Hace tres años, Mabe Fratti llegó a Ciudad de México procedente de Guatemala. Traía a cuestas su cello y los rudimentos necesarios para insertarse en una escena para ella desconocida, pero a la que con el tiempo le vendría a inyectar vida. Sus inicios en la música se dieron a temprana edad: “Siempre —dice— hubo la onda de tener actividades extracurriculares en casa y empecé a tocar el piano. Como a las ocho años, mientras mi hermana estudiaba violín, yo quería tocar saxofón, pero no pude por cuestiones respiratorias, las cuales dudo sean ciertas ahora y el cello llamó mi atención y pedí aprenderlo. Lo estudié por siete años en una academia, una especie de conservatorio pequeño, y luego me empecé a juntar con amigos que querían hacer bandas”.

Entre sus primeras agrupaciones está Fraaek, con la cual grabó un EP que ella define como experimental; siguió otra banda llamada Moz en la que, cuenta, “había ingenuidad, pero mucha fe, sin saber en realidad a dónde íbamos más que el placer de hacer música y eso me mantuvo muy prendida”.

Antes de llegar a este país, una de sus primeras grabaciones como solista fue Careless (2016), canciones de cinco años atrás que regrabó sin quedar del todo satisfecha y ahora mira con cierto desdén, pero forman una importante etapa de aprendizaje. Su siguiente paso fue Moot Point, un registro al lado de Evil Tapes. “Me mudé a México y ya había conocido a Evil Tapes (Santi Rodríguez) en una residencia. Fue el primer trabajo que grabé aquí y empecé a tomarme todo más en serio; en esta grabación hubo mucho trabajo de colaboración y de negociar ideas, fui aprendiendo en el proceso, empecé a familiarizarme e identificar cosas, a sentirme parte de una comunidad. Fue una curiosidad muy prendida que sentí al llegar, me estimuló y me dio mucha energía para crear. Esto me empezó a enseñar otros aspectos técnicos, administrativos.”

Luego, un poco con la ayuda de Roberto Tercero (sax) y Concepción Huerta (cintas), le dio vida a Aprendiendo a hablar, un EP que, como sus obras anteriores, preparó y desbrozó el camino para la llegada de Pies sobre la tierra, la más reciente producción de Mabe, un disco en el que se habla de una dualidad porque, efectivamente, aquí la compositora se adentra en procesos creativos más firmes —si quieren llamarlos más maduros—, pero en donde también está la volatilidad de los sueños y de la experimentación, una placa de ocho cortes en los cuales su voz, su cello y algunos fierros son los principales protagonistas.

El disco abre con “El sol sigue ahí (El sol brilló-no tenía alternativa)”, un tema signado por un cello que lagrimea, de sonido triste, apesadumbrado, bajo el cual se tiende una “cama” electrónica al mismo tiempo misteriosa y subyugante que anuncia la voz de su autora, un canto angelical que sirve de entrada a un mundo paralelo o de ensueño en donde reverberan ciertos ecos de música del mundo (o tal fue el oasis generado por la voz de Fratti, que eso llegué a imaginar).

Hay en ese recorrido un diseño que nos lleva a composiciones más cercanas a una atmósfera o a ambientes (“Entrando al cuarto de la duda”), otros en los que las inflexiones de música contemporánea resuenan de manera más evidente (“Pronto su cuerpo estaría silencioso: pronto sería libre”, “Creo que puedo hacer algo”) y algunos de tendencia decididamente experimental (“Dirección”, “Ignora”) o minimalistas como “Todo lo que querías saber”, un baño de luz, una atmósfera en medio de los sonidos “turbios” con los cuales convive y que irradia paz y tranquilidad.

Inquieta, incapaz de sentirse satisfecha a pesar de lo realizado, Fratti encuentra en ello una fortaleza. “Diría —comenta— que Pies sobre la tierra es mi primer trabajo solista relevante. Estoy cerrando un capítulo, pero seguramente en el futuro nuevamente no me va a encantar. Lo mío es la búsqueda, la búsqueda es el fin, saber de qué se trata el sonido que quiero hacer y podría llegar a hacer. Hasta ahora me siento muy vinculada a mi cello, pero últimamente he estado pensando en zafarme de eso, en hacer instalaciones, en de qué otras formas puedo hacer música. Son preguntas de quién soy cuando hago música y si me estoy acomodando, ajustando a un sonido único y si eso me va a afectar para mal, ponerme en una zona de confort”.

Fratti, quien junto con Gibrana Cervantes, Concepción Huerta y Camille Mandoki dan vida al grupo Amor Muere (con un álbum de inminente aparición) habla someramente de su forma de trabajo: “Compongo dependiendo de la pieza, con el cello se me facilita, dialogo con él, es como mi segunda lengua, igual con la computadora puedo ir jugando, siempre elijo un punto de inicio, un sonido que me pueda llevar al siguiente”.

Pies sobre la tierra es un trabajo acerca de la libertad, de la conquista de espacios, del diseño de los mismos, algo que se refleja desde el jardín de su portada (“un espacio de naturaleza diseñada”) y luego se reafirma en cada uno de sus temas, una sutil combinación entre lo instrumental y lo cantado. “Me gusta —agrega su autora— estar balanceando constantemente lo indigerible y lo digerible. Para mí, la experimentación es un término muy complicado. Me gusta ir digiriendo cosas que al principio eran indigeribles y cuando ya las digerí, puedo hacer otras mezclas de cosas que son fáciles y que se disfrutan, pero rodeadas de esto que no es fácil y que también se vuelve un reto escuchar”.