Steven Wilson, corazón de Porcupine Tree y de proyectos como I.E.M. y No-Man, entre otros, es un alma enciclopédica, gustoso de todos los tipos de música y que en años recientes encarna una cruzada, aunque no se reconoce como tal.

Para él, definirse como progresivo no es una ofensa. Por el contrario, al asumir cabalmente su ejercicio, no sólo lo defiende de sus más empedernidos atacantes; su meta es devolverle ese lugar de primacía que alguna vez ostentó el género (“Las bandas verdaderamente innovadoras simplemente tocan de manera natural la música que les llega, escuchan eclécticamente y no ven algo raro en combinar sus influencias. Al hacerlo -ya sea por accidente o por diseño- crean nuevos híbridos musicales, lo que para mi [junto con la idea de concebir el álbum como un viaje musical] es uno de los principios básicos de cualquier música que se llame a sí misma progresiva", escribió en el prólogo del libro de Jeff Wagner Mean Deviation. Four Decades of Progressive Heavy Metal.)

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Su trabajo en solitario es también una declaración de principios y su reciente placa, cuarta como solista, Hand Cannot Erase (basada en el caso de una chica que murió y permaneció sin ser descubierta por tres años), es la muestra más contundente de ello, una producción apegada a los fundamentos de la vertiente y sin duda su obra más lograda.

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El guitarrista es un descendiente del sonido de King Crimson (el vigoroso inicio de “First Regret 3 Years Older”, la densa agresividad de “Home Invasion-Regret #9” acompañada, por instantes, de un teclado funky, es una muestra de ello) y del pop (recuérdese que entre sus recientes trabajos de remasterización se cuentan discos de XTC y Tears For Fears). Desde esa plataforma, el compositor ha sabido crear a partir de elementos en apariencia disímiles una amalgama sólida y solvente, un pop progresivo que aquí se manifiesta en composiciones como la que da título al álbum, “Perfect Life” (un monologo con trazas de trip-hop orlado de un toque celestial en la voz de Ninet Tayeb) o la triste “Transience”.

Un piano de tonalidades románticas que se mueve a veces encima de un sintetizador, otras veces debajo de la guitarra acústica y sobre lo cual camina esa voz que no teme desplazarse en las lindes del pop y que sirve de preámbulo, larga introducción, al desarrollo progresivo en “Routine·”, realzado por esa guitarra con reminiscencias de David Gilmour y que luego revienta en uno de los momentos más “calientes” del disco.

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Lentos, rápidos, suaves, ásperos, así son varios de los pasajes que encontramos en este disco. La combinación no es nueva, está en todas las músicas. Wilson nada descubre, pero en esta ocasión su forma de hacerlo le permite brillar. En otras manos, se tornaría un edulcoramiento excesivo; en las suyas, alcanza cuotas sublimes, probablemente porque nunca abusa, sabe abonar contención allí donde es necesario y como ejemplo está “Ancestral” con ese tejido entrelazado de progresivo con el rock más duro, pegado al heavy metal.

Mr. Wilson, ya es hora de nombrarlo así, trabaja como un apóstol. Cada propuesta es una piedra lanzada al vacío (aunque dice ser egoísta y crear música para él, sin tener al escucha en mente), a la espera  de encontrar nuevos escuchas y de convencer a sus ya asiduos fieles. Hand Cannot Erase es un versículo más de ese evangelio.