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The Rolling Stones
1964
Chuck Berry, Willie Dixon, Rufus Thomas, Buddy Holly y otros grandes compositores del blues, el soul y el rock and roll proporcionaron la materia prima esencial para la grabación del primer disco de los Rolling Stones, una obra sorprendente por su vitalidad rasposa y su espíritu absolutamente negro. A 52 años de haber sido grabado, The Rolling Stones permanece extraordinariamente fresco a lo largo de sus doce cortes, de los cuales sólo uno (la balada acústica “Tell Me”) fue escrito por la mancuerna de compositores que haría historia: Jagger y Richards. La elección de los temas ajenos no pudo ser mejor y resulta –vista hoy día– una verdadera declaración de principios a favor de la música hecha por los negros norteamericanos, tan apreciada en la Gran Bretaña de principios de los sesenta como ignorada en la Norteamérica blanca de la misma época. Así, canciones que actualmente son memorables pero que en aquellos días eran oscuras y desconocidas —como “Route 66”, “Carol”, “Not Fade Away”, “I’m a King Bee”, “Walking the Dog” y ese blues rotundo y esplendoroso que es “I Just Want to Make Love to You”— sonaron y siguen sonando absolutamente rocanroleras en manos del entonces joven quinteto londinense. En cuanto a “Tell Me”, la única composición original, se trata de una breve pieza, tranquila y melodiosa, que dio a los Stones su primer éxito no sólo en Inglaterra sino también en los Estados Unidos. De hecho, su estilo más bien popero, muy a la Mersey, muy a la beatle (la melodía recuerda en algo a “Not a Second Time” de Lennon y McCartney), rompe con toda la tendencia grasosa del disco, si bien no desentona e incluso le da un toque de elegancia al álbum. Cabe decir que la versión que aparece en The Rolling Stones es más larga que la que se usó en la radio y en posteriores ediciones recopilatorias.

 

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12 X 5
1964
12 X 5 es el segundo disco de los Rolling Stones aparecido en los Estados Unidos y por ende, el segundo que se conoció en México (en el Reino Unido apareció The Rolling Stones Vol. 2 y ambos varían en algunos de los temas incluidos). El álbum que aquí nos ocupa significó un cambio gradual en la evolución del grupo de la música negra al rock. Ciertamente hay aquí temas blueseros (“Confessin’ the Blues”) y souleros (“If You Need Me”, “It’s All Over Now”, “Time Is on My Side”), pero la tendencia hacia el rock and roll es más notoria, no sólo por la sensacional versión de “Around and Around” de Chuck Berry sino incluso por los temas propios. La voz y la armónica de Jagger sonaban de manera estupenda y el juego de guitarras de Brian Jones y Keith Richards formaba una dupla perfectamente acoplada, mientras que la sección rítmica, con la precisión de Bill Wyman en el bajo y de Charlie Watts en la batería, daba la concisión necesaria para que el sonido del conjunto fuera tan compacto como excitante (para no hablar de la siempre magnífica contribución de quien podríamos considerar como la sexta piedra rodante, el pianista Ian Stewart). Las joyas de 12 X 5 son la ya mencionada “Around and Around” (aún entusiasmante), el blues de Little Walter “Confessin’ the Blues”, esa tonada rítmicamente soulera que es “ It’s All Over Now” de Bobby Womack, la célebre “Under the Boardwalk” (conocida en nuestro país como “Fue en un café”) y la sensual y exitosa “Time Is on My Side”. Respecto a las composiciones propias, son bastante aceptables, en especial “Congratulations” y “Good Times, Bad Times”.

 

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Out of Our Heads
1965
Aunque todavía habría de transcurrir un año para que apareciera un álbum escrito completamente por Jagger y Richards (Aftermath, de 1966), a mi modo de ver, Out of Our Heads (con siete cortes propios y cinco ajenos) posee una mayor trascendencia, al contener dos de los temas más notables en la historia rollingstoniana, los clásicos “The Last Time” y, por supuesto, “(I Can’t Get No) Satisfaction” (con su riff inolvidable y solidamente rocanrolero), además de otras dos maravillas originales: la dulce y folky “Play with Fire” y ese blues sencional que es “The Spider and the Fly”. Sólo por esas cuatro piezas, el disco vale oro; sin embargo, el mismo trae asimismo algunos covers de música soul de excelente factura como “Mercy, Mercy” (de Don Covay), “Hitch Hike” (de Marvin Gaye), “Cry to Me” y “That’s How Strong My Love Is” (ambos de Otis Redding) y “Good Times” (de Sam Cooke). Respecto a los dos cortes más importantes de Out of Our Heads, “The Last Time” fue su primer éxito mundial de verdadera importancia, gracias a su riff hipnótico y a su intensidad interpretativa, mientras que “Satisfaction” significó su consagración como uno de los grupos más importantes del planeta a mediados de los sesenta (posición que jamás perderían). Tema que anticipa la rebeldía del siguiente lustro así como el descontento nihilista del movimiento punk de quince años más tarde, la canción sigue siendo un hito y posiblemente el tema emblemático por antonomasia de los Stones. Con su imponente riff de guitarra con fuzz (seguramente el más célebre de la historia del rock), su frase emblemática, la batería de Watts y su estupenda y claridosa letra, cantada en forma por demás sugerente por Jagger, “No puedo obtener satisfacción” es piedra de toque que marcó un antes y un después, no sólo para los Rolling Stones sino para el rock and roll todo.

