Para Adolfo Cantú,
con quien lo descubrí en mi adolescencia.

A principios de los años setenta, Yes se encontraba en la cumbre de la fama gracias a su cuarto disco (Fragile, 1972) y a su composición “Roundabout”, que en su versión editada alcanzó gran popularidad en las estaciones radiales del mundo entero y permitió dar a conocer al grupo a nivel masivo. El compromiso para su siguiente obra era enorme. Tenía que superar la calidad de su trabajo anterior… y lo logró. Close to the Edge representa la cresta temprana pero definitiva en la larga carrera de este grupo, uno de los más importantes del rock progresivo de todos los tiempos.

En una época en la cual los discos conceptuales y con pretensiones artísticas eran moneda común, aunque no siempre lograda, Close to the Edge logró trascender su momento y conservarse fresco e inventivo a lo largo de los años, para convertirse en un verdadero clásico.

Jon Anderson (voces), Steve Howe (guitarras), Chris Squire (bajo), Bill Bruford (batería) y Rick Wakeman (teclados) eran la alineación de Yes en este álbum. Juntos lograron elaborar tres largas composiciones en las que cada uno aportó lo mejor de sí. Wakeman se sintió a sus anchas para dar color a los temas mediante su elaborado uso de los sintetizadores, el órgano y el melotrón. Anderson contó con el aire suficiente para llevar sus vocalizaciones a los más altos niveles. Howe siguió sorprendiendo con su virtuosismo en las guitarras eléctricas y acústicas, al crear figuras asombrosas que siguen siendo estudiadas por los músicos actuales. Squire, por su parte, convirtió al bajo en un instrumento protagónico, con algunas intervenciones estremecedoras. Por último, Bruford —quien poco despúes emigraría a King Crimson— cumplió una labor sólida e igualmente importante.

En su momento, algunos críticos acusaron a Yes por su sonido “grandilocuente y pantagruélico”. Sin embargo, era claro que se trataba de un quinteto formado por espléndidos músicos, el cual había conseguido una conjunción que le permitía desarrollar una dinámica llena de contrastes armónicos, cambios rítmicos y melodías plenas de belleza. Yes tenía una notable facilidad para pintar atmósferas y abrir espacios musicales de una manera cada vez más expansiva, para detenerse y regresar a los orígenes en una propuesta a veces circular, a veces espiral. Era una agrupación llena de ideas y en este disco ello queda más que claro.

Desde un punto de vista estrictamente musical,Close to the Edge es un álbum muy cohesivo, sin fisuras, con un lenguaje que sigue siendo atractivo para quienes lo escuchan a casi medio siglo de distancia. Sus letras en cambio no han podido sobrepasar la prueba del tiempo y hoy día resultan claras muestras de limitada poesía y cándida ingenuidad. Debidas a Jon Anderson, las palabras de pronto parecen acomodadas como un simple pretexto para ser vocalizadas y no para expresar ideas, mensajes o sentimientos. No obstante, la grandeza de la música hace olvidar eso y lo obvia sin problemas.

El álbum inicia con la pieza de cerca de diecinueve minutos que da título al mismo. Luego de escuchar ruidos ambientales y el trinar de aves, una larga introducción musical  abre “The Solid Time of Change”, la primera de las cuatro partes que conforman la suite “Close to the Edge”. Cuando entra la voz de Anderson, la majestuosidad de la composición va cobrando forma. El cantante alcanza tonos a la vez dulces y poderosos, mientras sus compañeros lo apoyan con una singular instrumentación. Las otras tres partes del tema (“Total Mass Retain”, “I Get Up I Get Down” y “Seasons of Man”) crean y recrean atmósferas etéreas y ambientes fantásticos, con los teclados de Wakeman que desbordan creatividad sin límites, hasta desembocar en un gran final lleno de emotividad y grandeza que se diluye de nueva cuenta en trinos de aves, sonar de agua y tintineo de campanas.

El momento más accesible lo da la primera parte del segundo tema: “And You And I”. La guitarra acústica de doce cuerdas de Steve Howe abre con una de las figuras instrumentales más célebres de la historia del rock. Se trata de una composición de inefable hermosura, una pieza feliz y conmovedora, fiel al espíritu hippie sesentero que perduraba aún sin extinguirse del todo. El optimismo brota a raudales y recorre cada fragmento de esta segunda suite, en la que los juegos entre la guitarra howeiana, los sintetizadores de Wakeman y la voz de Anderson dan sentido, en toda su extensión, al concepto de lo lúdico.

Close to the Edge concluye con el corte “Siberian Khatru”, el tema más duro y rocanrolero del disco, con la guitarra de Howe desbordante en riffs que suben y bajan a una velocidad asombrosa. Las vocalizaciones son confusas e incluso crípticas. Wakeman incluye un clavicordio y Howe un sitar. Es una carrera instrumental, una pieza que parece ir a bordo de un trineo que desciende vertiginoso por la ladera de una montaña siberiana y que concluye, dijo algún comentarista, con un poderío a la Stravinsky.

Close to the Edge es una obra maestra del siglo XX, un disco que Yes jamás pudo superar a pesar de su larga permanencia, llena de transformaciones, en la escena del rock. Cerca del precipicio, lejos del vacío.