The Darts simplemente no parecen vivir en este mundo. El suyo es quizás aquél cosmos tétrico-cómico donde la Yvonne De Carlo de los 60 se apoderaba de la Tierra en todos los sentidos con terror y sensualidad. En el universo de las Darts, las paredes están hechas de terciopelo rojo y oro, como sus bragas.

Los acentos lo adornan todo. Cuando te acercas, empiezas a ver y a sentir la tierra que te cubrirá, paletada tras paletada. Adios existencia. En su tercer álbum, las Darts se posicionan lejos de su sonido característico de garage, con algunos tonos y colores nuevos; un sonido más profesional que nos hace pensar en el regreso de ‘Bratmobile’ y, en otras ocasiones, que fantaseemos mucho más con Nicole Laurenne (voz, órgano) y Christina Nunez (bajo, voz), ambas pertenecientes a la antigua alineación de la banda Love Me Nots.

Si has disfrutado de las Darts así de lejitos, este álbum es una compra obligada; y si aún no conoces a estas vampiresas voluptuosas, inicia tu educación aquí. La rubia Rikki Styxx sigue golpeando muy fuerte la batería, de manera posesa, como si Satanás la estuviera tomando por las ancas mientras…, al momento en que Meliza Jackson hace su debut en el estudio, con una guitarra proferida por Asmodeo y proporcionando gemidos y guturales coros vocales.

“Breakup Makeup” arranca con un ritmo frenético y las voces de Nicole consiguen resonar un montón a los Versos satánicos (1988) de Salman Rushdie. El patrón vocal del coro y la música trotona me recuerdan a “Time Warp” de The Rocky Horror Picture Show (1975), freak! El gritado vocal de apoyo recuerda a las bandas que estaban firmadas por la Estrus Records de Dave Crider. El pogo beat de “My Way” demuestra otra de las fortalezas vocales de Laurenne, ya que suena como si estuviera haciendo esto desde que vino al mundo. Casi podemos percibir un ritmo distinto al de ellas, algo de hip-hop que se siente a través de los versos semicortados, con la guitarra de Jackson seccionando la mezcla perfectamente, justo cuando Nunez y Styxx están afinadamente al unísono: es un squirting grupal.

La banda ralentiza el ritmo; una cadencia media en “Don’t Hold My Hand” que suena como un éxito de los años 50, excepto que aporta algo de ruido y potencia adicional, diferente a la de aquella época de bañadores completos. “Don’t Hold My Hand” es una tanga negra, una telaraña de hilo sobre la piel blanca (pon de nuevo aquí la imagen sicalíptica de Yvonne De Carlo). La voz de acompañamiento proviene directamente de la escuela de las Ronettes, lo cual es magnífico en esta intemporal composición de todas las involucradas: bondage del Infierno.

Con “I Like U but Not Like That ”, el tema que da título al disco, inspirado en una correspondencia con una persona que envió mensajes a la banda más de una o dos veces, la sección rítmica establece un tempo que todavía me agarra desprevenido. La melodía adquiere una sensación de escalofrío, adecuada con el tipo de gruñidos y gemidos. Voces de ultratumba que añaden más de esa textura de La familia Monster al álbum. El coro exhibe una mezcla de voces seductoras y disgustadas que realmente crean un escalofrío sensual, como la uña de Vampirella sobre tu espina dorsal. Esta es la escena donde la persona es rechazada fuera del mundo de las Darts, porque simplemente no pudo manejarlo. Demasiada oscuridad. Un riff de Jackson abre “Break Your Mind” que me recuerda a In Black & White, el álbum debut de Love Me Nots. El órgano suena genial aquí, ya que se superpone con el bajo y la batería. Algo que sé es que no puedes quedarte quieto cuando se reproduce este disco; incluso ahora que estoy sentado escribiendo, mis pies se mueven con el ritmo y sigo ejecutando más guitarras de aire, riffs estentóreos que nadie más podrá escuchar.

La primera mitad del álbum es la parte más lenta. En “Love U 2 Death”, el bajo de Nunez es de otra dimensión, de otra década. El comienzo de la canción me hace pensar en el grunge de Cobain y su tiro en la cabeza. Los tambores llevan algo de poder adicional —pero eso se nota que se hizo posteriormente en la mezcla— y los efectos vocales crean un sonido muy diferente, llegando casi a los cinco minutos. Una epopeya más en el mundo de las Darts.

El lado dos continúa con su maestría sonora. En “New Boy”, volvemos a rebotar en el mundo de lo tétrico, con un corte de órgano y una guitarra arrítmica que da para atrás y para adelante sobre la sección de ritmo. No pierden el tiempo las chicas; cada que pueden, plantan un coro contagioso en nuestras cabezas. La guitarra y el órgano, cada uno, tiene sus propios momentos para brillar antes de lanzarnos el coro de nuevo. “Thin Line” comienza con la fuerza de Styxx que establece el boom mientras la banda atraviesa un delirium tremens rockero, con otro coro pegajoso que exige repeticiones como masturbaciones merecen ellas. El descanso para el órgano aquí funciona de lo mejor, como cuando te corres y no puedes moverte.

De vuelta a las calles oscuras, sabes que deberías haber evitado el disco, no lo podrás olvidar en un par de meses. Ya estás en “Phantom”. Me encanta la voz de Laurenne en este track, en el coro, pero también en todo lo demás; lo que hace que se te vuelva a endurecer. En un álbum de temas favoritos, este se lleva todas las medallas, todas las corridas del mundo. Tiene un surco que agita el alma y nos hace sentir vivos, aunque provenga de la muerte.

Sin letras débiles, este es un álbum de alta calidad que toma dosis de la era de los 60 y las tira hacia adelante con beats y piezas refinadas como nunca antes las habíamos escuchado; se han reinventado para crear otro gran álbum dentro de la discografía de The Darts. Este mundo debería pertenecer a ellas. ¡Oh, Satanás, todos estaríamos mejor si así lo fuera! Orgías, sangre y semen sobre los vinilos viejos: es la era de las Darts, el fin del mundo se acerca y tendrá como banda sonora I Like U but Not Like That.