Cuando se habla de músicos hueseros, no se trata de tipos que anden detrás de algún puesto político, sino de aquellos profesionales de la música que para sobrevivir tienen que alquilar –y en ocasiones vender– su talento a gente que se dedica a la interpretación de géneros comerciales y muchas veces de baja calidad. Así ha sido desde hace largos años y así seguirá siendo por otros más, cuando menos en México.

Para conocer la situación de los hueseros, veamos las opiniones de cuatro músicos mexicanos de primer orden, todos ellos verdaderos virtuosos de su instrumento, quienes nos hablan de las experiencias que han tenido que disfrutar o padecer en carne propia.

Buscar alternativas
El saxofonista Diego Maroto se define a sí mismo como un músico multigenérico. Más identificado con el jazz, sus antecedentes son sin embargo roqueros y ha incursionado en otros campos, como el de los ritmos afroantillanos, el blues y el pop. Ante la pregunta de cómo ve la situación económica actual de los músicos en México, Maroto comenta que aunque la misma se presenta en general complicada, “yo creo que estamos mucho mejor que hace diez años. La gente ya consume más otras cosas fuera de lo que se escucha en la radio o en la televisión, cosas más complejas, más interesantes, incluidos el jazz y otros géneros. Yo no veo lejana la posibilidad de que en un futuro cercano podamos empezar a vivir de tocar jazz y la música que nos gusta”.

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No obstante, ese sueño aún no está inscrito en la realidad: “La situación es todavía complicada. No puedes mantenerte de tocar nada más jazz y empiezas a buscar otras alternativas. Te conviertes en un músico de sesión, lo cual quiere decir que te llaman para grabaciones de todo tipo y también hay competencia en ese mercado. Tienes que ser buen lector, buen improvisador en todos los géneros. Eso y tocar para ‘artistas’ de gran convocatoria pero de dudoso nivel”.

Burócratas de la música
Pero, ¿se puede vivir de la música en nuestro país? Para el guitarrista Mauricio Mayén, quien durante su larga carrera ha tocado en las más diversas agrupaciones, desde bandas de rock urbano como el legendario Trolebús hasta orquestas de las llamadas versátiles, “todo depende del sector en que te muevas. Los músicos que trabajan con cantantes comerciales en televisión, en palenques, en giras a lo largo de la república y en el extranjero son gente que gana muy bien. Mas para ello tienen que estar preparados, tener un buen nivel como ejecutantes. Porque hay de hueseros a hueseros y no todos son buenos. Algunos se conforman con tocar lo más elemental y con eso se dan por satisfechos”.

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Diego Maroto concuerda en buena parte con esto: “Habría que irse a asomar al Sindicato de Músicos para ver especímenes de esos por todos lados. Hay categorías, digamos. Hay quienes nacieron para ello y desde que agarraron un instrumento y prendieron la tele dijeron: ‘yo lo que quiero es tocar esa mierda… o bueno, tocar ese género o tocar lo que sea, me gusta y además le voy a entregar mi alma y quiero ser famoso, tocar al lado de artistas, quiero estar ahí donde se cuecen las habas’. Hay gente que lo hace así y que es feliz. Yo digo que ya con eso vale. Se trata de músicos que además de tocar bien, saben lidiar con quienes tocan, aprenden mucho del medio y lo manejan como peces en el agua. Yo no soy de la idea de menospreciarlos, porque se debe trabajar duro para ser un buen huesero. Hay muchos que lo hacen muy bien. Ya de ahí para abajo están los frustrados, los que querían realizar cierto sueño pero se fueron por la lana, por el glamour, son como robots furiosos, enojados con todo, criticones. No suelen ser muy buenos músicos, están como perdidos, no son buenos lectores, no saben improvisar, no están preocupados por mejorar, encuentran un punto de comodidad en el cual ganan cierta lana por hacer cierto tipo de trabajo y ahí quedó la cosa, son como burócratas de la música. He  intentado tocar de repente con gente que está en esa onda y no se puede. Se nota que en algún momento aterrizan y sienten horrible, sienten que ya se les fue la vida, les cae el veinte de que ellos empezaron a tocar en algún momento por otra cosa, pero luego se desviaron y se perdieron para siempre”.

