John Fogerty es un héroe trágico del rock. Aunque no alcanza las proporciones épicas de un John Lennon, un Jim Morison, una Janis Joplin o un Kurt Cobain (quizá por la simple razón de no haber muerto), su historia es en muchos aspectos tanto o más terrible que la de los cuatro mencionados o de otros como Jimi Hendrix, Brian Jones, Keith Moon o Mama Cass. Para decirlo en palabras del propio Fogerty: “Básicamente soy como todos esos artistas que mueren jóvenes y se transforman en leyendas después de su muerte. Y en cierto modo yo morí. El milagro es que pude encontrar el camino para retornar”.

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Idolatrado en México al nivel de los Beatles, Creedende Clearwater Revival (CCR), el grupo que fundó y lideró John Fogerty durante varios años, tuvo una trayectoria accidentada, difícil, llena de conflictos internos y externos. Los famosos Cridens lograron situarse en la cima en muy poco tiempo, gracias precisamente al genio creativo de su compositor, guitarrista principal y vocalista. Sin embargo, su inexperiencia y sobre todo su ingenuidad los llevaron a caer en un sinfín de trampas y a transformar el paraíso del éxito en un verdadero infierno.

Contra lo que algunos todavía creen, John Cameron Fogerty no nació en el llamado sur profundo estadounidense. Sus orígenes no están en el delta del Mississippi, en los pantanos de Louisiana o en alguna aldea de Alabama, sino en la mucho más prosaica y moderna California. En efecto, el autor de “Born on the Bayou” vino al mundo muy lejos de ese mítico y rural Bayou y muy cerca de la sofisticada Costa Oeste de los Estados Unidos; para ser precisos, en el plácido suburbio El Cerrito de la intelectualizada Berkeley, el 28 de mayo de 1945. John y su hermano mayor, Tom, crecieron en el seno de una familia normal y desde pequeños se inclinaron por la música. Siendo aún adolescentes, a fines de los cincuenta, decidieron formar una banda de rock junto con sus compañeros de escuela Doug Clifford y Stuart Cook, a la que llamaron The Blue Velvets y poco después The Golliwogs. El grupo comenzó tocando rockabilly, blues y rhythm and blues (“musicalmente, mis raíces estaban en Memphis; mis ídolos eran Howlin’ Wolf, Elvis Presley y Jimmie Rodgers”, diría alguna vez Fogerty) y pronto incluyó otros géneros poco usuales en la época, como bluegrass, zydeco y cajun, música proveniente del lejano deep south (en donde ninguno de ellos había estado jamás) y que con el tiempo daría lugar al sonido característico de la agrupación, sonido al cual algunos especialistas bautizarían como swamp pop (pop del pantano) y que se popularizaría como “sonido Bayou”.

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En sus inicios, el cuarteto se presentaba en fiestas particulares, lugares pequeños y ferias de su localidad. Sus integrantes tocaban más por gusto que por hacer fama y dinero. Con su propio esfuerzo y como The Golliwogs, grabaron algunos discos, hasta que fueron descubiertos por la compañía local Fantasy Records, la cual los firmó y los puso bajo las órdenes de un astuto y ambicioso ejecutivo llamado Saul Zaents. Ese fue el inicio de la desgracia.

Zaents era un gangster. Con malas artes, había desplazado a los socios de la compañía de discos hasta apoderarse del control de la misma. Cuando llegaron los Golliwogs, de inmediato comprendió su potencial, pero les pidió que cambiaran su nombre. En aquella época se acostumbraban los apelativos largos y exagerados como Strawberry Alarm Clock, Country Joe and the Fish o Quicksilver Messenger Service, por lo que Creedence Clearwater Revival sonó bastante normal. Aunque el primer tema que grabaron fue un cover de “Suzie Q”, pronto empezaron a brotar las canciones compuestas por John Fogerty, melodías estilo deep south, de corta duración y tremendamente pegajosas. El éxito fue inmediato.

