Hace 37 años, David Chapman asesinó a John Lennon en la entrada del edificio Dakota, en Nueva York, donde residía con su pareja Yoko Ono y su hijo Sean. El número 37 no ejerce ninguna fascinación, no es un número redondo ni forma parte, hasta donde sé, de alguna cábala. Es un número y ya, un número a secas que tal vez anuncie, como aniversario, la apropiación plana, sin más, de una vida y una obra como la de Lennon, acaso podría decirse su “consumo” por parte de las redes sociales, sobre todo Facebook, ahora mismo.

¿Qué les dice un personaje como Lennon a las generaciones de jóvenes hoy día? No lo sé, pero sospecho que los remite a la imagen de un “soñador” que quería construir un mundo mejor:

You may say Im a dreamer
But Im not the only one
I hope some day youll join us
And the world will be as one

Y entonces, ese hábito de percepción que ha modelado su mente los programará para celebrar a John Lennon: “Acompañemos a Lennon en la fecha de su muerte, pongamos un post en nuestro muro de face con alguna de sus frases, incluida la que nos parece más radical de todas ellas: God is a concept / By which we measure our pain…”.

Seguirá siendo cierto, sin embargo, que, contra el velo romántico con que el mainstream protector ha cubierto su recuerdo, Lennon fue un tipo más bien contradictorio. Individualista inveterado: “Mi nombre no es Beatle John. Es John Lennon”. Y también nostálgico de un Edén con campos de fresa: “Let me take you down ‘cause I’m going to /  Strawberry Fields…”. Y convocante a un cambio por la vía del peace and love, justo en 1968, año de una moderna cabalística:

You say you want a revolution
Well, you know
We all want to change the world
(…)
But when you talk about destruction
Don´t you know you can count me out

Pero esa percepción no encaja con los contemporáneos hábitos de percepción, con la lógica binaria que dinamiza las redes sociales, con los algoritmos en que se consume la cibernáutica imaginación. O eres o no eres. Eres una cosa o eres otra. No hay Walt Whitman: no hay contradicción que valga, nadie contiene multitudes. Feminista o misógino, honesto o corrupto, joven o viejo, político o ciudadano, héroe o villano. Soy tu fanático o tu linchador.

Y  pues sí, en algún momento Lennon imaginó un mundo sin cielo y sin infierno, pero poco antes de caer herido de muerte, lo que más quería era vivir mirando las ruedas dar vueltas y vueltas, ser feliz con una mujer a la que difícilmente podía explicar su amor y hacer que un pequeño llamado Sean entrecerrará sus ojos y dejara de sentir temor.

Un fanático que no entendió nada de esto le disparó cinco balazos un 8 de diciembre de 1980.