos de ser espectadores para convertirnos en coprotagonistas del viaje, a lo largo de distintas partes del globo, pero no se trata de sitios por todos conocidos, sino de lugares alejados de la civilización, donde aún es posible encontrar la verdadera raigambre de otras culturas, esa que nos hace ver al otro con sed de saciar el conocimiento.
MUVA presta los colores, tiende el lienzo con trazos firmes, vigorosos, pero nos invita a terminar la secuencia; sí, es música cinemática, pero nos espera para concluirla. ¿Que es “Tamig Kelpies”, un track en el que el gaitero Duncan Knight, reconocido a nivel mundial, invita a adentrarnos a esos sitios de lagos escoceses a la espera de toparnos con ese espíritu y domarlo? (El kelpie es un ser de agua capaz de cambiar de forma y que habita en lagos y tanques de Escocia).
“Yéetel u Pixan Masada”, el corte inaugural, incluye la colaboración del clarinetista Harel Shachal, quien da a la composición un toque klezmer en el cual hay un tono triste, nostálgico. En “Teriya”, la mirada se posa en África y es un tema melódico comandado por el djeli ngoni —instrumento icónico del continente, perteneciente a la cultura bambara con un fuerte asentamiento en la ciudad de Segou, Malí, y que es una especie de jarana, pero en vez de contar con un hoyo en la parte frontal, cuenta con un parche— de Abdoulaye Kone y el djembe de Drissa Bagayoo y con una alfombra de percusiones que nos abre una ventana para colarnos a las amplias planicies de algún país de esa región.
“Mandala” es un corte que guarda algunas reminiscencias con la producción anterior de MUVA en el sentido de la majestuosidad y el tono épico que prodiga. Es una composición en la que el piano (Chatrán González) y las percusiones potentes, muy presentes, se articulan y dialogan con la guitarra que tensa el tiempo, dispara ráfagas, pero nunca hace el solo y luego se mezcla con un tono tribal electrónico, el cual aporta una clara influencia cinematográfica de quien llega de regreso, triunfal, a un territorio largamente añorado.

“Yateré”, por su parte, es el corte más vertiginoso y dinámico, un encuentro entre la parte acústica (cuerdas, percusiones) y la electrónica (unas percusiones de tintes tribales) con un solo de guitarra y ciertos tintes de fusión por encima. Es una lucha en la que triunfan en la parte media las percusiones acústicas que lentamente son envueltas por las cuerdas, para reemerger, con un poco de más fuerza, de la mano de la guitarra y del saxofón a cargo de Carmen Fuerte.
“Nahuaní”, con sus tonos folk, nos remite a una danza cadenciosa, ejecutada por una hermosa doncella, en la que advertimos ciertos acentos mexicanos, tal vez del Istmo de Tehuantepec; un aire reforzado por los alientos, pero que MUVA no se resiste a “pervertir” con impulsos modernos y una voz que conduce al track a esos tonos épicos y grandilocuentes que aparecen con frecuencia en la música de la banda, pero nunca resultan molestos ni se escuchan pretenciosos y aquí se ven coronados a la mitad por un solo de guitarra con algo de énfasis metalero.
“Yum Cháak”, la composición que da título al álbum, es la película final y aquí, como en “Nahuaní”, nos resulta familiar el paisaje, porque los ecos de la música del país afloran, aunque ya sabemos que en la música de MUVA eso no significa optar por la obviedad y en la que la voz de una guardiana maya cuenta la leyenda de los dioses vivos, mientras una guitarra acústica nos serena. El texto escuchado lo recita Mari Chuy Pat Chulim y es un cuento en el que se habla de nuestra percepción acerca de la lluvia, del agua, que no sólo riega el campo, también lava a nivel espiritual los pesares. “Sí, ahorita te quejas de que tu ropa se enlodó, que la ropa que recién lavaste se ensució, pero no te quejas de que esta agua hará que se rieguen nuestros campos y tengamos alimento, esta agua hará que olvidemos la muerte de los antepasados” dice Chulim en un audio, tomado de una grabación que sostuvo con Chatrán por celular.
MUVA ha hecho con Yum Cháak algo más que un disco. Es un vehículo para viajar por el globo, recorrer aquellos paisajes de los que siempre se nos ha contado, pero a los cuales hemos visto con reticencia por ser espacios alejados de los rutilantes aparadores del capitalismo. Es un disco plagado de una música que te lleva a construir imágenes, a realizar tu propio filme, a vivir tu sueño.
· MUVA presenta Yum Cháak el domingo 22 de mayo a las 19:00 hrs. Bajo Circuito, bajo puente de Circuito Interior s/n, Col. Condesa.