La crónica, la poesía y el rap se conjuntan y se conjugan en la labor artística de Abraham Sánchez (Ciudad de México, 1988), quien conoce el verdadero espíritu de las calles y los barrios de la urbe y lo transmite con sus letras. Sánchez acaba de publicar su segundo libro, Aullidos, tripis y cachondeos (Editorial Atún de Sirena, 2018), mismo que está por lanzar su segunda edición. Se trata de un volumen de crónicas urbanas que mucho tienen de autobiográficas. Con este joven personaje de las nuevas vertientes literarias mexicanas es nuestro habitual interrogatorio psicodiscográfico.

¿Cuál fue el primer disco que escuchaste?
El Nevermind de Nirvana que tenía un tío mío, cuya vida me llamaba la atención. Cuando él se iba de fiestas y eso, yo —que tenía ocho años— agarraba sus cassettes y sus discos y los ponía. Así conocí a Nirvana, pero también a los Pixies, a Corcobado, muchas propuestas que hasta la fecha me han marcado. Pero con las letras de Kurt Cobain percibía algo espiritual y un sufrimiento bien autentico que me marcó mucho.

¿Cuál es el primer disco que compraste?
Fueron dos: el Significant Other de Limp Bizkit y el Californication de los Red Hot Chili Peppers. Los compré en MixUp y me acuerdo que estaba muy contento con ellos. Ver los discos originales se me hacía como un cierto fetiche, aunque se me hacían muy caros. Pero en un cumpleaños me cayó una lana y con eso me los regalé. Sin embargo, el primer disco que tuve, porque me lo regalaron, fue uno de Fey que me gustaba un chingo y hasta la fecha me sigue gustando, me lo sé de memoria. No me acuerdo cómo se llamaba, pero venían todos sus hits de ese momento. Yo crecí oyendo lo que oían mis papás. Mi mamá, por ejemplo, escuchaba todo el día a Luis Miguel. Fue ya hasta después que busqué lo mío.

¿Cuál fue el primer disco que le envidiaste a alguien por no poderlo tener?
Yo creo que el Surfer Rosa de los Pixies. Un amigo lo tenía así, súper bonito, en su caja, y se me hacía de culto, pero nada más no me lo prestaba y sí me daba envidia, ja ja.

¿Cuál es tu disco favorito para manejar?
No manejo. Camino un chingo y sí escucho música cuando camino, pero cuál disco, depende del ánimo que traiga. En estos momentos escucho mucho a C. Tangana, un rapero español que me late bastante.

¿Cuál es el disco que mejores recuerdos te trae?
Pues podría ser el Follow the Leader de Korn que me gustaba mucho. Me recuerda cuando empezó a gustarme realmente la música y empecé a generar mi identidad. Veía MTV y yo solo hacía mis slams en mi cuarto o a veces con mi hermano.

¿Cuál es el disco que más te avergüenza tener?
La verdad es que no me avergüenzo de ninguno.

¿Cuál es el disco que más lamentas haber perdido?
El disco negro de Metallica. Lo perdí en una peda, junto con mi discman. Ya ves que en aquel tiempo en que no había iPod o iPhone, tener un discman era lo máximo. Y era un discman anti choque. Sí, fue triste, porque además el disco era original y me la pasaba escuchándolo.

¿Cuál es el disco que adquiriste más recientemente?
La verdad ya no compro discos. Pero el último que descargué fue uno de Luca Bocci, un cantatutor argentino, de Mendoza. Hace como trova, pero indie.

¿Cuál es el disco que más ha influido en tu vida?
Pues regreso al Nevermind. Fue un disco que me tomé muy en serio. En su momento, Cobain se me hizo como un Mesías que planteaba el suicidio como una muy posible solución. Actualmente, ya quiero morir viejo y acumular el mayor conocimiento que pueda, pero no deja de haber ideas suicidas y de vivir el momento más allá del amor, del dinero… Puedes tener todo eso y aun así estar bien oscuro con tus demonios.

¿Cuál es el disco que prefieres para hacer el amor?
Me gusta hacer el amor con música como la de Flume, Ta-Ku, Disclosure… Una electrónica suavecita, atmosférica, IDM (intelligent dance music), con un toque de lisergia.

¿Cuál es el disco que quisieras que tocaran en tu funeral?
Tengo elegida la canción que quiero que toquen en mi funeral: “How Soon is Now”, de los Smiths. No mames, esa rola me causa una tristeza existencial que a la vez es placentera y digo: “¡Güey, está genial tener esta tristeza!”. He imaginado muchas veces que esa canción va a estar en mi funeral. De hecho, ya le he dicho a algunas personas que la tengan en cuenta.

¿Cuáles son los cinco discos que te llevarías a una isla desierta?
El Nevermind de Nirvana, el Unknown Pleasures de Joy Division, el A.D.R.O.M.I.C.F.M.S. de Yung Beef (un trapero español), el Infame de Babasónicos y algún disco de Javier Corcobado.