En vísperas del estreno de su primer disco de larga duración, MATARONOMATAR, Luisa Almaguer se siente fortalecida. A pesar de todo lo que ha tenido que enfrentar por ser transgénero y mantener una labor de activismo al respecto, la cantante capitalina encontró la manera de canalizar las críticas y amenazas en pos de una constante transformación que la mantiene en resistencia.

La primera vez que Luisa Almaguer presentó canciones de su autoría fue en octubre del 2014, en una bodega de Azcapotzalco. Fue un concierto significativo para ella porque, además de marcar el debut de Lowboy, dueto del que en ese entonces formaba parte, fue el primer evento que vivió en hormonas: “Ahí ya tenía seis meses usándolas”.

Hormonas. Porque ella no siempre fue ella; antes portaba otro nombre, se veía y vestía de otra forma. Fue hasta los 22 años —actualmente tiene 26— que se descubrió transgénero y asumió el nombre de Luisa, inspirándose en un personaje de la película 8 ½ de Federico Fellini.

Con este hallazgo también le llegó un vendaval: machismo, discriminación, conflictos familiares y quiebres románticos. Para desahogar todo eso, usó un teclado y un micrófono pero ya sin alguien a su lado. Este refugio pronto rindió frutos: en octubre de 2016 salió Miljillo, un material de seis canciones clasificables dentro del synth pop que marcó el inicio de la trayectoria solista de Almaguer.

Actualmente, dos años después de ese EP, Luisa prepara MATARONOMATAR, su primer larga duración. Además, se desenvuelve como locutora, actriz, bloguera y activista. Es una artista que resiste a través de transformarse.

Fotografías: Yair Hernández

“Quiero estar como frontwoman, cantando y dando show, que no sea solo darle play a la pista. Me ponía muy ansiosa tocar el teclado, cantar y ver que todo estuviera sonando bien. Siempre estaba muy tensa y ahora no quiero eso, quiero hacer un espectáculo más orgánico, más dinámico, más musical. Me emociona. Ha cambiado (el enfoque musical) porque veo que en algunas bandas hay estancamiento; quizá mejoran por experiencia, pero mantienen el mismo discurso y siguen haciendo lo mismo”, dice Luisa sobre sus motivaciones en esta nueva etapa sonora.

Ella se reconoce como una “inventada” respecto a los aspectos técnicos de la música, por eso para MATARONOMATAR generó alianzas. La más importante: Thompson Davis (The TBD), productor que la encauzó a darle más peso a las guitarras que a los sintetizadores. También, para montar el acto en vivo, se apoyará en otros músicos.

Aunque aún mantiene incertidumbres sobre la salida del disco, porque “podría salir a fin de año aunque aún no sé nada de fechas” y sobre el recibimiento que le dará la gente porque “sigue siendo música poco accesible”.

“No soy de moda, no es música que se pueda escuchar en una fiesta o que sea muy versátil para muchos toquines. Quiero cosas muy específicas y ojalá eso no sea un problema. De repente hay banda LGBTTTI a la que no le gusta, porque no suena al ritmo. La onda LGBTTTI tiene mucho que ver con las fiestas, perreos y yo definitivamente no quepo ahí ni de chiste. Y no soy DJ. Veo cómo a otra banda le va muy bien respecto a eso, pero mi música no va por ahí. Tampoco es que hable muy abiertamente sobre misoginia, de machitos o cosas trans, aunque sí busco tener una postura, pero que se preste a varias interpretaciones. Eso también es difícil porque ahorita todo es muy directo y no hay mucho espacio para las metáforas, las analogías. Yo soy todo lo contrario: me gusta rebuscarme”, confiesa la artista.

Por eso, tras sacar el disco, se visualiza más tocando en una feria del libro que en una fiesta.

Por lo pronto, el primer pasó de MATARONOMATAR ya sucedió: a finales de septiembre salió “Básica”, el primer sencillo. La presentación fue a través de un videoclip en el cual la vocalista y su productor simulan un enlace matrimonial.

El sábado 16 de diciembre del 2017 tuvo lugar una posada en Punto Gozadera, espacio cultural cercano al metro Balderas. Pero no fue un evento cualquiera: aglutinó a la comunidad trans y Luisa fue parte del cartel musical.

