“Te paso lo que a mi entender será la nueva sensación argentina en Latinoamérica: Isla Mujeres”. Ese fue el mensaje que me envió el productor y periodista musical Matías Fernández Feldman, en un correo electrónico. Cuando abrí el link que contenía el mensaje, la magia se hizo: un mar lleno de frescura y propuestas innovadoras emergió de ahí. Música fuerte, potente, lozana, como olas rompientes frente a un dique de réplicas varoniles arcaicas. Isla Mujeres la rompe desde el rock más feroz y desde el feminismo más fundamental. La historia nos ha enseñado que cuando estos dos conceptos se unen, algo trascendente está por ocurrir.

Isla Mujeres es una agrupación platense conformada por chicas y formada en el 2014. Todas sus integrantes forman parte de las huestes más fuertes del feminismo porteño y del indie argentino más propositivo.

Aquí, una entrevista sobre mucho rock y teoría del feminismo.

Fotografía: Noelia Garreffa

¿Qué hacen Faustina Sagasti, Julia Barreña, Amparo Torres y Elena Radiciotti cuando no están forjando música con Isla Mujeres?
Hablando por Whatsapp y programando reuniones. Trabajando, estudiando o con otros proyectos artísticos. Amparo es socióloga y toca sus canciones en formato solista. Faustina y Elena son estudiantes de música en la Universidad. Faustina también tiene otra banda llamada ROTO, de la que es baterista y vocalista. Julia estudió artes audiovisuales y también tiene un dúo de pop electrónico llamado Piscis Vicius. Aún así, Isla Mujeres es el proyecto principal de todas y en el que ponemos mucha energía y dedicación.

Isla Mujeres se ubica en el Mar Caribe, muy cerca de la Península de Yucatán; un paraíso que se vende, por las agencias de turismo, como “un lugar para enamorarse”. ¿Por qué nombrar de esta manera a la banda?
Puede que el nombre sea una ironía, o un guiño disparador a otros temas. Isla mujeres no tiene un sentido unívoco, pero aparece la idea de refugio donde estar a salvo, un lugar donde mantenernos unidas y ser quienes queremos ser. También fue algo contingente, ya que la baterista anterior de Isla Mujeres usaba una remera con ese nombre y se barajó entre otros en su momento. Luego cada una lo va resignificando.

¿Quiénes son sus referentes musicales femeninas?
Tenemos un montón de referentes de distinto alcance: desde Juana Molina, Rosario Bléfari, Marilina Bertoldi, Björk, St. Vincent, PJ Harvey, Warpaint, María Gabriela Epumer, Ibiza Pareo, Madonna, Little Dragon.

¿Y de teoría y de lucha en el feminismo?
Podríamos decir que los referentes teóricos son aquellos que se ponen a discutir con un sistema en el cual la opresión de las mujeres es la base de su funcionamiento. Desenmascarar esto y dar cuenta de este sistema de opresión ha sido tema de varias feministas: Silvia Federici, R. Segato, J. Butler, M. Wittig, entre otras. Pero también las referencias son de aquellas que están vinculadas con luchas actuales, tales como la lucha por la legalización del aborto por medio de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, así como los movimientos de mujeres que se nuclean en el encuentro nacional más importante de la Argentina y de la región que es el Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans y No Binaries que se hace todos los años en distintas partes del país. Las referencias pensamos que son necesarias para nuestro camino. Sostienen y permiten pensarnos en un terreno más amplio de lucha.

¿Qué momento se vive ahora en Argentina con respecto a las bandas de mujeres que buscan habilitar sus derechos dentro de la ​falocracia​ del rock?
Creemos que es un momento de transición. Por un lado, para nosotras es algo natural ver compañeras tocando o incluso en nuestras vidas la música es algo cotidiano y propio. Por eso cuando un periodista nos pregunta por qué somos una banda de chicas, nos deja en stand-by, como pensando: “¿qué tiene de raro?”. Después, en la realidad estadística e histórica, vemos que realmente hay una gran mayoría de hombres en el rock y una invisibilización total de la mujer que hace arte. Sabemos que esas mujeres siempre estuvieron ahí, pero tuvieron que esforzarse el doble para conseguir algo de reconocimiento, cuando tuvieron la suerte de ganarlo. El relato oficial las oculta y, por lo demás, siempre tuvimos un imaginario cultural en el que las mujeres no ocupaban ese lugar de poder sino que se limitaban a ser fanáticas/groupies de la estrella en turno. Esperamos poder romper con eso todas juntas, poder inspirar a las que vengan después y que vean que su lugar puede ser arriba del escenario, rompiéndola. Todavía hay machismo en todas partes de la industria: en los organizadores de festivales, sonidistas, colegas músicos y músicas incluso. Se siguen generando dinámicas en las cuales opera la supremacía de la palabra del varón y esas pequeñas luchas las damos todos los días.

¿Lo personal es lo político?
Compartimos este lema, porque creemos que es casi lo más importante. Cualquier revolución tiene que ser interna también; si no, es vacía y no revoluciona nada, tanto en el trabajo, la mesa, la cama, el escenario y en nuestra forma de vincularnos o afectarnos y que eso nos potencie.

