Este disco no existiría sin una puñalada. La acción de recibir el filo de una hoja metálica en su carne fue el detonante para que Teresa Suárez Cosío —o Teri Gender Bender, el nombre artístico con el que lidera a Le Butcherettes, banda originaria de Guadalajara, Jalisco, que irrumpió en el panorama musical en 2007— hiciera un nuevo disco: bi/MENTAL.

Y no fue una agresión ajena: sucedió hace varios meses en la intimidad de su casa, en un periodo en el cual Suárez estaba realizando un cortometraje junto a sus amigos Omar Rodríguez-López (At the Drive-In, The Mars Volta) y Jello Biafra (Dead Kennedys).

“Tengo que hablar de esto porque es un diálogo y espero que mi madre también escuche para que pueda ver que no tiene nada de malo buscar ayuda”, señaló Teri a finales de enero en una entrevista para el programa radiofónico español El Sótano, de Radio 3.

La puñalada se la proporcionó su madre.

Fotografías: Yair Hernández

Viernes, 1 de febrero. 10:45 am. Teri está sentada en el recibidor del hotel Sevilla Palace, inmueble ubicado en el número 105 de la avenida Reforma. Su abrigo, vestido y labios rojos contrastan con el sillón beige donde espera desde hace diez minutos junto con Rocío Gutiérrez, encargada de gestionar todo lo referente a sus relaciones públicas desde hace varios años.

Alejandra Robles (batería), Rikardo Rodríguez-López (guitarra) y Marfred Rodríguez-López (bajo), el resto de la alineación actual de Le Butcherettes, se quedaron descansando en alguna habitación de este edificio. Llegaron la noche anterior y el jet lag aún merma su ánimo.

Pero Teri está aquí, lista para afrontar cualquier cantidad de preguntas durante este día dedicado a los medios, pues tiene mucho que contar: además de promover su nuevo material, recién salido a la venta, al día siguiente tocará en un foro de la colonia Juárez. Su única fecha en la Ciudad de México en un buen rato.

“Antes de que existiera el disco quería hacer un cortometraje. Mi amigo Omar Rodríguez-López hace dirección, entonces lo invité. También invité a Jello (Biafra) como actor, aceptó y lo volé a El Paso. Ya tenía ensayadas sus líneas: una escena donde él le está dirigiendo unas palabras a mi mamá (coprotagonista). La razón por la cual no se terminó esa película fue justo porque la enfermedad mental de mi madre —diagnosticada con trastorno bipolar— empezó a estallar y amenazó a todos con una pistola. Jello fue un gran caballero, tuvo más empatía porque él vive en medio de la locura y la normalidad”, cuenta sobre el contexto en que se comenzó a gestar bi/MENTAL.

Luego ocurrió la puñalada. En ese momento, Teri, herida, asustada y desconcertada, se atrincheró en su casa. Y comenzó a escribir. Y a entender: “Convivir en una forma social, en una fiesta, eso se me hace más difícil. Abrirme ahí. O en una conversación con un conductor de Uber, ahí sí me quedo calladita. Pero la música me abre, nos abre a todos. Al principio de la carrera hablaba mucho de feminismo, del empoderamiento de la mujer, pero me doy cuenta que eso mismo es a raíz de mi falta de estabilidad. Yo quería encontrar algo que me ayudara a entender mejor al ser humano, pero tengo que regresar a la familia para entender eso. Cuando diagnosticaron a mi madre, eso me hizo querer buscar lo que me pasa a mí y encontré otras cosas. Ahora entiendo más por qué la familia de mi madre y mi padre nos dejaron de hablar: no entendían lo que nos pasaba, lo que le pasaba a mi mamá”.

Tras el incidente, ambas se distanciaron. Por eso, en entrevistas previas Bender Gender declaró que “espero que mi madre escuche o lea esto”, para poder lograr un reencuentro. Hoy la mujer de 29 años que nació en Denver, Colorado, pero que vivió su infancia y juventud en Guadalajara, confiesa que hace unas semanas por fin hablaron…, pero no para lo que esperaba: Erick, su hermano, tuvo un problema y su madre se comunicó con ella para informarle. Nada más. Nada sobre su nuevo disco o las posibilidades de una reconciliación. “¿Mi concepto de familia? Puede estar entre lo diabólico, en el sentido de ser sangre. Para mí es sacrificio, amor, pero ese amor que permite que abusende ti”.

La familia consanguínea no se elige, pero los amigos, esa gente con la que se entrelazan relaciones que van de lo tribal a lo íntimo, sí presentan capacidad de elección. Y, como para Teri, se pueden volver una familia “reencontrada” que produce paz: “Rocío, la banda, Omar… Creemos el uno en el otro, confiamos, no nos insultamos”.

“Empoderamiento mental. No lo veía de esa forma al principio, cuando paso el enfrentamiento con mi madre, y ahora como que ya se está cerrando el círculo”, señala Teri sobre el concepto en el que se desarrolla su álbum bi/MENTAL.

Este plato está conformado por trece canciones que ahondan en la psique humana, las relaciones personales, la falta de empatía y la reinvención. “Es el disco más psicológico que he hecho”.

