Músico de larga trayectoria. Compositor, percusionista y productor. Integrante de grupos como Botellita de Jerez y La Milagrosa, entre otros, además de proyectos solistas como El Sr. González y los Cuates de la Chamba, Rafael González Villegas, nombre real de quien todos conocemos como el Sr. González, posee también una estupenda pluma y ha incursionado en el mundo de los libros con Mi vida pop (2012). Entre sus discos más destacados están El Sr. González y los Cuates de la Chamba (1998), El Grao (2007), Un mundo frágil (2011) y Superviviente de mí (2014).

En fechas recientes apareció el segundo volumen de tres de su obra 60 años de rock mexicano (Ediciones B), una exhaustiva investigación que narra cronológicamente y por medio de fichas la historia del rock que se ha hecho en nuestro país de 1956 a la fecha. Con el Sr. González es nuestra siguiente charla.

¿Cómo surgió 60 años de rock mexicano, de dónde vino la idea?
Pues mira, en 2014 me buscaron para hacer lo que en ese entonces era, como idea, una enciclopedia del rock mexicano. La gente de Ediciones B se había dado cuenta de que había ese tipo de publicación en Argentina y en España, pero que no existía en México. Me explicaron que ya habían acudido a algunos personajes, pero que se habían echado para atrás porque implicaba mucha chamba. Como tenían referencia de mi primer libro, Mi vida pop, fue que me buscaron. Su planteamiento original era que hiciese un volumen sobre 500 bandas. Yo no estaba muy empapado del tema e incluso dudé si existían 500 bandas, Entonces me senté a hacer una lista de memoria y escribí los nombres de 400. Seguramente sí habría las 500 o más. De hecho, terminé por hacer una lista de mil 500. Me dieron el visto bueno y empecé a trabajar.

Sin embargo, no es exactamente una enciclopedia.
Para que aquello de la enciclopedia no se convirtiera en un tabique, propuse a la editorial que mejor fuese una historia del rock mexicano, tomando en consideración que en 2016 se cumplirían los 60 años del rock en nuestro país, si tomábamos como punto de partida la grabación, en 1956, de “El relojito”, por parte de Gloria Ríos. Si contábamos la historia ya no en términos enciclopédicos sino como una crónica, reduciríamos el número de páginas. Se aprobó la idea y decidimos que serían dos volúmenes. En 2016 apareció el primer tomo. La intención era que el segundo saliera en 2017. Seguí trabajando y –¡oh, sorpresa!– el volumen era todavía más grande que el anterior. Propuse entonces que se hiciera un tercero, prometieron analizarlo y justo en ese momento, mediados del 17, sobrevino la compra de Ediciones B por Penguin Random House. En ese momento todo quedó en el aire. No obstante, yo entregué los dos volúmenes ya terminados y aun cuando el segundo no se publicó en 2017, como habíamos convenido originalmente, el proyecto no se canceló y apareció en agosto de 2018.

¿Y cuál fue la suerte del tercer volumen?
Ya está apalabrado para que aparezca y con ello se cierre el ciclo de los 60 años del rock mexicano. Espero que salga este año.

Esta propuesta tuya de hacer más bien una crónica, ¿cómo la abordaste?
Bueno, lo que te acabo de contar fue la historia del libro a nivel administrativo. Ya yo por mi cuenta, me metí a hacer investigación y a empezar a darle forma a toda esta gran historia. Decidí hacerlo desde dos perspectivas: una que es como más personal, en la que al principio de cada década yo inicio dando el contexto de ese tiempo y luego viene, en orden cronológico, la ficha de cada grupo o solista, con una historia breve del mismo. Pero como hay bandas que han tenido una larga historia y aun siguen vigentes, en muchas me extiendo hasta la actualidad, pero siempre teniendo como base la fecha del surgimiento de cada una.

¿Cuáles fueron tus fuentes de investigación?
Fueron variadas. Existe la idea de que no hay bibliografía sobre la historia del rock en México, pero sí la hay y bastante. Sin embargo, está muy focalizada, muy especializada en ciertas áreas. Por ejemplo, la Universidad de Guadalajara tiene un libro sobre el rock tapatío, Tere Estrada sacó uno sobre las mujeres en el rock nacional, David Cortés tiene uno enfocado al rock progresivo y el llamado rock en oposición. Pero en ninguna de estas obras hay la intención de contar la historia del rock mexicano de principio a fin.

Pero está Guaraches de ante azul de Federico Arana que sí la cuenta. ¿No acudiste a ése libro?
No y voluntariamente no lo hice. No por menosprecio, sino porque como es la referencia de todo el mundo, yo no quería tener esa influencia. De hecho, en el primer tomo no están mencionados Los Sinners y Naftalina, los grupos de Arana. Pero fue por cuestiones técnicas y sí están mencionados en la edición digital y estarán en las siguientes ediciones del libro. Pero bueno, consulté bibliografía, encontré mucha información en internet y busqué testimonios directos de los personajes en cuestión, porque a muchos los conozco. De hecho, del segundo volumen conozco prácticamente a todos y me sé muchas historias. Por supuesto que siempre se corre el riesgo de estar reproduciendo mitos, así que siempre procuré tener cuando menos dos fuentes. Y está la experiencia propia. Cosas que me tocó presenciar y esa es la parte más subjetiva de los textos. Hay mucha cuestión anecdótica, alguna obtenida de primera mano con los propios músicos. Creo que los lectores se van a encontrar con historias que nunca se han contado y que no se imaginan que existen. Les va a dar una perspectiva distinta de artistas que luego cuidan mucho su imagen y que no cuentan la historia completa.

¿Los grupos que incluiste abarcan los diferentes géneros del rock?
Sí. Desde el principio del libro hago la pregunta sobre qué es el rock y es una pregunta que tiene muchas respuestas. Eso te obliga a tener un concepto que abarque mucho. El concepto al que llegué es que el rock es una música con un espíritu rebelde y que esa rebeldía proviene de una visión adolescente, más allá de que los hacedores puedan ser gente ya mayor. Al final, todos adolecemos de algo y la música que se genera a partir de este cuestionamiento, de esta rebeldía contestataria que provoca el adolecer de algo, eso es por excelencia el rock. Ahí entran otros subgéneros emparentados que además se retroalimentan entre sí: el reggae, el metal, el punk, la new wave, el techno… y surgen otros que tienen nominación de origen y algunos son nuestros: el movimiento rupestre, el etno rock, el rock mestizo y hasta el llamado rock urbano que aunque su base es el rhythm n’ blues, es mexicano. En ninguna otra parte del mundo lo visualizan y lo interpretan de esa manera. Entonces, en la selección de los grupos y solistas invitados no hay un criterio purista ni creo en ello. Traté que el abanico fuera lo más amplio posible. Considero que es un libro necesario. La historia del rock mexicano es una forma de acercarse también a la historia de México y eso es algo que quise resaltar. Existe una retroalimentación entre el país y los creadores de música. En ese sentido, el libro no es sólo para lectores rockeros sino para todos aquellos interesados en una parte de nuestra historia. Porque la historia de México se puede contar desde diferentes perspectivas.