Un grupo de amigos, entre ellos Niclas Gerull (bajo), creció en Rendsburg, al norte de Alemania. En la frontera de esa localidad está Fockbeck, residencia del guitarrista Nico Seel, quien al concluir la primera década del presente milenio fundó The Space Spectrum, proyecto en solitario de rock sicodélico espacial que tiempo después devino en una agrupación formal.

Niclas encontró en Seel el amigo idóneo para charlar de arte, música, cultura y, especialmente, drones. Cuando comenzó a estudiar diseño gráfico, resultó la persona adecuada para hacerse cargo del arte de los álbumes de The Space Spectrum.

Fue entonces que ambos comenzaron a dar forma a un proyecto enfocado en largos y meditativos drones con diferentes influencias que funcionaran sin grandes artificios. “La naturaleza y la realidad de los seres humanos fue lo que nos guió. Eso y el contraste de nuestros caracteres que se acomodó para formar una unidad”, dicen. Así nació Father Sky Mother Earth y es que el “padre cielo” combinado con la “madre Tierra” crea lo que yace entre esos polos.

El nombre lo tomaron del álbum homónimo de The Cosmic Dead (2011), banda con la cual tienen una gran conexión. Niclas y Nico afirman que su dueto “es un nuevo lenguaje de comunicación auditiva que yace profundo y es el centro principal de la mayor parte de su tiempo libre”.

En 2016 debutaron con una producción epónima en cassette, obra cuya portada, en blanco y negro, es un simbolismo de los dos instrumentos de cuerda (bajo y guitarra) utilizados en su grabación, pero además se refiere a la aerósfera que es lo que mantiene viva a la madre Tierra. “El padre cielo —escriben en su bandcamp— es el cosmos, un guardia que vigila a su hijo: la ecología de este planeta”.

Dos largos temas dan forma a esta primera producción. En “Father Sky” resuenan las cuerdas como si fuera un cuerno que anuncia una batalla. A partir de ese momento, entramos en una senda imprecisa, un camino que nos adentra a esa región desconocida que es nuestro interior. Ese drone inicial, que permanecerá a lo largo de todo el corte hasta volverse inquietante, verá reforzada esa ominosidad por el golpeteo de la batería, también siempre presente, pero sin llegar a la saturación. Hay tensión, estados hipnóticos y obviamente la intensidad aumenta progresivamente y teje una tela de araña de la cual es difícil desembarazarse. “Mother Earth”, la otra composición, es igualmente pesada, un drone infinito, terrible, denso, pesado, una loza que inmoviliza.

Básicamente son las cuerdas sobre las cuales gravita la música de Father Sky Mother Earth, pero añaden batería y diferentes instrumentos del mundo —de Arabia o India, por ejemplo— durante la producción, mediante la computadora.

Es música compuesta en su totalidad. “En ocasiones —señalan— nos juntamos para improvisar y crear estructuras a partir de ello. Al final, aunque puede sonar variable, todo el tiempo está arreglado, cambiando pequeños detalles de tiempo en tiempo, de un concierto al siguiente, de la primera grabación a una regrabación. Lo que nos separa de otras agrupaciones es que no hablamos de música todo el tiempo o de qué tan pesadas, diabólicas u oscuras marchan las cosas. Es una condición humana lo que nos une. Y este contraste de espíritus es lo que puedes escuchar”.

Siete meses después de su primera producción y nuevamente en cassette, la dupla da a conocer Across the River of Time. En la portada, en tono sepia, aparecen unas montañas y sobre éstas unas ovejas que han vivido en este exilio frío y de piedra durante generaciones. Como en su predecesor, aquí la densidad se ahonda, el tono oscuro prevalece (“The Return of Alhazred” comienza con un fragmento de una narración de H.P. Lovecraft), pero la batería que guía ambas composiciones se escucha más seca, mientras la guitarra crea pasajes más sicodélicos y junto al bajo genera un estado de vulnerabilidad. Dos discos de sicodelia y drones, de lento desarrollo, en los cuales no hay exabruptos, pero en los que al final se termina abrumado por la pesadez desplegada.

Father Sky Mother Earth regrabó hace poco sus primeras producciones, “porque sentimos que tenemos que recapturar el momento y analizar nuestro acercamiento a eso”. También preparan para mediados de este año la aparición de su primer vinil: “Desde nuestras grabaciones de 2016 hemos aprendido más técnicas musicales que buscamos poner en práctica en esa grabación. Ahora podemos ‘audioalizar’ mejor lo que sentimos. Pero nuestro lenguaje también ha cambiado desde 2016 y por lo tanto esta grabación será especial, ya que combina dos personas distintas en dos diferentes momentos de tiempo”.

Concluyen: “Podríamos hacer dos álbumes en un mes, tiene que ver con el momento y el humor en el cual nos encontremos en ese instante. La música representa nuestra alma en un cierto periodo. Por otra parte, también podríamos hacer un álbum en dos años, depende de lo que queramos alcanzar con una realización, en qué dirección la música como un lenguaje visual podría ir en la siguiente grabación. No es una cuestión de calidad o cantidad. Con cada producción damos lo mejor para transcribir el momento. Y si este lenguaje no es entendido, sino sentido, sentido de la misma manera, eso es justo lo que buscamos”.