En la mitología griega, Apolo, hijo de Zeus, era descrito como el Dios de la Divina Distancia que amenazaba o protegía desde los cielos, siendo identificado con la luz de la verdad y representado con el Sol. Asimismo, desde el desierto de Chihuahua desemboca un torrente de luz a manera de riff, en un rock clásico contundente, una iluminación y un sonido eléctrico –ecléctico– que hace gala de su energía e iridiscencia en todos los escenarios que ilumina.

Es Apolo, un grupo de rock fundado en enero de 2007, basadao en las corrientes artísticas postmodernistas e influenciado por el rock psicodélico de los años 70. Ha grabado, además de un inicial EP homónimo, El momento es hoy, Apología, Desterrados, Fuiste mía un verano, Tercer solar (del que se desprenden “Lobo estepario”, “Siddhartha” y “Viaje astral”, temas todos basados en la obra literaria de Herman Hesse) y Guardián, producido por Omar Rodríguez-López.

Apolo sabe que el desierto representa nuestra tierra, las dificultades para adaptarnos al entorno y la escasez. Lo precario y lo muerto, el latente recordatorio de que la vida es una lucha.

La agrupación ha dicho que forjar música desde Chihuahua es interesante, “dado que la exposición es meramente local. A pesar de los medios digitales, los shows en vivo son muy locales todo el tiempo. Pero una vez que sales, te das cuenta de que las propuestas tienen por lo general tintes muy propositivos”.

Opinan que la vecindad geográfica y cultural con los Estados Unidos ha moldeado su música, debido a que es un factor de influencia muy importante en todo músico, pero que su rock se toca “sin etiquetas”, porque definir es limitarse. Desde el año 2007 comulgan religiosamente con el rock, entregándose a él, disfrutándolo y pregonándolo.

Apolo recuerda las excentricidades de Omar Rodríguez-López al momento de producirlos. Grabaron las baterías sin darse cuenta de que Omar las estaba registrando, “hizo eso para que tuviera un sonido más natural”.

Sin lugar a duda, Apolo piensa que el riff es el mejor aliado del músico y que existe una transformación bestial en el escenario por parte de ellos, algo que nos recuerda a los Stooges; esa metempsicosis ha surgido persistentemente: “siempre nos pasa igual, no es lo mismo estar platicando con tus amigos en algún lugar que estar ejecutando tu instrumento ante un público, lo segundo nos hace vibrar de maneras muy diferentes”.

Actualmente, Apolo se ha centralizado, mudándose a la Ciudad de México para tener mayor exposición. “para bien o para mal la capital es un punto de convergencia cultural muy vasto”.