Santiago de Chile. Hace unos años, un diario español tituló “Chile, nuevo paraíso del pop” a un reportaje que revisaba una serie de discos chilenos de pop independiente de la generación liderada por la cantautora Javiera Mena. ¿Cómo es que un país pequeño y situado en el fin del mundo produce tanta música interesante? Porque la principal paradoja es que no hay mercado para consumirla.

Javiera Mena

El mayor fenómeno de la música chilena de los últimos años se llama Mon Laferte, cantante que tras participar en el exitoso programa de TV caza-talentos Rojo fama contra fama, tomó sus maletas para buscar oportunidades en México y tras varios años en el underground, su tercer álbum, Mon Laferte Vol.1 (2015), grabado en casa con amigos, la convirtió en un éxito en México y regresó a su país natal con firma internacional. Laferte combinó la canción “cebolla” (la música AM) con la potencia del rock y su voz, tal como antes lo hicieron también otros chilenos, Los Ángeles Negros, quienes conquistaron México en los años setenta. La fama de Mon Laferte (millones de reproducciones en plataformas) es transversal. Desde la afamada Myriam Hernández (favorita de grandes autores como Armando Manzanero o Juan Carlos Calderón), Chile no exportaba una cantante en las grandes ligas iberoamericanas.

A partir de la década de los cincuenta, Chile ha logrado exportar a algunas de sus figuras al mercado internacional. El famoso bolerista Lucho Gatica (de actuales 89 años) y su contemporáneo Antonio Prieto (1926-2011), la cantautora Violeta Parra (con la universal “Gracias a la vida”), el ya mencionado grupo Los Ángeles Negros, el rock-folclore de Los Jaivas, los conjuntos folclóricos Inti Illimani y Quilapayún (emblemas de la Unidad Popular de Salvador Allende y de lo que fue el exilio político chileno después del golpe de Estado de 1973), el grupo de punk rock Los Prisioneros en los ochenta y la baladista Myriam Hernández, hasta llegar al pop de La Ley y Kudai y al reggae de Gondwana (una de las bandas pioneras del circuito latinoamericano).

Gondwana

En los últimos diez años, nombres como Javiera Mena y Gepe renovaron la escena local, en un proceso que pasó del indie-pop al pop radial, de shows para 200 personas a recintos para 5 mil. También destacó la rapera Ana Tijoux, nominada varias veces a los premios Grammy y catalogada como una de las voces más influyentes del rap latinoamericano. Más recientemente, se han consolidado nombres como los de Alex Anwandter, Francisca Valenzuela, Pedro Piedra y Fernando Milagros, en el pop que suena en radios y moviliza público, lo mismo que Manuel García o Nano Stern en el folk. En el caso del dúo Dënver, acaban de anunciar su separación mientras que la solista Camila Moreno entró en receso indefinido de los escenarios.

Ana Tijoux

La cumbia de Chico Trujillo permanece en grandes carnavales y tiene alguna responsabilidad sobre una escena de bandas que renovaron los sonidos bailables. Moral Distraída y Santa Feria llenan pequeños y grandes recintos, mientras que “Macha” Asenjo, líder de Chico Trujillo, encabeza el proyecto de boleros El Bloque Depresivo, el cual, ajeno a los medios de difusión tradicionales, llena grandes teatros. Por último están Los Vásquez, quienes combinan canción ranchera con canción romántica y están entre lo más tocado en las radios desde hace años.

Considerando que Chile es un país política y económicamente estable, muy conectado a Internet (más del 87 por ciento de los hogares tienen acceso a la red), el mercado de la música en vivo goza de buena salud, según los números de la AGEPEC ( Asociación Gremial de Empresas Productoras de Entretenimiento y Cultura). En 2017, se realizaron en Chile 334 eventos internacionales con venta de entradas, a los cuales asistieron 1.546.052 personas, una cifra que generó una recaudación de 120 millones de dólares. Pero las cifras a nivel local suelen ser muy distintas. La realidad para la mayoría de los grupos nacionales es actuar en salas de 200 o 300 personas y, los de mayor convocatoria, en teatros para mil asistentes. Sólo los más consolidados pueden aspirar a escenarios grandes, como el Teatro Caupolicán (4 mil 500 localidades) y el Movistar Arena (con formatos de 6 mil, 12 mil y 16 mil personas). Casi no se venden discos físicos (algunas tiendas especializadas mantienen el formato) y la mayor difusión se está concentrando en el digital y los festivales (Lollapalooza, La Cumbre del Rock Chileno, Fauna Primavera y el siempre influyente Festival de Viña del Mar).

¿Qué se podría seguir hoy? Hay varias bandas que están marcado la pauta. We Are The Grand acaba de lanzar su primer disco en español, Raíz (2018), con un pop refinado y macizo. Planeta No! prepara nuevo disco con su pop más directo y bailable, mientras Miss Garrison proyecta más atmósferas en clave de trip-hop (con la misma cantante del grupo Rubio). Llamativo lo de (Me Llamo) Sebastián, un cantautor de alto contenido LGTBI con tintes de humor irónico. Y del programa de televisión La Voz Chile salió la futura estrella del pop chileno, Camila Gallardo, de las pocas artistas locales que graban para un sello multinacional (Universal).

En el indie, el sello Quema Su Cabeza (Gepe, Pedro Piedra) está presentando al grupo Niños del Cerro y la etiqueta Música del Sur a una de las sorpresas de la temporada: la banda No Bailo, con el sencillo “Los de verdad”.

Gepe

Desde México, los ex integrantes de Los Bunkers (la banda chilena de pop-rock de mayor ascenso de la década pasada) caminan con su nuevo proyecto, Lanza Internacional, que posee un sonido más new wave. Entre tanto, la chilena radicada en Valencia, España, Soledad Vélez, acaba de sacar su primer álbum en español, Nuevas épocas, y dos joyas: Inverness (rock pop alternativo) y Arranquemos del Invierno (folk emocional) han colaborado en dos películas del director chileno Matías Bize (La memoria del agua y La vida de los peces).

Al parecer, la historia señala que hay que salir del país andino para poder mover las piezas, quizá porque es un territorio muy lejano. Como dijo el productor de discos Cristian Heyne: “Chile produce mucha música, pero no la puede consumir”.

Roberto Carreño Parra
Twitter: @robertocarreno