El chiste surgió de manera espontánea. Platicaba hace cinco años con unos amigos acerca de la cercana visita de The Cure a México en 2013 y hablábamos sobre las virtudes y carencias de su líder sempiterno, el peculiar Robert Smith, cuando se me ocurrió decir: “Lástima que siempre ha querido imitar a Saúl Hernández”. Todos rieron de buena gana, pero en esa ironía se esconde una verdad que marcó al rock nacional a finales de la década de los ochenta del siglo pasado. No que Smith hubiese querido imitar a Hernández, por supuesto (de hecho desconozco si el británico habrá escuchado en alguna ocasión al mexicano), sino precisamente lo contrario.

Remontémonos a 1986, cuando surgió esa que más que una corriente musical fue una marca claramente comercial: Rock en tu idioma, patrocinada por la hoy ya desaparecida disquera BMG Ariola. Para ese entonces, The Cure, surgido en Crawley, Inglaterra, diez años atrás, ya había grabado siete álbumes (Three Imaginary Boys, 1979; Boys Don’t Cry, 1980; Seventeen Seconds, 1980; Faith, 1981; Pornography, 1982; The Top, 1984 y The Head on the Door, 1985) y su sonido melancólico, oscuro, con la voz llena de angustia de Robert Smith, era un sello que se consolidaría con sus dos siguientes discos: Kiss Me, Kiss Me, Kiss Me (1987) y la que para muchos es su obra maestra: Disintegration (1989).


Robert Smith

El movimiento de rock gótico o dark que por ese entonces encabezaban bandas como Siuoxsie and the Banshees, Love and Rockets, The Sisters of Mercy, Cocteau Twins, Human Drama e incluso, de alguna manera, Depeche Mode y el propio The Cure, tuvo una gran influencia en todo el mundo y en México, en particular, donde era muy difundido por la estación radiofónica Rock 101, pegó en ciertos sectores juveniles de la clase media urbana. De ahí que comenzaran a aparecer grupos mexicanos de rock darky, algunos de los cuales fueron adoptados (y adaptados) por el naciente negocio que habría de ser Rock en tu idioma. De ese modo, agrupaciones y solistas que hasta ese momento pertenecían a la escena oscura y pretendidamente underground, firmaron gustosos con una disquera que les prometía grabaciones más o menos decentes y una buena difusión de su música. Proyectos como Alquimia, Neón, Santa Sabina y Caifanes, entre varios más, pasaron a formar parte del catálogo de BMG Ariola.

Los dos últimos mencionados fueron quizá los que en un principio abrazaron con mayor pasión la causa gótica. Musicalmente, Santa Sabina y Caifanes resultaban muy diferentes. Los primeros lograron desde el principio un sonido particular que de alguna manera los hacía escucharse originales y muy diferentes a cualquier banda dark inglesa o estadounidense.

The Cure, 2016

Caifanes, en cambio, cuando menos en sus dos primeros discos (e incluso antes, desde que era Las Insólitas Imágenes de Aurora) no ocultó su gusto por imitar abiertamente a The Cure y no sólo en su música, sino en la manera de vestir, de cortarse el cabello, de maquillarse, hasta de moverse en el escenario. Para muchos de sus fanáticos (en el más estricto sentido de la palabra), su líder, Saúl Hernández, era “el Robert Smith mexicano” y lo decían con orgullo, sin afán de crítica alguna, sin la intención de parodiar. No sé a ciencia cierta si a Hernández le agradaba la comparación. Sin embargo, lo que sí resulta obvio es que lo tenía como modelo físico (para comprobarlo, basta con ver las fotos de Caifanes en 1988) y sobre todo vocal (el timbre angst de Hernández le debe muchísimo al de Smith y para comprobarlo, basta con escuchar cualquier disco de Caifanes —no sólo el de 1988— o Jaguares).

Lo curioso es que el estilo de cantar de Saúl Hernández, tomado de Robert Smith, sería imitado a lo largo del tiempo por otros vocalistas mexicanos y ahí están, como dos pruebas vivientes, los cantantes (es un decir) de grupos como Porter y Capo. De hecho, cuando dirigía yo la revista La Mosca en la Pared, con frecuencia recibía demos de agrupaciones de varias partes del país. En las cartas de presentación que solían acompañarlos, me decían que el suyo era un sonido original, único, algo jamás oído. Sin embargo, los escuchaba y en su inmensa mayoría contaban con un vocalista que intentaba imitar la voz de Hernández (quien imitaba a su vez a…).


Caifanes, 1988

Así pues, The Cure no ha venido a territorio ajeno las dos o tres ocasiones en que se ha presentado en México. Miles de caifanófilos (y otros que no lo son) han estado en sus conciertos para escuchar sus canciones que, de ser alguna vez oscuras y subterráneas, hoy forman parte del mainstream de la música pop. Caprichos del tiempo, ironías del destino.

 

 

Un comentario en “Memorias de un melómano sarnoso:
The Cure y su influencia en México

  1. Muy acertado tu artículo Hugo. Aunque la influencia de The Cure es inmensa y en muchísimas direcciones. Me atrevería a decir que muy probablemente sea la banda más influyente de las últimas 3 décadas o por lo menos entre las primeras 5. The Cure es tan determinante para el rock alternativo como podría ser Sonic Youth, Pixies, Bauhaus, Televisión, Depeche Mode, The Jesus and Mary Chain, Joy División o más. Su música es mucho más que la pobre etiqueta de Dark o Goth pop. Son muy versátiles y para muchos la banda alternativa por antonomasia. Llevaron al mainstream la música alternativa y abrió paso para la explosión del grunge. Y todavía hay personas que dicen que los ochenta son una mala década, al menos en la música underground (como se le llamaba también) fue una década prolífica y muy rica en estilos, propuestas, obras seminales y clásicos. No todo fue mainstream. The Cure hizo proeza, leyenda y tiene como tú lo dijiste una discografía fuera de serie. Me parece que Robert es un genio. Me atrevo a decirlo.Saludos!