 

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Beggars Banquet
1968
La primera obra mayor de los Rolling Stones y la primera de la tetralogía discográfica más notable del grupo. Este Banquete de limosneros representa igualmente la última participación de Brian Jones con la banda antes de su separación de la misma y de su casi inmediato fallecimiento. Después de los excesos psicodélicos del sobreproducido Their Satanic Majestys Request, los Stones regresaron a sus raíces blueseras en un trabajo de limpia producción y canciones tan simples como extraordinarias. También el rock sólido se hizo presente de nueva cuenta, especialmente con un par de controvertidas piezas que hoy son verdaderos clásicos: la épica “Sympathy for the Devil” (mal traducida como “Simpatía por el diablo”, cuando el sentido real de la palabra inglesa sympathy es el de “compasión”) y la desafiante “Street Fighting Man”, ambas con una fuerte carga de crítica política y social. Sin embargo, el resto del material es igualmente notable, sobre todo en los cortes más delicados y sentidos. En ese aspecto, composiciones como la emotiva “Salt of the Earth”, la maravillosamente melancólica “No Expectations” (con la guitarra slide de Brian Jones en plenitud y el piano de Nicky Hopkins en toda su sutileza) y “Factory Girl” alcanzan momentos sublimes, mientras la ironía campea en la extrañamente bluesera “Parachute Woman”, la provocadora y mordaz “Stray Cat Blues” (sin duda la letra más osada del disco y quizá de toda la obra de los Stones) y la sardónica “Dear Doctor”. Incluso temas “menores” como el blues campirano “Prodigal Son” o el peculiar “Jigsaw Puzzle” son grandes pequeñas obras y completan la perfecta redondez musical y letrística de este gran álbum.

 

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Let It Bleed
1969
Si bien Brian Jones participó en dos cortes de este disco, la verdad es que puede considerarse como una obra posterior al malogrado músico. De hecho, Jones murió varios meses antes de que Let It Bleed (la respuesta irónica del grupo al Let It Be beatle) apareciera en el mercado. Haciendo a un lado este dato fúnebre, estamos ante un trabajo fuera de serie, el segundo de la enorme trilogía mencionada atrás. Con su nuevo guitarrista, el joven y talentoso Mick Taylor de extracción Bluesbreaker, los Stones llevaron más lejos la propuesta bluesera-roquera-country planteada en Beggars Banquet y lograron hacer un plato verdaderamente lleno de exquisiteces. Desde el primer corte, con esa explosión que es la contundente “Gimmie Shelter”, resulta claro que estamos en presencia de algo grande. Se trata de un tema lleno de fuerza apocalíptica, gracias a las poderosas (¿ominosas?) guitarras, la ambigua letra catastrofista y, muy especialmente, por la escalofriante voz de la cantante Merry Clayton, quien alcanza registros sobrehumanos. Otra cumbre del disco es “Midnight Rambler”, esa inquietante saga de un asesino en serie (el estrangulador de Boston, al parecer) que en constante crescendo alcanza una intensidad insospechada. “Live with Me”, por otro lado, es un tema trascendente por varios motivos, muy especialmente por ser la primera pieza que Mick Taylor grabó con los Stones, luego de la partida de Brian Jones, y por ser asimismo la primera ocasión en que el quinteto empleaba al saxofonista Bobby Keys, quien los acompañaría en varias aventuras musicales más. Los pianos, por su parte, fueron tocados por Nicky Hopkins y Leon Russell, en tanto que la característica y potente introducción del bajo es obra de Keith Richards. Por su parte, “You Can’t Always Get What You Want” se convirtió en un todo himno generacional, a la altura de “Hey Jude” de los Beatles, gracias a su estructura ascendente y a la intervención del Coro Bach de Londres (me atrevo a decir que es superior a “Hey Jude”). Otros grandes temas del disco son “Love in Vain” de Robert Johnson, la hermosa “You Got the Silver” (cantada inusualmente por Richards) y la homónima y singular “Let It Bleed”. Otro gran trabajo.

