Una tarde, el personaje de este texto me invitó a escuchar un adelanto de un trabajo en progreso. Él, percusionista cuya experiencia data de hace 28 años y respaldado por una sólida formación —estudió en el Conservatorio de Música del Estado de México, luego en India un par de años con ocasionales escapadas a Pakistán para finalmente hacer diplomados de cajón negro en Perú y percusiones africanas en Estados Unidos—, ha colaborado con Yerberos, Kenny & The Electrics, Fratta, DLD, Fernando Delgadillo, y Klezmerson, entre otros.

Prejuiciado por el estereotipo del percusionista, imaginé que la audición me revelaría una música prolija en ritmos; sin embargo, el par de cortes, tal vez tres, me dejaron si no atónito, sí sorprendido. En el proyecto de Chatrán González bautizado MUVA (término del caló anglosajón para designar movimiento, “un nombre tan estéticamente sencillo que  se podría leer en cualquier idioma y se seguiría oyendo igual, lo cual me resultaba apropiadamente idóneo”) encontramos la labor sí de un percusionista, pero sobre todo el de un compositor que luego de años de crear sonidos en su cabeza, finalmente se decidió a registrarlos (“antes que ser percusionsta, soy músico y productor; este proyecto en específico suena a lo que cual esponja se me fue pegando en el camino, lo que sucede ahora es que se sumaron todos los Chatranes”).

Esos chatranes, fundidos —incluido el diseñador de jingles—, se han cristalizado ahora en un álbum epónimo de nueve cortes de música cinemática en cuya construcción participaron Juan Duarte, arpa híbrida, sax, flauta transversa, quena, shakuhachi, penny whistle; JuanMa Ledezma y Lari Ruiz Velazco: guitarras acústicas y eléctricas; José Morán, piano; Sabino Paz contabajo y Rodrigo Duarte, cello. En cortes concretos cuenta con las colaboraciones de  Daniel Zlotnik, sax; Miguel Sabbagh, batería; David Aguilar y Esther Gurrión del Valle, voces; y Jacobo Guerrero Elías, darbuka.

En el álbum debut está una plétora de imágenes. En “Sandman”, el corte abridor, el tono inaugural es sombrío, inquietante; en un inicio el tema es lento, pero cuando se dinamiza nos adentramos en vaivenes rítmicos, cambios de timbres y en medio de esa oscuridad hay guiños a otras músicas, rayos de aparente luz que no consiguen hacer desaparecer la atmósfera de incertidumbre. “Lilith”, en cambio, está permeada por una naturaleza electrónica y la mujer que da título a la composición se “materializa”  con motivos orientales, exóticos y una cadencia bailable que es “reventada” por un solo de guitarra.

“Musicalmente —dice Chatrán— me encargo de toda la composición y luego dejo que me nutran las ideas de quienes se han sumado a grabar, casi siempre soy muy receptivo con las propuestas y me gusta descubrir cosas en el camino. En los otros rubros que engloba MUVA —los aspectos visuales—, marco la directriz, pero cedo la batuta a amigos que admiro en sus respectivas profesiones. Conceptualmente Liza Herrejon me ayudó coproduciendo la idea primigenia y la imagen visual y Koons y Liza me ayudan en el diseño y video”.

MUVA no se encasilla en género alguno, toma elementos de varios de ellos y tampoco privilegia un instrumento en particular, aunque en los distintos cortes que lo componen sí exista alguno que se erija como líder en un determinado momento (la guitarra y el piano, por ejemplo). Cada una de las composiciones sugiere imágenes como en “Dueco”, tema muy agresivo que lleva  a imaginar pasajes de intriga moderna en los que una cámara aérea planea sobre la ciudad y la recorre lascivamente para finalmente situarse en un sitio alejado en donde se fragua ¿un asalto, un crimen, un  sabotaje? –aquí, luego de ponerle oído, póngale nombre– que está por consumarse; o “Mandala”  que es una puerta a paisajes desolados, vírgenes, pero acosados por la modernidad. La combinación de sonidos que presuponen una cultura milenaria, incluso con algunos pincelazos ligeros de new age por allí, con los influjos electrónicos y una guitarra que entra y repta cual si fuera una serpiente, construyen una atmósfera majestuosa, si se quiere rimbombante por momentos, pero en el todo muy eficaz y sugerente, cuyo corolario es un piano que apacigua los fervores anteriores.

La música de MUVA es abundante en sensaciones y colores, como en “Tankman”, el la que un sonido similar a un digeridoo la detona y unas cuerdas que podrían ser japonesas la dinamizan; de pronto, el corte se abre a un gran tianguis, un colorido mosaico sobre el cual desciende la cámara para captar algunos de sus detalles y entonces el  corte cambia de melodía, de coloración, de tiempo. El piano, que bien podría fungir como leit motiv, da pie a una voz femenina (Esther Gurión) que canta sobre esa trama de piano, percusión, electrónica y luego de la mitad, la guitarra viajera, cual sable flamígero, se inserta para rasgar la “pantalla imaginaria” y servir, después de algunos segundos, de corcel a esa voz para que reaparezca y sirva de guía hasta el final de la noche.

MUVA es una obra propositiva que permite al escucha jugar con los sonidos, llenarlos, completarlos, crear historias y narrativas que terminen de dar sentido a esa oleada de notas que llega y despierta la imaginación. Es una invitación a acercarse a una música distinta, nada complaciente y que plantea retos continuos. En directo, el proyecto se conforma por Juan Duarte en arpa, alientos y piano; Jorge Chávez, batería; Pancho Tejeda, guitarra eléctrica, acústica y cura saz; Pérez Pastor, percusión orgánica; Chatrán González, percusión híbrida; y Kuma, videoarte.


MUVA presenta su disco debut en el Foro del Tejedor, el próximo domingo 20 de enero, a las 20:00 hrs.

Sitio: http://www.muvamusic.mx

 

 

Un comentario en “MUVA: Música cinemática

  1. Interesante propuesta cargada de mucha intelectualidad, con discurso anticlerical y mirada decadente tankman parece una oda a Juana de Arco