“Fue increíble, me escucharon de otra manera. Estar con la banda trans después de estar en otras ondas no tiene nada que ver. ¡Me gustó mucho más! Y dije: ‘Ésta es mi onda, es el futuro’. Me dio la sensación de respaldo, que necesitaba hablar sobre eso desde un punto de vista menos heteronormado. Me abrió cabrón ver que desde quien organizó hasta quien me ayudó a conectar los cables eran personas trans, te mete en otra dinámica. Me hizo sentir muy pendeja haber estado alejada de eso”.

A partir de este suceso, la también fanática de Rita Guerrero fue “abriendo los ojos poco a poco”: empezó a relacionarse con más personas trans, activistas, iba a diálogos públicos y leía cualquier texto que abordará el tema.

Pronto se dio cuenta de “todos los privilegios que yo tenía moviéndome solamente en un ambiente hetero. No había visto otras maneras de ser trans y cuando las conocí, me volaron el cerebro; me sentí con la responsabilidad de seguir haciendo cosas que pongan el dedo sobre la llaga y hablar sobre temas que naturalmente no se hablan. Yo me indigno mucho y he hablado de cosas desde siempre, pero ahora las tengo más puntuales, he aprendido a hablar mejor y tengo un discurso mejor construido”.

Aunque Almaguer no ha sufrido actos de discriminación “muy graves”, sí ha pasado por experiencias poco gratas. Recuerda algunas: “Desde el momento en que llegas a un venue y te van a atender cuatro güeyes, definitivamente vas con una coraza; vas dispuesta a que te puedan tontear, a que te puedan hablar de puto o de joto. Por existir de la manera en que lo hacemos, todo se vuelve áspero, difícil, en especial respecto a la relación con los técnicos. En entrevistas me han hecho peguntas estúpidas: que si me he operado, que si he sido trabajadora sexual. Cosas fuera de contexto que la banda piensa porque soy trans”.

Con sus círculos cercanos tampoco ha salido airosa: “Me pasa mucho con amigas o músicos que me dicen: ‘Te admiro tanto’, ‘Qué valiente’. Esa onda de victimizarnos, esa idealización de lo trans. También esa gente que piensa que te vas a acostar con todo el mundo por tener una postura sexual o por usar minifalda. Hace poco una chica me dijo que yo era lo mejor de los dos mundos. Y yo de ‘chinga tu madre’. Esas micro transfobias, la ignorancia que hay, es áspero”.

Al principio “me emputaba”, pero ahora Luisa intenta corregir a quien se equivoca y toma las ofensas con humor.

“Seguramente no soy la única a la que le llegan mensajes de que estoy enferma, de que me van a matar”, revela Almaguer. Desde que encarna a La Virgen del Sexo —segundo semestre del 2017— en la plataforma transmedia ASCO, su imagen se ha mediatizado en las redes sociales y los comentarios transfóbicos han aparecido.

Estas muestras de intolerancia inquietan a Luisa, pero también reafirman su convicción como activista:

“De repente me empecé a dar cuenta de la responsabilidad y el eco que tenía, entonces lo empecé a tomar más en serio, a creerme una voz que merece hablar de cosas que se tienen que hablar, porque me indignan muchas cosas y me gustan otras que van a contracorriente”.

Los tópicos que aborda La Virgen en sus vídeos son masturbación, “copular rico”, “putear responsablemente” y monogamia, entre otros.

También, desde el 6 de septiembre del año en curso, Luisa presenta un bloque radiofónico por Radio Nopal que se transmite cada jueves a las 11 de la mañana: La hora trans. Este espacio busca revertir la exotización de las comunidades disidentes por medio de entrevistas que parten “del lugar más afectivo, más empático”.

Además, participa esporádicamente en trabajos audiovisuales —cortometrajes, documentales— como extra o a cargo de la dirección de arte.

Nuevo disco, videoblogs, programa de radio y proyectos audiovisuales, actividades que ocupan el tiempo de una artista que no se siente cansada sino todo lo contrario:

“Me siento mucho más segura respecto a quién soy, qué puedo dar, qué puedo hacer, pararme de una manera más contundente”. Una Luisa que se transforma para resistir y así “sentirme más hecha que antes”.