Chamba es chamba
Compositor, productor, cantante y bajista, Jorge Fratta comenta por su parte que no ve mal que los músicos trabajen en otros  proyectos que no sean los suyos. “Chamba es chamba y en un país tan corrupto como el nuestro, un trabajo honesto se debe agradecer. Es más, casi todos deberían hacerlo. Son grandes escuelas. La cosa es no perder el rumbo, no acostumbrarse al dinero fácil y tener un proyecto personal que cubra tus expectativas y en el que te puedas realizar”.

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Al igual que Maroto, Fratta ha formado durante varios años del grupo que acompaña a Benny Ibarra. Pero no se considera propiamente un huesero. “Un huesero generalmente es un excelente instrumentista que toca por dinero y que no pone su corazón de por medio, sólo sus habilidades, en cualquier proyecto, le guste o no”, comenta. “Generalmente no tiene proyecto propio y no reinvierte lo que gana en la música, vive de ella y no para ella. Tal vez esta sea la definición exacta: quien vive de la música y no para la música. Es una alternativa válida y si tu habilidad como instrumentista te lo permite, es mejor que ser politico o vender quesadillas o Amway”.

Es la misma posición del Sr. González, percusionista y también compositor y productor, además de empresario discográfico y quien ha tocado lo mismo con Botellita de Jerez (con el que ha regresado recientemente) y La Milagrosa de Julieta Venegas que con una buena cantidad de grupos, además de tener su propio proyecto: el Sr. González y los Cuates de la Chamba.

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Dice González: “Hay quienes consideran que el que toca con muchas agrupaciones es un huesero. Sin embargo, para mí el término está más relacionado con tocar por dinero. Yo he tocado con muchos, pero el dinero no ha sido lo que me ha motivado a hacerlo. Generalmente me entero de cuánto gano hasta el final de una presentación y en ocasiones me he llevado buenas sorpresas, así como pagos muy bajos. Pero mi criterio principal para tocar, por idealista que suene, ha sido el amor a la música. Por lo demás, respeto mucho al que decide tocar por dinero y hay quienes lo hacen con mucha dignidad. Es sólo que yo, hasta ahora, no he estado en una situación en la cual esa sea una opción viable”.

Unas cumbias, por supuesto
Mauricio Mayén, en cambio, no tiene problemas para aceptar su calidad de músico versátil… o huesero: “Ahora mismo estoy tocando con un grupo que se llama Interfuturo, prácticamente en la onda versátil. Incursioné con ellos porque de repente no estaba tocando y me ofrecieron entrar ahí. Hice una prueba. La audición consistió en tocar algo de Santana, unos bossa novas, una norteña, un rocanrol de los cincuenta y unas cumbias, por supuesto. También toqué con Agrupación Casanova, pero con ellos fue muy esporádico, porque de repente te das a conocer como músico del hueso y te empiezan a llamar otras personas; no siempre para trabajar precisamente con ellos, sino para suplir en un solo evento a su guitarrista de planta. Igualmente estuve con un grupo norteño que se llamaba El Bloque y ahorita estoy acompañando a unas cantantes que se llaman Kumbao. Es como Selena pero más actual, una cumbia norteña tejana muy comercial”.

Diego Maroto habla también de la versatilidad de los proyectos con los cuales ha participado. “He tenido la suerte de nunca acabar en alguna situación vergonzosa y deprimente, porque sí las hay –y muchas– y además pagan poco”, nos dice. “Claro, de repente se dan fricciones con las oficinas, con el abuso de poder de ciertas personas que menosprecian al músico, etcétera. Son cosas con las cuales tienes que lidiar, pero mientras estés claro de lo que eres y lo que haces y estés en paz contigo, no te tiene que molestar. Un punto importante en la situación de huesear es que se te pague bien, se trate de Gloria Trevi, OV7, la Banda Timbiriche, Paulina Rubio, Lucero o quien sea”.