“Como Simone de Beauvoir, pienso que la libertad se conjuga en singular y tengo la sensación de que la mayoría de los movimientos feministas tienden a agrupar a todas las mujeres sin distinción, en vez de apostar por la singularidad de cada una de ellas”, escribe la filósofa y novelista Julia Kristeva. ¿Qué opinan ustedes?
Hay cosas en las que es propicio agruparse para batallar determinadas luchas, pero hay tantos feminismos como mujeres y eso es lo que enriquece y hace mejor al feminismo.

¿La música que hace Isla Mujeres está atravesada por esta coyuntura, a quién va dirigida?
Tal vez a singularidades sensibles, desde lo íntimo y monstruoso que nos habita en la cotidianidad, que están dispuestas a enfrentar la incomodidad de hacerse preguntas, el dolor de transformarse, de salir de la comodidad.

Constantemente hablan de “no pedirle permiso a nadie”, ¿por qué habrían de hacerlo y a quién?
Cualquier persona que haya sido bio asignada con el género mujer sabe que a un varón lo educan desde niño para comerse el mundo, imponerse y afirmar cosas. A nosotras nos educan para tener cuidado, pensar dos veces antes de actuar y dudar. Nos crían en la duda, en la inseguridad. Son roles hegemónicos. De el hartazgo de ese rol asignado, internalizado en nuestros cuerpos por fuera de toda racionalización, viene casi como un impulso la energía de “voy a avanzar sin pedir permiso a nadie”. Y en eso queremos siempre hacer hincapié: avanzar en lo que nos gusta es avanzar en la música, aprender pero no dudar de que lo que queremos hacer es esto y que lo hacemos juntas y bien. Puede que en un futuro, nosotras seamos otras, pero todo lo que pasamos hace que seamos conscientes de este cambio de época y que lo vivamos con nuestros cuerpos y con nuestra música.

Háblenme de Furia Virgen.
Furia Virgen es una fiesta de electrónica de La Plata, organizada por compañeras, donde se da lugar en la cabina a mujeres y disidencias y donde se prioriza un espacio seguro y libre de violencia patriarcal. Se originó a raíz de la ausencia de lugares seguros para ir a bailar y no sólo eso, sino disputar los lugares de producción y gestión de eventos.

¿Cuál es la narrativa detrás de Otras, su disco de 2017?
Otras es un disco en el cual plasmamos un proceso largo de formación y búsqueda musical. En el medio hubo un momento en que la banda dejó de tocar y se rearmó y después de toda esa vorágine, tuvimos la necesidad de cerrar un ciclo y grabar esas canciones que tocábamos hacía bastante tiempo, para poder seguir avanzando. Otras es un disco sobre mutaciones varias: de pieles, de identidades que se mezclan con otras, de cosas que no queremos más, del deseo que es la necesidad más bella y caprichosa de todas, de lo cotidiano también, siempre atravesado por vínculos, contradicciones, bronca, sexo, política, cuerpos.

“Esperando al que camina / desde cerca / acechando al que camina / desde cerca una asesina”. ¿Cómo surge esta composición, quién es la encargada de escribir las letras y cuáles son sus referentes literarios?
Ese texto es de Julia (voz y teclados). La compuso en la playa, mirando a la gente en su tiempo muerto. Surge por una búsqueda de una narrativa no tan poética sino más de historia, en la que algo concreto sucede. Luego, al tocarla con la banda, empezamos a repetir la palabra “asesina” y eso pegó y gustó. Hay algo de jugar con la ironía del “quedate tranqui, todo va a estar bien” y que se pudra todo. Leemos muchas cosas, entre ellas, Alejandra Pizarnik, textos de filosofía, Roberto Bolaño, Gabriela Cabezón Cámara, Virginie Despentes, Tiqqun.

¿Cómo ha sido trabajar en la mezcla y la producción de Gastón Le?
​Fue lindo trabajar con él, porque tenemos afinidad y nos permitió darle cierta homogeneidad estética al cúmulo de canciones que teníamos desde hace tiempo, algunas bastante diferentes entre sí, afinar ciertos sonidos, y le dio una dirección bastante pop, potenciando lo que ya teníamos.

Háblenme de la ilustración de Sarah Jones.
Nos gustó que viró para una estética oscura y generó una imagen medio animal o híbrida que habíamos charlado de antemano. Esta idea la retomamos un poco en el disco siguiente que está en camino, pero claramente es distinto, porque estamos en otro momento como banda. Siempre estamos en otro momento.

¿Para cuándo la gira por México?
Pronto sacaremos nuestro segundo disco largo y tenemos muchas ganas de poder tocarlo por todos lados. Es un disco en el que formamos parte de todo el proceso, es el primer disco en el que tocamos con la formación actual y la verdad es que estamos muy contentas con lo que se va logrando. México siempre fue un lugar al que quisimos ir. Así que ojalá pronto.