El turismo del desastre es una de las tantas ramificaciones y formas de cultivar el ocio que se han disparado a partir de la fragmentación masiva de tal actividad en el mundo actual. El ejemplo cúspide de dicho fenómeno ha quedado enmarcado, para presentes y futuras referencias, en una fotografía del reportero gráfico Spencer Platt que resultó ganadora del premio World Press Photo del año 2006.

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En ella se ve, entre los desechos de una explosión a causa un bombardeo israelí, a un grupo de jóvenes libaneses (presumiblemente ricos y ataviados con accesorios personales, celulares y ropa de marca) que pasea en un auto convertible –un Mini Cooper “Orange”— por una zona devastada del sur de Beirut, una de las más pobres de la capital libanesa, durante el conflicto que tuvieron tales países en aquel año.

Aparecen en escena cinco jóvenes: un hombre (el menos visible y es el que conduce) y cuatro mujeres (guapas, chic, muy saludables y con diversas expresiones ante lo que ven: tapándose la nariz con un pañuelo; tomando fotos, video, una selfie o enviando un mensaje telefónico con gesto de repulsa; o escrutando la visión con indiferencia, tras los cristales de unos caros sunglasses).

Los jurados internacionales de la quincuagésima edición de dicho premio, reconocido como una de las máximas distinciones en el fotoperiodismo, se lo otorgaron al mencionado miembro de la agencia Getty Images por considerarla la mejor foto instantánea de aquel año. Según dijeron: “Tiene la complejidad y la contradicción de la vida real”.

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Se trata de una imagen gráfica que va más allá de lo obvio y que invita al comentario, guante que recogió Joseph Mount, mente maestra del grupo Metronomy, para argumentar musicalmente su propia interpretación del concepto turístico por medio del álbum The English Riviera, mismo en el que incluyó en el cuadernillo una foto semejante a la tomada por Platt, para dejar en claro su punto de vista acerca de lo que él considera la vulgarización que ha cobrado tal actividad de un tiempo a la fecha.

Mount (músico, compositor y cantante británico) es el caso del artista cuyo lugar de nacimiento determina su obra en más de una manera. La comunidad de Totnes, donde nació, al sur de la Gran Bretaña y a orillas de río Dart, es un sitio prestigioso gracias a su colegio de arte y a la cultura y vida alternativas que ha suscitado. Mount se crió ahí, bajo los cuidados de sus padres, que le inculcaron el afecto por la literatura y la música.

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Durante los veranos la familia pasaba sus vacaciones en Torquay, una población de la costa sur inglesa que desde mediados del siglo XIX emergió como destino turístico. Esta zona ha sido conocida como la Riviera Inglesa por su clima saludable, sus tranquilas y limpias playas y sus elegantes balnearios y hoteles que se convirtieron en el lugar de veraneo de escritores como Charles Dickens, Agatha Christie y Oscar Wilde.

Ello ejerció de atractivo adicional para las personas que buscaban un esparcimiento en el que la cultura (teatro, conferencias y charlas con los autores, así como conciertos), la oferta culinaria, el sol y la playa ofrecieran para el tiempo de ocio y descanso un espacio igualmente importante para la reflexión. Circunstancia que se mantuvo durante casi todo el siglo XX hasta que los paquetes turísticos de bajo costo hicieron languidecer el lugar.

Fue el tiempo en el que Mount asistió a la Universidad de Brighton, en la misma zona geográfica, a estudiar música y literatura inglesa. Ahí, además de los estudios académicos, fundó algunas bandas para explorar con sus posibilidades en ese sentido. La aventura lo llevó por la electrónica, lo progresivo, la remezcla y el pop; de la soledad compositiva pasó a la creación de un grupo fijo, las presentaciones en vivo y los discos temáticos.

Metronomy en The English Riviera, con sonidos electrónicos y ritmos originales, es una revisitación a sus orígenes, con una equilibrada fórmula de melodía e intención: la de recordar olvidados placeres de la vida que pueden reencontrarse en la literatura de viajes y en las experiencias de un turismo memorable, no el masivo de springbreakers, mochileros, hooligans y buscadores inconscientes de lo extremo o desastroso.