A la pregunta de si le ha tocado ser huesero de los artistas (es un decir) mencionados, el saxofonista responde: “Me ha tocado con ellos y con muchos otros, unos agradables, otros desagradables y otros más desagradables, innombrables. Hay artistas que sienten como que levitan y hay que lidiar con eso. Pero es algo que te templa el carácter: de todos modos estás ahí y lo estás haciendo y al final tienes que disfrutarlo porque tú lo elegiste. Te conviertes entonces en alguien más condescendiente con la gente. Es toda una terapia”.

Vivir de la música
¿Cuál sería la solución para que en México los músicos pudieran vivir de sus profesión sin traicionarse? Dice el Sr. González: “Se necesita un esquema más abierto en la oferta musical que involucre a los medios. Que haya lugares para tocar. Que se generen culturas nuevas, con públicos que sustenten económicamente a los diversos movimientos. Menos intermediarios entre el músico y su público potencial, para que haya más competencia real. Que no exista el monopolio del espectáculo y la cultura. O sea, una utopía en nuestro país”.

Dice Fratta, idealista también: “Hacen falta educación y bienestar social. Un pueblo sin educación no consume cultura y sin dinero menos. Programas sociales que permitan un bienestar de la población y la encaminen a hacer y consumir cultura. Una televisión que no sea chatarra. Una radio que no se guíe por los designios de las trasnacionales. En fin, un mejor país. No creo en los gobiernos paternalistas que mantienen a los creadores como cortesanos, pues éstos pierden su entereza y no pueden morder la mano que los alimenta. Ejemplo de ello son los becarios del FONCA, quienes generalmente se vuelven dóciles al sistema por obvias razones y su arte resulta inofensivo. Soy fan de la frase: ‘A mí que no me den, sino que me pongan en donde hay’”.

Dice Diego Maroto, más ecléctico: “Pues seguir haciendo exactamente lo mismo que estoy haciendo. Cuando grabas se produce una explosión de oportunidades, la gente te voltea a ver, vuelves a tener presencia en los festivales de jazz que pueden llegar a dejar más dinero que tocar en los clubes donde pagan cualquier cosa. Hacer eso, generar muchos conciertos y vender tus discos en los mismos es como se puede sacar más provecho, además de saber utilizar los medios nuevos, los electrónicos, la internet. Yo siento que no hay de otra, nada más es cuestión de trabajar y así estará mejorando la situación”.

Dice Mauricio Mayén, más versátil: “Cuando yo era niño, mi mamá escuchaba a Rocío Dúrcal y a Juan Gabriel y mi papá escuchaba a Las Estrellas de Fania y a los Rolling Stones. Yo crecí con un gusto por todo ese tipo de música, por las baladas, por la salsa, por el rock. El hecho de que haya comenzado a tocar rock fue una mera coincidencia deliciosa, pero nunca estuve cerrado a tocar otros géneros. Cuando ahora me encuentro a gente que me conoció en mi etapa roquera y me dice que ya me vendí a la música comercial, pues realmente no lo siento así, porque yo no me casé con el rock, siempre me consideré un guitarrista capaz de tocar cualquier estilo. El hecho de que hace unos años comenzara a tocar música versátil lo único que hizo fue convertirme en un mejor músico, con un conocimiento más amplio de la música en general, con un mejor dominio de mi instrumento, con una visión más extensa de mis alcances musicales. La música es mágica, pero además es muy amplia y entre más estilos puedas dominar vas a ser un mejor músico. En la variedad está la riqueza”.

 

 

2 comentarios en “Músicos detrás del hueso

  1. Un saludo con mucho cariño para mis estimados colegas y amigos: Diego Maroto, Jorge Fratta, El Sr. Gonzales y por supuesto mi muy querido Hugo García Michel a quien agradezco el haberme incluido en este revelador reportaje. Un fuerte abrazo queridos amigos ¡¡¡ Resistencia desde la partitura !!!

  2. Tema poco tratado, ciertamente. Sin embargo, hay que ver el ingente movimiento que de manera “sunterránea” se da a diario y, sobre todo, los fines de semana en los diversos grupos feisbuqueros dedicados al tema. ¡Excelente articulo, congratulaciones!