Dicen que no se puede ser perfecto. No es que Beck lo sea o pretenda serlo, pero hasta ahora tanto su carrera musical como su obra discográfica habían sido prácticamente impecables. Desde que se diera a conocer a principios de los años noventa, con aquel himno alternativo que fue “Loser”, composición en la que fundía el hip-hop con el folk y lo que antes se conocía como rock alternativo, el músico había mantenido una ruta constantemente ascendente, con pocos altibajos y con discos que podrían considerarse como verdaderas obras de arte (ahí están el Mellow Gold de 1994, el Odelay de 1996, el Mutations de 1998 o el Sea Change de 2002 como claros ejemplos de ello). Hasta que llegó Colors, su opus de 2017.

No es que estemos frente a un mal álbum, en absoluto. Las nuevas canciones están muy bien escritas y muy bien producidas, pero existe una notoria salvedad: se escuchan demasiado convencionales, demasiado pulidas, demasiado poco arriesgadas. Como si Beck hubiera querido hacer un disco de música pop (de hecho, esa parece ser la intención) y lo hubiese logrado de manera demasiado correcta, sin fallos, sin raspaduras, todo limpio, sin grasa y sin toxinas.

Quizá se deba a que la producción de Colors estuvo a cargo de su viejo amigo Greg Kurstin, quien ha producido álbumes de Adele y Sia. Pero como ha sugerido alguien por ahí, tal vez con cierta exageración: ¿necesitábamos escuchar a Beck como si fuera Coldplay o Bruno Mars?

En lo personal, el disco me remite mucho más a lo que hizo el inglés Howard Jones en los años ochenta, con canciones ya clásicas del pop electrónico británico como “Things Can Only Get Better” o “No One Is to Blame”. Así suenan cortes del nuevo plato de Beck, como la homónima “Colors”, “Seventh Heaven”, “No Distraction” o “Up All Night”. Aunque hay otros más interesantes, como “I’m So Free”, “Dear Life” (muy beatlesco), “Fix Me” y “Dreams”.

Si de lo que se trataba era de hacer un álbum ligero y divertido, grato, bailable y poco trascendente, Beck consiguió su objetivo. Pero a mi parecer, dentro de su discografía se trata de un trabajo menor. Bueno, pero menor.