Daydream Nation (DGC/Geffen Records, 1988) es el álbum más representativo de Sonic Youth, la banda de free noise–art rock más importante del pasado fin de siglo. Amos del feedback, la distorsión y la vanguardia crítica, fieles a su propuesta desde su primer disco (Confusion is Sex, 1983), estos cuatro neoyorquinos crearon un estilo inconfundible, derivado tanto del post-punk (Television, The Patti Smith Group, Iggy & The Stooges) como de la música de The Velvet Underground y de Neil Young en su vertiente más densa y ruidosa.

Con Daydream Nation –su quinta incursión discográfica–, el cuarteto produjo una obra maestra, un álbum doble (sencillo en compacto) que es como una bomba desafiante y siempre a punto de estallar. Mediante la alternancia de tensos guitarreos, voces angustiosas, ritmos intensos, largos pasajes instrumentales de tendencia hipnótica y súbitas explosiones furiosas, las catorce composiciones que dan forma y contenido a este singular trabajo poseen un alto rango de intensidad emocional.

Al contrario de los grupos de punk, los cuales apostaban por el caos y la destrucción, Sonic Youth tiende a la deconstrucción inteligente de la música. Esto es muy claro en este álbum que, paradójicamente, es al mismo tiempo conceptual y anticonceptual. Conceptual, por su tendencia temática unificadora; anticonceptual porque la música del grupo es como una fuerza centrífuga que se niega a concentrarse en un solo punto.

Thurston Moore y Lee Ranaldo realizaron en Daydream Nation un trabajo guitarrístico que marcaría en forma definitiva, como con un hierro al rojo vivo, el desarrollo futuro de la banda. Lo mismo puede decirse de las vocalizaciones del propio Moore y de la bajista Kim Gordon, así como de la batería siempre precisa de Steve Shelley.

Sólo en apariencia caótica y atonal, la grabación transita por composiciones de desconcertante poderío. “Teen Age Riot”, “Silver Rocket”, “The Sprawl”, “Total Trash”, “Kissability” o la trilogía conformada por “The Wonder”, “Hyperstation” y “Elimination Jr.” son como minas sembradas en descampado, a la espera de que el escucha las pise y vuele por los aires hecho pedazos.

Daydream Nation vino a demostrar que el arte y el rock punk también podían conjugarse y Sonic Youth se encargó de hacerlo patente por medio de sus grabaciones y sus actuaciones en concierto, pero sobre todo al crear un sonido que ha sido imitado en todo el mundo y que definió toda una escuela: la del ruido, la distorsión y las notas musicales viciadas como medio de expresión artística en un enunciado de difícil traducción: la escuela del free noise–art rock.