There are many things I wonder
There are many things I don’t
It seems as though the things I wonder most
Are the things I never find out.
“Things I Wonder”, The Shaggs

Ha habido grupos de rock muy extraños. Desde The Mothers of Invention y The Fugs hasta The Flying Lizards y The Residents, el rock ha visto pasar a más de una agrupación por demás bizarra, fuera de lo común, verdaderamente estrambótica. Pero quizá ninguna como el trío femenino The Shaggs, una de esas expresiones artísticas absolutamente inclasificables.

Este grupo de Nueva Hampshire tiene tras de sí una leyenda tan peculiar que muchos incluso dudan de su existencia. Hay quienes la catalogan como la peor agrupación de la historia y hay quienes en su momento las vanagloriaron. Frank Zappa mismo las calificó como “mejores que los Beatles”. ¿Quién tiene la razón?

Escuchar su único álbum, el indescriptible Philosophy of the World, puede ser una experiencia mística o diabólica. En lo personal, nunca he logrado oírlo completo en una sola sesión. Mis nervios y mi paciencia no alcanzan para degustar esa especie de rock pop discordante y desestructurado, arrítmico, inarmónico e incluso desmelodizado. Si uno no conoce el origen de The Shaggs, podría preguntarse si su música abreva de fuentes experimentales como el jazz de Ornette Coleman o de Sun Ra o de antiguas tradiciones folclóricas como las tonadas microtonales de la China milenaria. Sin embargo, no parece ser así. De hecho no lo es. Porque las tres jóvenes hermanas que en 1969 grabaron el disco en cuestión no tenían formación musical alguna y tampoco habían nacido en el seno de una familia culta. Por eso, Philosophy of the World suena a lo que suena: a las canciones de un trío de muchachas que tocaban lo que su instinto les daba a entender y además con instrumentos baratos y faltos de la debida afinación.

Las Shaggs eran Helen, Better y Dorothy Wiggin, tres hermanas de entre dieciocho y veintidós años, oriundas de Freemont, Nueva Hampshire (poblado “famoso” por ser el primer lugar donde un avión B-52 se estrelló sin matar a alguien), manejadas por su propio padre, Austin Wiggin, y quienes prácticamente nunca se presentaron fuera de su localidad. Comenzaron a tocar en 1968 y dejaron de hacerlo en 1973. ¿Qué si eran populares en su pueblo? No. La mayor parte de sus paisanos las consideraban pésimas, pero sus progenitores creían que eran talentosísimas y que llegarían a convertirse en grandes estrellas. Por eso su padre decidió financiar la grabación de un disco y así surgió Philosophy of the World, del cual se editaron tan sólo mil copias, novecientas de las cuales sencillamente desaparecieron junto con el productor del vinil. ¿Cómo fue que con sólo cien ejemplares salvados el álbum se diera a conocer y persistiera hasta nuestros días?

El hecho concreto es que el disco se convirtió en preciado objeto de colección y de pronto se produjo un extraño culto por The Shaggs. Éste parece haberse iniciado en la ciudad de Boston, a mediados de los setenta, cuando una radiodifusora local, la WBCN-FM, tocó algunos cortes del acetato y de inmediato llamó la atención de mucha gente. En 1988, el plato fue editado en disco compacto, aún con un tiraje muy corto, y ya en 1999 la RCA lo sacó a nivel mundial y logró una asombrosa respuesta, sobre todo en Europa.

Se dice que la idea de formar The Shaggs surgió de una superstición. La abuela paterna de las niñas sabía leer la palma de la mano y un día le dijo a su hijo Austin, siendo éste un adolescente, que se casaría con una mujer de cabellos dorados y tendría dos hijos a quienes ella misma no conocería y tres hijas que tocarían en un grupo musical. Como el hombre se casó con una rubia y después de la muerte de su madre tuvo dos hijos y tres hijas, decidió que éstas debían formar un conjunto y se gastó el poco dinero que tenía en comprar una batería y dos guitarras eléctricas que las chicas aprendieron a tocar por sí solas, ya que el presupuesto familiar no alcanzaba para pagar a un maestro.

Las tres jóvenes gustaban de las canciones de Ricky Nelson y de los Herman’s Hermits y esas dos fueron sus más grandes influencias. Eran tres chicas tímidas, conservadoras, recatadas, nada que ver con el estereotipo de una estrella de rock. Ni siquiera está claro si querían dedicarse a la música. Pero su padre estaba empeñado en ello, las sacó de la escuela y las obligó a practicar todos los días, con horarios estrictos que debían cumplir obedientes y sin reparo. Las alejó de sus amistades y se convirtió en una pesadilla para las tres. Fue él quien las bautizó como The Shaggs.

Tanta dictadura no hizo que ellas reaccionaran con la rebeldía típica de los jóvenes de los sesenta. Por el contrario, acataban las disposiciones paternas y hasta escribieron canciones como “Who Are Parents?” que a la letra decía: “Los padres son los únicos que realmente se preocupan por ti / Los padres son los únicos que están siempre ahí / Algunos chicos piensan que sus padres son crueles / Sólo porque éstos quieren que obedezcan ciertas reglas / Los padres entienden / Los padres se preocupan por ti”.

En su primera aparición pública, en un concurso local para aficionados, la gente las bajó del escenario con una lluvia de latas de cerveza. Apenas sabían tocar y cantaban mal, pero Austin insistió en que lo que hacía falta era ensayar más y las sometió a horas extras de práctica. Si los Beatles tenían tanto éxito, ¿por qué sus hijas no? Algún día serían así de famosas y hasta saldrían en la televisión.

La grabación de Philosophy of the World, en los estudios Fleetwood de Boston, en marzo de 1969, pudo no haberse realizado, ya que el ingeniero de sonido, al oír aquello, dijo a Austin con toda franqueza que sus hijas no estaban preparadas para tocar, mucho menos para grabar. Pero Wiggin se indignó y exigió que se grabara y así se hizo.

Austin Wiggin moriría algunos años después, decepcionado porque sus hijas no se habían vuelto famosas. Nunca se enteró del culto que con el tiempo generarían y que haría de The Shaggs un conjunto más famoso… que los Herman’s Hermits.