 

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Sticky Fingers
1971
A pesar de su aparente bajo perfil con respecto a sus dos antecesores, a mi modo de ver es este el mejor disco de la gran trilogía stone. Cierto que no contiene piezas tan impresionantes como “Sympathy for the Devil” o “You Can’t Always Get What You”, pero posee una mayor uniformidad cualitativa en las canciones, todas ellas excelentes. Obra marcada por el tema de las drogas –no hay composición que no hable de ellas o al menos haga alguna referencia al respecto-, Sticky Fingers termina tal como empieza: sin dar tregua, ya sea en los cortes rítmicos o en los más pausados. La intensidad campea de principio a fin y no da pausa alguna. Desde la inicial “Brown Sugar” –con su sonido grasoso y espeso, su riff irresistible y su letra llena de ironía sexista– hasta la concluyente y bellísima “Moonlight Mile” –con su épica elegancia y su misterioso sonido “oriental”–, el disco va por diferentes pasajes que lo mismo recorren la nostalgia folk en la maravillosa “Wild Horses” que la sensualidad desafiante en la candente “Can’t You Hear Me Knocking” (con su cachonda coda instrumental de influencia santanesca), la brutal misoginia en la irresistible “Bitch” que el blues más sentido en la profunda “I Got The Blues”, la terrible historia de adicción en la escalofriante “Sister Morphine” que la casi cándida alegría country en la festiva “Dead Flowers”. Con Sticky Fingers, los Rolling Stones alcanzaron su punto más alto. Nunca sonaron tan consistentes, tan sólidos, tan compenetrados. Y por si fuera poco, el arte de la funda (debido a Andy Warhol) correspondió a la calidad de la grabación.

 

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Exile on Main Street
1972
Aunque nadie pone en duda su calidad, Exile on Main Street es uno de los discos más controvertidos de los Rolling Stones, ya que hay quienes lo consideran el mejor y más fino álbum en la carrera del grupo. Aunque en lo personal no comparto del todo esa opinión, debo aceptar que es un trabajo enorme —debido básicamente a Keith Richards— y una apasionada visita a las raíces musicales de las cuales abrevó el quinteto. Álbum doble y quizá por ello un tanto excedido, este Exilio en la calle principal es un opus lleno de vitalidad rocanrolera y profundidad bluesera, de gusto por la música country y diversas referencias al soul norteamericano. La obra que inicia de manera frenética, con dos de las piezas más aceleradas de la historia stone (“Rocks Off” y “Rip This Joint”), no es uniforme y el nivel de sus canciones varía a lo largo (muy largo) de la misma. Hay grandes temas como “Tumbling Dice”, “Sweet Virginia”, “Sweet Black Angel”, “Happy”, “Torn and Frayed”, “Ventilator Blues” y “Shine a Light”, pero otros son más bien oscuros (aun cuando jamás malos o de simple relleno). Disco que requiere de varias sesiones de escucha para descubrir la enorme cantidad de detalles que encierra, Exile on Main Street posiblemente no alcance en lo general la estatura de sus tres predecesores, pero tal vez sea el último gran álbum de la banda. Como se le quiera ver, de lo que no hay duda es de que se trata del disco más norteamericano de los Rolling Stones, el equivalente a lo que años después haría U2 en Rattle and Hum.

 

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Goats Head Soup
1973
Algunos críticos e historiadores han dicho que Goats Head Soup fue el álbum con el cual se inició la decadencia de los Rolling Stones. Puede ser que la obra coincidió con el principio de una etapa bastante dudosa en la vida personal de sus integrantes (Jagger inmerso en el jet set, Richards inmerso en la adicción a las drogas duras); sin embargo, como disco es un trabajo estupendo, con composiciones que se hallan entre lo mejor del repertorio del grupo. Más en la línea de Sticky Fingers que de Exile on Main Street, esta Sopa de cabeza de cabra, grabada casi enteramente en Jamaica, es otro plato lleno de rocanrol y potencia, pero también de ternura y sutileza. Cierto que no inicia del todo bien (“Dancing with Mr. D.” es quizás una mediocre segunda parte de “Sympathy for the Devil”, aunque su beat resulta tan sugerente como sensual e hipnótico), pero las cosas mejoran notablemente con la intensísima “100 Years Ago” y la evocadora “Coming Down Again” (cantada por Keith Richards), así como con la poderosamente rocanrolera “Doo Doo Doo Doo Doo (Heartbreaker)” y la maravillosa y archiconocida “Angie”, con la cual concluye el lado A del vinil original. El lado B es aún más consistente y arranca con el divertido blues-rock “Silver Train”, para continuar por el persistente tema “Hide Your Love”, seguir con esa joya que es la evocativa balada “Winter”, atorarse un poco con la no del todo lograda “Can You Hear The Music” (hay quienes dicen que es la única canción de relleno de los Stones en los cinco álbumes que van de Beggars Banquet a Goats Head Soup, pero tal vez sería injusto darle esa calificación) y culminar con ese gran tema cuyo verdadero título es “Starfucker” y que la censura de la disquera obligó a cambiar a “Star Star”, un rocanrolazo a la Chuck Berry con todo el poderío de los Stones. ¿Un disco decadente? Tal vez, pero exquisitamente decadente.