También la dualidad se manifiesta en este material, principalmente en un sentido técnico. Basta con ver los nombres de los temas para entender esto: "in/THE END", "nothing/BUT TROUBLE", "father/ELOHIM", "sand/MAN".

El productor anterior de Le Butcherettes fue el ya mencionado Omar Rodríguez-López, pero para este material, y por sugerencia del mismo Omar, Teri se alió con Jerry Harrison, guitarrista de Talking Heads: “Él viene de otra generación, así que sí o sí estaba de: ‘Tienen que poner puentes en las canciones’. Estuvo padre agregarles partes nuevas. Era muy trabajador, siempre se mantenía al tanto. Muy paternal. En postproducción me senté tres meses y le agregué elementos que representan lo caótico del cerebro. Hubo una no-batalla empuje con Jerry, pero fue bueno porque me ayudo a defender eso de: ‘A mí me parece que ahora sí ya está el disco’”.

Otro aspecto que resalta en esta obra —y que ha sido constante en la trayectoria de Le Butcherettes— son las colaboraciones: Jello Biafra, Alice Bag (The Bags) y Mon Laferte son artistas que participan en este material. Anteriormente, Teri compartió créditos con Iggy Pop, Henry Rollins (State of Alert, Black Flag), Shirley Manson (Garbage), John Frusciante y los Melvins.

Sobre el icónico ex vocalista de los Dead Kennedys —quien colabora en el tema “spider/WAVES”, con un discurso que originalmente pertenecía al inacabado corto de Bender—, ella explica que “es todo un personaje: nada de filtros, te dice las cosas. Es como mi madre versión hombre, pero él sí se cuida. Usa su arte, se mantiene activo tratando de ir a Ciudad Juárez a las protestas para que no se haga el muro; siempre trata de mantenerse consciente. Pero eso sí, a veces… Por ejemplo, lo invité a San Francisco para que cantará conmigo pero fue así de: ‘Es que ese día específicamente la astrología no va a estar alineada con tal estrella. Voy al show, pero no puedo subirme porque algo va a pasar’. Es muy supersticioso. Hasta los Melvins me decían: ‘Qué locura trabajar con Biafra’, pero locura de la buena. Como un personaje de The Big Lebowski. Es muy él”.

“En Alabama estábamos sacando feria para meterle gas a la Van, me bajé y empecé a hablar en español. Entonces un tipo me reclamó. Yo estaba en lágrimas. El racismo es una enfermedad mental; ese tipo quién sabe qué cosas tiene por dentro. El racismo es una enfermedad mental que se contagia, crece”, cuenta Teri sobre un episodio discriminatorio que enfrentó en los Estados Unidos, durante la actual era del presidente Donald Trump.

Por eso exalta la labor actual de los jóvenes que “son más conscientes de lo que está pasando en la política. Siento que los jóvenes están más prendidos en lo de Trump o López Obrador. En mi época la gente estaba más en su Pokemon o los tazos. Yo también tenía mi colección. Pero en El Paso noto que niños de doce años están ahí con sus carteles. Las artes van floreciendo, las pintas en las calles, todo es mucho más visual. Hay un orgullo entre los latinos más presente en Estados Unidos; ahora más que nunca es de: ‘Vamos a hablar español frente a un gringo, no importa que me vea feo’. Porque antes se vivía mucho con ese miedo. Cuando vivíamos en Denver, eran las miradas en los restaurantes o al tomar el camión en la calle”.

La vocalista confiesa que estos sucesos de intolerancia, de gente peleonera que no busca ser introspectiva, le causan rencor. “Y eso me lo digo a mí misma. Me ha costado muchas relaciones no escuchar a los demás, eso no es bueno. Últimamente, cuando estamos con los amigos, es así de: ‘¿Cómo estás?’. Y escuchar, no tomarlo personal. Uno puede ser sensible”.

Tras media hora de charla —y una advertencia de Rocío para apresurar las cosas pues tienen más compromisos agendados—, Teri sale a Reforma para dejarse retratar.

Frente al lente de la cámara, la asidua lectora de Sylvia Plath adopta gestos serios que contrastan con lo risueña que resulta al hablar. Le resulta curioso un puesto de bolero y pide una foto ahí. Antes había posado al lado de una caseta de teléfono.

Entre cada toma, Teri aborda varios tópicos: sobre las heladas en Chicago; sobre que cuando lee las entrevistas que da se suele decir: ‘No mames, ¿a poco dije eso ese día?´; sobre que, pese a lo anterior, no le desagradan las entrevistas; y sobre que descansar es algo que hace mientras espera sentada en un sillón beige dentro del recibidor de un hotel, porque descansar musicalmente no le pasa por la mente.

Al verla así, ágil, sonriente, intrépida, con un cuarto disco a cuestas, con una gira extensa en puerta, con el reconocimiento internacional, con la amistad de referentes musicales que para la mayoría son distantes, es difícil pensar que tal vez lo que ahora más anhela Teresa es una llamada de conciliación con su madre.