Bright Eyes: canciones sobre el dolor y la pérdida

Conor Oberst nació en febrero de 1980, por lo que ya no es ningún jovenzuelo, pero tanto en su físico, su manera de actuar y su música nos hace creer que se mantiene oliendo siempre a teen spirit; parece que no envejece, que siempre es jovial y cuesta creer que con Bright Eyes ya tenga una discografía que abarca diez álbumes.

Se trata de un creador que no sabe estar quieto; estamos acostumbrados a verlo como parte de Monsters of Folk, haciendo punk con Desaparecidos, editando discos solistas y más recientemente unirse a Phoebe Bridges para soltar verdades existenciales.

Fotografía: Eyesglare bajo licencia de Creative Commons.

Más de nueve años han transcurrido desde la última entrega de la banda: The Peoples Key (Saddle Creek, 11) ¡Y parece que salió ayer! El caso es que ya casi se completaba la década sin trabajar en material inédito y eso que vive justo al lado de Mike Mogis en su natal Omaha, Nebraska. Siempre dijeron que el impasse del grupo no afectó la relación entre ellos y este retorno parece que lo evidencia. De hecho, todo surgió en la casa de Nate Walkott —el tercer miembro—, durante la Navidad de 2017; en medio de la fiesta y golpeados por la nostalgia, llamaron a su comparsa para engancharlo.

Conor ya había atravesado una situación terrible durante el 2016; apenas con 42 años de edad, su hermano Matthew falleció por consumo excesivo de alcohol.   Luego se dio la ruptura con su mujer –Corina Figueroa–, tras siete años de relación. Posteriormente, y ya trabajando en grupo, se dieron cuenta que los jodía intensamente el caos, el odio y el miedo provocado por el gobierno de Donald Trump.

Una vez que terminaron Down In The Weeds, Where The World Once Was (2020) se dieron cuenta de que el hilo conductor era la pérdida, tal como lo contó Oberst: “Es un álbum sobre perder muchas cosas, distintos tipos de pérdida, pero también es sobre la resiliencia, porque siento que cuando nos enfrentamos a la pérdida tenemos dos opciones: darnos por vencidos o seguir adelante y buscar una fuerza estabilizadora, una nueva esperanza o como sea que le digan”.

De hecho, lo relativo a las pérdidas personales se aglutina en la inicial “Pageturners Rag”, una rareza presentada en español por su ex mujer y en la que conversa con la mamá de Conor, mientras ambas mujeres andan en un viaje de hongos. Corina presenta a un grupo llamado Your Most Vivid Nightmares, que alude al bar que tenía el músico en Omaha y que cerró a causa de la pandemia. La pieza es tabernera y algo destartalada, como una cita al pasado.

Luego llega “Dance and Sing” que abre con una frase que resume perfectamente de qué va este asunto: “Tengo que seguir adelante como si no fuera el final / Tiene que cambiar como si tu vida dependiera de ello / Es un largo tiempo y lo estamos tomando”. Se trata de un tema de media velocidad que comienza algo austero –conducido por la guitarra acústica– y que cobra fuerza con la entrada del resto de la instrumentación y una sección de cuerdas.

Down In The Weeds, Where The World Once Was (editado por Dead Oceans, disquera con la que acordó también un disco más) es un álbum de la vieja escuela. Catorce canciones en total para 51 minutos de duración y ciertas constantes temáticas en las canciones, además de un minucioso y algo ornamentado trabajo de arreglos y orquestación. No faltara quien diga que quizá sea algo recargado, pero en los tiempos que corren es algo que personalmente agradezco; todavía hay quienes aman y respetan tanto a la música que buscan la forma más completa de presentarla a los escuchas.

Al día de hoy, Conor alcanzó los 40 años de edad, Nate anda en 42 y Mike Mogis es el más veterano con 46. No ocultan su edad y con mucho orgullo la reflejan en la manera de trabajar. Pero el hecho de que Nate viva y trabaje en Los Ángeles (haciendo música para películas) y los convenciera de grabar en la ciudad querube trajo algunas gratas sorpresas encarnadas en los colaboradores. Por el estudio pasaron el baterista de Queens of the Stone Age, John Theodore, Jenny Lee Lindberg de Warpaint y nada menos que Flea, dado que Nate ha estado en el directo de los Red Hot Chili Peppers los últimos tres años.

Bright Eyes tiene claro que sus integrantes saben cómo explotar a fondo una mixtura de rock y folk con algunos tintes pop y ahora con el agregado de un poco de psicodelia –muy dosificada. La parte de más fácil acceso se muestra en “Mariana Trench” –de impacto inmediato–, mientras que la belleza a plenitud del disco esplende en “To Death’s Heart (in Three Parts)” –muy conmovedora–, “Calais to Dover” y “Stairwell Song”.

Estamos ante un grupo que se esforzó al máximo en las sesiones de grabación, que le dio al estudio un rol importante y que muestra la madurez plena de sus autores. Ya decía el gran escritor mexicano Ricardo Garibay: “La vida es la escuela del dolor”. Conor Oberst ha recibido lecciones intensas de sufrimiento, pero ha sabido cómo transformarlo en canciones atascadas de autenticidad y contundencia.

 

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Publicado en: Disco de la semana