 

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Some Girls
1978
En medio de la explosión del punk y de la música disco, Sus Satánicas Majestades habían de pronto sido reemplazadas de las listas de popularidad por otros grupos y solistas. No es que el hecho les importara mucho. Mick Jagger estaba tan embebido en sus relaciones con las grandes celebridades de la alta sociedad europea y norteamericana, en tanto Keith Richards apenas acababa de vencer sus problemas con la heroína. Nada parecía prometer la remota posibilidad de hacer algo bueno… y sin embargo lo hicieron. Si uno escuchara únicamente el primer corte de Some Girls, la muy conocida “Miss You”, lo primero que pensaría es que, a pesar de ser una excelente composición, los Stones sucumbieron ante el facilismo comercial de la música discotequera. Sin embargo, el resto del disco nada tiene que ver con eso y tampoco con el punk. Lejos de ello, el grupo realizó un álbum duro, de esencia tan rocanrolera como la que tenían en los sesenta y a la vez tan fina como la que mostraron en los setenta. Con Ron Wood en la guitarra en reemplazo de Mick Taylor, el álbum ofrece temas tan buenos como la velvetundergroundiana “When the Whip Comes Down”, la hermosa aunque paródica “Far Away Eyes”, la sardónica y misógina “Some Girls”, la crudamente bluesera “Respectable”, la keithrichardsiana “Before They Make Me Run” y esa maravilla sincopada que es la balada “Beast of Burden”. Con Some Girls, los Stones demostraron que la actitud agresiva de los punks no los iba a rebasar y que antes que nada seguían siendo una simple (y gran) banda de rocanrol.

 

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Tattoo You
1981
Luego del tropiezo que resultó Emotional Rescue (1980), los Rolling Stones se reivindicaron con este estupendo LP que de principio a fin rescata el espíritu rocanrolero del grupo. Con un lado A de alto octanaje y un lado B más tranquilo, Tattoo You muestra a una banda plenamente integrada, con un Ron Wood convertido en un stone a plenitud. Se trata de un álbum comparable en calidad a Some Girls y desde su explosivo inicio con la emblemática “Start Me Up” sabemos que nos encontramos ante un gran trabajo. El resto de ese primer lado resulta igualmente contagioso y vigoroso y transcurre por “Hang Fire” (definida por ahí como un doo wop frenético), la reggaesera y desafiante “Slave”, la muy rocanrolera “Little T&A” (interpretada vocalmente por Richards), ese entusiasmante blues duro que es “Black Limousine” y la divertidísima “Neighbours”. Por su parte, el segundo lado del disco cambia de tono y nos ofrece cinco melodías que si bien no mantienen el gran nivel de las piezas “rápidas”, ofrecen una gama de sentimientos y sensaciones que destacan especialmente en la muy bella “Worried About You”, la conmovedora y soulera “Tops” y la espléndida “Waiting on a Friend”, con ese solo extraordinario de sax del enorme jazzista Sonny Rollins. Un final de oro para un disco de magnífica factura.

 

 

 

2 comentarios en “The Rolling Stones
Diez discos fundamentales

  1. No me considero un experto ni nada siquiera cercano a eso, soy un simple fan de los Stones desde que tengo uso de razón, y me parece que en tu lista faltan al menos 2 discos esenciales para entender lo que significan hoy en día sus Satánicas Majestades: Aftermath, de 1966, y Dirty Work, de 1986; ambos discos contienen temas legendarios como “Paint it black” “Under my Thumb” y “Goin’ Home” en Aftermath, y “Harlem Shuffle”, “Dirty Work” y “One Hit (To the Body)” en Dirty Work. En mi humilde opinión, estos 2 discos también marcaron una época en la vida artística de los Stones.