La muerte es el tema central de estos días, como lo es cada principio de noviembre en México y en el mundo. También es el tema central de múltiples composiciones de todo tipo, como las diez que a continuación presentamos para el mortuorio deleite del lector.


1.- “All Things Must Pass”. George Harrison. En su primer álbum como solista, luego de la separación de los Beatles, Harrison presentó una extraordinaria colección de canciones, entre las cuales destaca la que da nombre al disco triple de 1970. “Todas las cosas deben pasar”, dice el buen George, imbuido por la filosofía hinduista.


2.- “In My Time of Dying”. Led Zeppelin. “Al llegar mi hora de morir, no quiero que nadie me llore / lo único que te pido es que lleves mi cuerpo a casa”, canta Robert Plant en está fantástica canción-plegaria llena de blues, perteneciente al álbum Physical Graffiti de 1975. Una joya, con la asombrosa guitarra de Jimmy Page y la contundente batería de John Bonham. Soberbia.


3.- “Knocking on Heaven’s Door”. Bob Dylan. Tocar a las puertas del cielo, como metáfora de la muerte que se aproxima inexorable. De eso habla esta gran composición de Dylan que formó parte de la banda sonora de la película Pat Garrett and Billy the Kid, dirigida por Sam Peckinpah en 1973. La versión en concierto que aquí presentamos es sencillamente prodigiosa.


4.- “Dead Flowers”. The Rolling Stones. Un gran tema plenamente country, contenido en uno de sus más grandes álbumes, el Sticky Fingers de 1971. “Puedes mandarme flores muertas cada mañana / Mandarme flores muertas por correo / Mandar flores muertas a mi boda / y yo no olvidaré poner rosas sobre tu tumba”. Grandiosa.


5.- “What’s Good”. Lou Reed. En 1992, Reed produjo el disco Magic and Loss, con 14 canciones que hablaban sobre la enfermedad y la muerte. Su gran amigo, el compositor Doc Pomus, acababa de morir de cáncer y Lou le dedicó completo el álbum, sin caer en atmósferas depresivas; todo lo contrario: tratando de ver las cosas de la manera más natural y dulce posible. Un gran disco conceptual a la altura del arte.


6.- “Lazarus”. David Bowie. Una canción escalofriante, sobre todo si la ponemos en el contexto de lo que era la inminente muerte de Bowie, quien la grabó a sabiendas de que le quedaban pocos meses, quizá semanas, de vida. Dramática, angustiosa, dura, pero a la vez resignada y sabia, “Lazarus” es prácticamente un epitafio dentro del último disco de este genio de la música universal.


7.- “Leaving the Table”. Leonard Cohen. Cuando Cohen grabó su último disco, el bellísimo You Want It Darker de 2016, sabía que no le quedaba mucho tiempo en este mundo. Esta canción parecería confirmarlo, con su letra de abandono y reconciliación con la vida. “No necesito un perdón, nadie hay a quien culpar / Dejo la mesa, estoy fuera del juego”. Triste y contundente. Conmovedor.


8.- “Ain’t No Grave (Gonna Hold This Body Down)”. Johnny Cash. Grabada siete años antes de la muerte del mítico cantautor de folk-country, esta pieza habla de manera obsesiva sobre la tumba que habrá de contener el cuerpo del cantante. Tema de tintes religiosos, interpretado de manera austera y llena de desasosiego.


9.- “Death Letter”. The White Stripes. Un enorme y antiquísimo blues del legendario Son House en esta explosiva versión de Jack White, proveniente del disco De Stijl (2000). Guitarra, batería y voz en una seca y salvaje interpretación.


10.- “These Are the Days of Our Lives”. Queen. Aunque Brian May escribió “The Show Must Go On” para Freddie Mercury en 1991, al saber que el cantante se encontraba desahuciado, y este tuvo los arrestos de grabar la que sería su canción de despedida y convertirla en el himno con el cual cerraba su álbum póstumo, el Innuendo de 1991, esta otra pieza del mismo disco me parece más bella y sencilla, con un Mercury ya víctima del SIDA, cantando con evidente fatiga y a la vez con una conmovedora nostalgia ante la vida que se le escapaba.