Para desdicha de Fogerty, a sus 23 años ese éxito no se vería reflejado debidamente en dinero, ya que debido a un contrato tramposo, en el cual Saul Zaents aparecía como arreglista y productor de las canciones, las regalías fueron a parar en su mayor parte a las arcas de la disquera, es decir, a los bolsillos de Zaents. Así, el éxito multimillonario que lograron durante cinco años composiciones como “Proud Mary”, “Bad Moon Rising”, “Green River”, “Down on the Corner”, “Travelin’ Band”, “Have You Ever Seen The Rain?”, “Fortunate Son”, “Up Around the Bend” y “Lookin’ Out My Back Door”, por mencionar algunas, únicamente sirvió para engordar a Fantasy y mermar los ingresos de John y sus compañeros.

El hecho de producir tantas ganancias sin recibir beneficios creó innumerables tensiones en la banda. Dado que de sus discos recibían muy pocos beneficios, debían vivir de los conciertos, pero no tenían manager y organizarlos era complicado. John Fogerty se autonombró manejador del grupo, lo que no gustó a los demás, incluido su hermano Tom, quien resentía haber pasado a segundo plano. Sin embargo, era John quien escribía las canciones, además de tener a su cargo la guitarra principal y la voz solista. Sin él, los otros eran poco menos que nada. El ambiente se fue haciendo más tenso y las discusiones y pugnas más frecuentes. Doug Clifford, Stu Cook y Tom Fogerty querían incluir canciones suyas y tener mayor ingerencia en las finanzas de Creedence, pero John se oponía a ello. Todo terminó tres años y cinco álbumes después de la grabación, en 1968, del primer disco de la banda, cuando en 1971, cansado del mal ambiente, Tom abandonó el barco para iniciar una muy poco exitosa carrera como solista.

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CCR se convirtió en un trío y John permitió al fin que Clifford y Cook compartieran el mismo número de canciones en el que sería su último álbum, el olvidable Mardi Gras de 1972, cuyas ventas resultaron muy bajas. Las críticas de la prensa fueron feroces y la banda se disolvió sin remedio.

Harto de la forma como Fantasy lo tenía atado, John Fogerty quiso romper su contrato y tuvo que hacerlo de la manera más inicua, al renunciar a la totalidad de los derechos sobre sus canciones y cederlos al insaciable Saul Zaents (quien con ese dinero se convertiría en productor de cine y financiaría exitosas películas como Atrapado sin salida, Amadeus y El paciente inglés, por la cual incluso recibió un Oscar). Existe la versión, con visos de leyenda, de que el empresario ganó esos derechos durante una borrachera, mientras jugaba con Fogerty una mano de poker que éste perdió y que lo obligó a ceder el total de su autoría.

Durante un cuarto de siglo, John Fogerty no pudo interpretar aquellos temas. Casi desapareció del mapa y si no se embarcó en la nave de olvido fue porque sus composiciones permanecieron vigentes en el gusto de varias generaciones. Durante una década peleó legalmente contra Zaents y Fantasy Records, hasta que en 1998 por fin se le hizo justicia y logró recuperar los derechos sobre sus viejas canciones. Sin embargo, en ese lapso le sucedieron otras tragedias, como una gira desastrosa a mediados de los ochenta, su divorcio en 1986, su hundimiento en la depresión y el alcoholismo, las constantes querellas legales contra ese grupo engañabobos que es Creedence Clearwater Revisited (formado por sus viejos coequiperos Doug Clifford y Stu Cook) y la muerte por SIDA, en 1990, de su hermano Tom, quien se fue del mundo lleno de rencor contra John y sin perdonarle jamás que lo haya relegado dentro del grupo.

Hoy día, con algunos buenos discos grabados como solista, John Fogerty (quien este mes de mayo cumple 70 años) sigue en activo, ha vuelto a casarse y al parecer vive más tranquilo. Menos mal, después de todo.