Rolando Hernández y Gudinni Cortina (“La música fue mi lugar íntimo, crecí en una familia numerosa y ruidosa, así que aislarme a escuchar música con mis audífonos desde los nueve años fue mi espacio de apaciguamiento y acuerdos conmigo mismo. Mas tarde comencé a explorar con dos CD players jodidos y a reproducirlos simultáneamente y a tocar un sax soprano”), los personajes de este relato, se conocieron, dice el segundo, “en algún concierto organizado por Fernando Vigueras y en un taller sobre improvisación en la Facultad de Música”. Hernández cuenta que comenzó a tocar el piano a los tres años, para luego dedicarse a la guitarra e iniciar un periplo por diferentes instituciones (“Me corrieron de tres prepas y no duré más de tres meses en ninguna de las escuelas de música a las que entré entre los doce y los dieciséis años”).

Luego de ese primer encuentro, cada uno se dedicó a sus respectivas actividades, pero diferentes causas llevaron a Hernández a Berlín y allí se reencontró con Gudinni; comenzaron  a frecuentarse y, ya en México, a “discutir sobre lo que nos disgustaba de algunas formas de organizar conciertos y de cómo merecía la pena comenzar algún proyecto”, dice Hernández. Y prosigue: “En esa época (2013), hacía una serie de conciertos raros llamada ÜBG (lo que eso signifique), con una propuesta distinta cada mes. El tercero fue Umbral, una especie de colaboración con Gudinni y tuvo tanto éxito que se quedó como único proyecto y decidimos continuar con él”.

Las primeras sesiones de Umbral se hicieron en un café de la colonia Escandón y debían ser muy “discretas” para no molestar a los vecinos; pero luego hubo una sesión con necesidad de mayor volumen y a partir de ese momento se trasladaron a Actividades Mercurio, en la colonia Roma.

Umbral no sólo parte de la experimentación y de una nueva búsqueda discursiva en la música; también hay en sus actividades una propuesta política, una de las cuales, tal vez la más llamativa, es la de  hacer de cada line up un statement. Para Gudinni, esto es “una declaración de examen o cotejo del quehacer artístico en el país, una intención de enfrentamiento de las diferentes formas de expresar el sonido como excursión creativa” y para Rolando “Umbral es una obra artística en proceso. En nuestro caso hemos revertido el orden de los flyers y los conciertos, pues no creemos en ese tipo de clasificaciones. Creemos que la curva que se genera en el orden de los conciertos es una responsabilidad super importante y un gesto político; también estamos interesados en tener un balance de género en la medida de lo posible. Aunque también hay algunos matices que me gustaría mencionar: por ejemplo, en Umbral 40 no hubo ninguna  mujer y tuvimos reclamos al respecto; sin embargo, tuvimos a Alberto Montes, bailarín folclórico que comienza a trabajar en performances en las que plantea lo sonoro como eje principal y me parece que también se encuentra en un lugar de marginalidad al no existir realmente un espacio donde se pueda mostrar algo así. Entonces, Umbral debe pensarse en ese espectro también, no es solamente un espacio donde se presenta música, hay un grupo de personas detrás cuestionando, criticando y autocriticando el espacio que intentan que esto pueda ser visible”.

Umbral no se ciñe exclusivamente a lo sonoro, uno de sus objetivos es propiciar la experimentación, un término que en los primeros años del siglo XXI ha sido continuamente manoseado al grado de que hoy día no existe consenso acerca del significado de la misma. Rolando Hernández señala: “Esa es una pregunta medular para lo que sucede en Umbral. Somos muy críticos al respecto y creemos que si bien existe un grupo tomando en serio la experimentación hoy día, hay muchas personas que etiquetan proyectos por el uso de tecnología o por no ser tonales como experimental o arte sonoro, cuando realmente no existe una experimentación a nivel formal en la música o la instalación. No quiero verme purista, pero en muchos casos me pongo a pensar que es posible que el término música experimental sea más bien una categoría y una forma de hacer en vías de ser histórica. Para nosotros, el experimentar no se encuentra en el hacer música necesariamente, sino en la reflexión que existe a priori. En Umbral buscamos esos proyectos en los cuales la experimentación no se reduce a hacer noise o improvisación, sino en los que existe la formación y el desarrollo de una práctica crítica al contexto que le rodea”.

Gudinni Cortina agrega: “Experimentar en 2019 es un trance de multiplicidad, siento que lo esencial ya no son las formas, la materia ni los temas, sino las coacciones, las fuerzas o la potencia. La idea general de volverse sensible hacia el interior de una obra. Desde mi punto de vista, es un hacer sonoro más que reproducir lo sonoro”.

Dada la amplitud experimental de Umbral que abarca diversas disciplinas, mismas que en ocasiones pueden rebasar el espacio físico disponible, Gudinni señala: “Hay un criterio que indaga la aproximación de los artistas que invitamos en cuanto  al sonido, consideramos que su práctica hacia el quehacer sonoro es tácita. Ya que se establece un acuerdo con Umbral, procedemos a discusiones de ciertas piezas con ciertos artistas y la adecuación de las mismas a los diferentes lugares donde se presentarán. Proponemos el restablecimiento y ruptura de ciertos espacios que no son destinados propiamente para presentar proyectos escénicos, usamos espacios públicos, salones de fiestas, patios, etcétera”.

Si bien Umbral procura llevar un registro de sus actividades, el mismo Gudinni menciona  que se efectúa una documentación en video, fotografía o grabación de audio, pero “ya que este es un proyecto de autogestión, no podemos cubrir, por recursos económicos, las tres maneras de registro”. Rolando abunda: “Axel Muñoz ha colaborado desde un principio en el registro y en muchas ocasiones lo ha hecho más como un gesto de amistad que como un trabajo. Daniel Castrejón (director del sello Umor Rex) se ha encargado desde la sesión 1 de darle una identidad gráfica al proyecto, por lo cual tenemos un registro muy interesante”.

Algunos de los exponentes más representativos que han pasado por Umbral son Manuel Estrella, Natalia Gómez, Jean Luc Guionnet, Sachiko M, Andrea Neumnann, Anne-F Jacques, Radu Mafatti y Otomo Yoshihide, aunque Gudinni prefiere ser más diplomático al afirmar que para él “todos los artistas que hemos invitado tienen un espacio en el esquema de Umbral”.

Es Rolando Hernández quien resume: “Uno de los logros es seguir pensando a futuro después de seis años y seguir con la necesidad de autocrítica y crítica para la realización de este proyecto. Un logro material ha sido el de pasar de un proyecto en un café en la colonia Escandón, a ser uno de los festivales más grandes y eclécticos del país y de tener más de 300 artistas diferentes en tres ciudades y dos países distintos de manera casi independiente, mensualmente, y no estar locos en este momento me parece importante”.

Umbral 43. Ce Pams (Chile), Dr. Lee (Argentina), María Cerdá Acebrón (España). Jueves 23 de mayo, 20:00 hrs. Actividades Mercurio, Álvaro Obregón 240, Col. Roma.