La simiente del rock está en el power trío. Es una dotación instrumental clásica (guitarra, bajo y batería) que ahora se antoja muy básica y algunos incluso la consideran vieja; no obstante, hay una diferencia entre ser viejo y ser obsoleto. Probablemente quienes la descalifican lo hacen porque no pueden entender que esta formación, a pesar del paso del tiempo y lo limitado que se antoja a los ojos de unos, contenga fuerza, poderío, energía y los componentes necesarios para dinamitarlo todo en unos cuantos minutos.

Radio Moscow (Parker Griggs, guitarra, voz; Anthony Meier, bajo; y Paul Marrone, batería) pertenece a esa estirpe de larga tradición que apela a lo directo y hace a un lado las mascaradas. El trío, formado por Griggs en 2003, ha grabado hasta el momento una quinteta de álbumes en los cuales ha plasmado una música potente, ácida, muy rugosa, visceral que, de entrada, recuerda a agrupaciones como Cream, Blue Cheer o The Jeff Beck Group, pero, particularmente a The Jimi Hendrix Experience.

Un debut epónimo (2007) encuentra a Griggs y compañía instalados en una vena sicodélica; sin embargo, conforme el tiempo ha avanzado y se han sumado las producciones, Radio Moscow se ha adentrado a una veta stoner en la cual se mueven con gran comodidad. (¿Cuáles son los límites entre un subgénero y otro? ¿Qué separa al stoner de la sicodelia? Mucha tinta corre y resulta complejo definirlos con precisión, máxime cuando existen grupos con un pie a cada lado de la línea divisoria).

Un rock como el desplegado por el grupo requiere de una sección rítmica compenetrada, “amarrada” y sólida que permita a la guitarra, convertida en el timón de la embarcación, impulsar a esta nave por territorios diversos, algunos muy conocidos, otros ignotos. Esa mano firme es la de Griggs, su instrumento de seis cuerdas es la cara de Radio Moscow y se maneja cual si fuera un explorador, porque el trío es la clase de agrupaciones en las cuales uno sabe donde o cómo comienza un trayecto, pero se desconoce el destino final.

Cierto, tampoco importa demasiado el final. Si algo hace divertido y atrayente a esta vertiente, me parece, es lo que sucede en el viaje, en la parte media, en las largas exploraciones que hace Griggs, en sus solos que por momentos parecen interminables, en su capacidad para imaginar caminos y no internarse siempre por el mismo.

En la vida de Radio Moscow hay discos representativos, pero ninguno alcanza a reflejar adecuadamente su vigor. Uno puede elegir algo de The Great Escape of Leslie Magnafuzz (2011) o regodearse en el reciente New Beginnings (2017), pero siempre hay una deuda por saldar. Radio Moscow es dinamita y eso sólo puede apreciarse en sus directos. Prueba palpable es Live in California, placa que despide fuego en cada uno de sus temas.

Radio Moscow llega a nuestro país con nuevo disco bajo el brazo y cero afeites. Habrán de dar una demostración de su poder en un concierto el próximo 2 de diciembre en Sala Corona, en una noche que promete y en la que compartirán cartel con Motor, Earthless y Alpine Fuzz Society, la última banda que conjunta elementos de Earthless y Radio Moscow.