“Algunas veces está bien simplemente regresar a la banda al garage”, dijo Dave Grohl cuando declaró que los Foo Fighters, al finalizar el 2012, se tomarían un receso tras casi dos décadas de existencia. Lo que el músico hizo no fue más que utilizar una metáfora totalmente rocanrolera que apela a su ontología fundamental: el retorno a la búsqueda de sus principios.

Ciertamente, el objetivo de esta columna no es dicho grupo sino el surgimiento, justo en aquel 2012, de uno nuevo: The Vaccines. Pero la declaración de aquel músico es sintomática y pertinente con los tiempos que corren: los del tejido interpretativo, más que creativo, y que tienen su hogar en el garage.

Fotografía: CPBFestivalsommer”, bajo licencia de Creative Commons.

El rock de garage al que en esencia pertenece Vaccines se distingue de cualquier otra música a causa de una ideología compartida que atraviesa todas sus divisiones internas y evoluciones cronológicas, la misma que conocen los aventureros desde las épocas mitológicas: la del Ulises viajero cuyo destino siempre será volver a sus orígenes.

Lo que existe ahora o vaya a existir en el futuro en esta música es inherente a lo ya sucedido desde tiempos consecutivos en aquella mítica cochera, el lugar de la creación (de ideas musicales, movimientos, corrientes y géneros) y del desfogue (para reproducir lo oído, hacer covers, piezas originales o demos).

Este género lleva en el candelero más de medio siglo de existencia, con ciclos constantes en los cuales se renueva la plantilla, se mezclan los aprendizajes recientes (técnicos, sonoros y de actitud) y se vuelve a prestar juramento al espíritu del rock and roll por medio de manifestaciones como el garage puro sesentero y el post-punk revival de la segunda década del siglo XXI, pasando por el proto-punk, el psycho, el garage underground y demás derivados.

Por lo mismo, está más vivo que nunca, con felices descubrimientos arqueológico-musicales (revivals)  o grupos olvidados de un solo hit o de fugaz existencia a los que se les reconocen sus aportaciones, así como con grandes representantes en cada una de sus épocas.

En el rock de garage que interpreta The Vaccines está el germen de la cadena biológica del rock, el que señala su ADN (con alma incluida). Su surgimiento coincidió con nombres como Jet, D4, The Retard, The Horrors, Two Door Cinema Club, The Drums, Mona o Surfer Blood (por mencionar unos cuantos), los cuales, al desconstruir sus sonoridades, fueron modelos del hipermodernismo (por sus variados aderezos sonoros de lo más indie, urbanos, eclécticos, con tendencia folk). Es importante conocer su cosmogonía, su devenir y sus claves, dada la fuerte influencia que ejercen los hacedores de dicha corriente en la música popular en general.

The Vaccines se enfrentó al difícil reto del segundo álbum con Come of Age (2012) y consiguió, tras su primer trabajo, What Did You Expect from the Vaccines? (2011), una atención mayor de la que muchas otras bandas podrían aspirar a recibir en toda su carrera. Luego vendrían English Grafiti (2015) y el flamante Combat Sports (2018). El grupo tiene fuertes lazos de sangre con el género. Comenzó su escucha oyendo a los Strokes y la continuó con la influencia directa de The Horrors, uno de cuyos miembros, Tom, es hermano mayor de Freddie Cowan, guitarrista de la banda. También participan en ella Justin Young, como compositor, cantante y líder, Pete Robertson en la batería y el islandés Árni Hjörvar en el bajo.

Con The Horrors mantienen un feroz antagonismo (como todos los buenos hermanos ingleses), mientras que de los primeros, los Strokes, que al inicio del siglo redefinieron el sonido de la década siguiente, Albert Hammond Jr. (su guitarrista) ya les produjo algún material.

The Vaccines inició su andar (en el 2010) con una gran carga: la BBC los predijo como triunfadores en el comienzo mismo de la segunda década y los nombró como la gran esperanza musical británica. Es un cuarteto londinense que suena a todo lo mejor y reconocible, desde Phil Spector a The Clash y Vampire Weekend (y sus referencias literarias).

Sus temas son cortos, sencillos, directos y pegajosos. Con una clara evolución en el sonido y un salto de los acordes mínimos a otra fase melódica; con infinidad de ganchos vociferables en cualquier lugar y circunstancia; con la debida lírica épica para entablar alianzas tanto en el bar como en los estadios.

Con ellos se tiene la sensación de que han conseguido canciones redondas, tracks eternos que revitalizan con su vacuna (post-punk revival) la sangre del género, con su buffet de afinidades selectivas: del canto dylanesco a la fuerza mod y brit; de la energía de Blondie a la actitud y el humor ramonescos o la ira stroke.

En fin, mientras otros entran al garage a regenerarse, ellos salen del mismo con la frescura de lo aprendido y el omnipresente espíritu salvaje y primitivo, con todas las ganas de divertir(se) portando el emblema de un nuevo nombre, en un cambio de ciclo.