La grey de músicos mexicanos que trabaja en vericuetos alejados de la corriente principal es grande, una cofradía que ocasionalmente comparte espacios, aunque también, con frecuencia, hay caminos que jamás se cruzan.

En apariencia, el guitarrista Fausto Palma es un lobo solitario, un espíritu nómada, pero en realidad se ha concentrado en darle vida a Petra, proyecto en el cual engloba  música del mundo, principalmente de la India, con rock, jazz, progresivo y sicodelia, si bien en su quehacer también encontramos otros afluentes como Strictly Personal (más inclinado a las canciones) o Triamazikamno (totalmente adentrado en la India).

En 2018, Petra, la nave nodriza de la vida musical de Palma, sufrió una transformación justo antes de grabar el álbum Gaianauta. “Fue como un filtro en el cual músicos como el clarinetista Pablo Ramírez —integrante fundador y con catorce años en el ensamble—, Paul Conrad —tuba, trombón con trece años— y el saxofonista Ram, salieron justo un mes antes de entrar al estudio”, comenta Palma.

El grupo pasó de sexteto a trío (Manolo Rodríguez, batería; Rubén Limas, bajo; Palma, guitarra) y la reducción acercó más a la banda a los océanos del progresivo. “Gainauta captura a Petra en su momento más progresivo, con tintes del progre setentero, denso y en momentos oscuro, reflejando el momento por el cual la banda estaba pasando”, señala el compositor.

Gaianauta es un disco intenso desde su inicio, un rostro nuevo en la discografía de la agrupación, cuyos rasgos afloraban ya en otras producciones, pero que aquí se muestran nítidos. Abre con un tema potente y muy energético (“Divine Return”), inscrito en los regodeos y el barroquismo del rock progresivo de la primera mitad de los setenta, cercano a la veta de la fusión, pero sin recalar totalmente en esas aguas. Hay, también, momentos intimistas como “Thoughtfull”, compuesta días después del temblor de 2017, que captura “una emoción de frustración, preocupación, impotencia y fragilidad”, y otros temas más oscuros como “Revelation” —con un mellotrón que debuta en el arsenal de Petra—, el cual retrata a la perfección el proceso de transición vivido por el trío. Sin embargo, al final, “Deep Dawn” hace a un lado los nubarrones y concluye de manera optimista y alentadora el sexto disco de la agrupación.

No obstante, nuevos cambios de integrantes se suscitaron y el bajista Limas abandonó la nave y subió en su lugar Juan Pablo Sardaneta, Uriel Orozco en sintetizadores y Helios Valdez en saxofones. Inquieto y muy prolífico, Palma aprovecha las posibilidades que la tecnología actual ofrece y se pone a trabajar en una nueva producción.

Aparece The Golden Dawn, cuatro temas compuestos “en busca de más groove y hasta cierto punto muy minimal, con ambientes y momentos hipnóticos a lo largo del disco”, dice Palma, quien agrega a la guitarra eléctrica el sonido del ud turco y el sarangi.

The Golden Dawn se divide en dos. Un par de composiciones (“Zobeyda”, “Indian Groove”) se inclinan hacia el Oriente. En la primera, liderada en buena parte por el sax de Valdez, hay ecos de Triamazikamno, mientras la segunda, escrita para el violín de 39 cuerdas (sarangi), es ligera, gozosa, invita al baile. Por su parte, “The Golden Dawn” y “Baraka” forman otro bloque. El tema que da título al álbum, salpicado con tintes de rock y sicodelia, es “una pieza que empieza con atmósfera de sintetizador y que va desenvolviéndose de una manera muy paciente y minimalista; es un trayecto, un viaje de búsqueda, de conocimiento y se siente épico y lleno de magia, mientras ‘Baraka’ también es minimal y el tema se desarrolla pacientemente”, describe Palma.

The Golden Dawn es menos urgente que su antecesor. Hay más momentos de reposo, pero cuando la alianza jazz-rock brota (“The Golden Dawn”, “Baraka”), surgen chispas y el espíritu de la Mahavishnu Orchestra se pasea insolentemente por el espacio. También es difícil resistirse a la combinación de ese zigzagueante bajo y el tono de lamento del sarangi que se da en “Indian Groove”, respaldado por una imperturbable batería, apuntes del sax y un solo de sintetizador.

Embalado, Petra da a conocer este 2019 La conferencia de los pájaros, su más reciente trabajo en el que la orientación progresiva y la alquimia entre los sonidos orientales y el rock se mantiene. Aquí hay cortes que sirven para el lucimiento de la batería (“La búsqueda”), otros reposados (“Amor (Ganem)”, “Impresionante”, “Pobreza y frustración”) y aquellos en los que aflora ese pulso progresivo, potente y vertiginoso que se ha vuelto una marca distintiva de la actual alineación de la banda (“Desprendimiento”, “Unidad de Dios”, “Conocimiento”).

El “nuevo” Petra (para no errar, búsquese como Fausto Palma en la plataforma de su preferencia) ha virado. Si bien no ha dejado del todo las inflexiones orientales, presenta un mayor énfasis en el jazz y el rock progresivo, pero el resultado, como es costumbre en una obra a la que el tiempo le ha ayudado a madurar, persiste en ser sólido y cargado de sorpresas.