Jack Bruce, el legendario bajista y vocalista del supergrupo Cream, falleció el pasado 25 de octubre, a los 71 años de edad. Tal vez sería injusto limitarlo al breve tiempo (1966-1969) que duró el hoy mítico trío, en el que alternó con Eric Clapton (guitarra) y Ginger Baker (batería), porque el músico nacido en Escocia ya tenía una importante formación anterior y de 1969 en adelante desarrollaría una muy interesante carrera como solista, misma que culminó con el álbum Silver Trails, aparecido apenas en marzo de este año.

Un artículo más detallado sobre Bruce aparecerá bajo mi firma en el número de diciembre de Nexos. Por ahora, rindamos tributo al gran músico con una reseña del que quizá sea el disco más importante de toda su carrera: Disraeli Gears (1968) de Cream.

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Si en la década de los cuarenta Muddy Waters, Willie Dixon y otros de sus contemporáneos llevaron al blues rural a una radical transformación, al electrificarlo y darle un toque más urbano, cuando inició la segunda mitad de la década de los sesenta, un trío británico se encargó de llevar esta electrificación al máximo, al elevar en extremo su volumen sonoro y transformarlo en un alucinante viaje psicodélico. Eric Clapton (guitarra y voz), Jack Bruce (bajo, armónica y voz) y Ginger Baker (batería y voz) conformaban al poderoso y hoy legendario grupo Cream, un vehículo musical extraordinario que durante tan sólo tres años condujo al blues-rock psicodélico a niveles antes jamás imaginados. Gracias a su talento instrumental y a su capacidad para la improvisación cuasi jazzística, la agrupación logró convertir a sus conciertos en un acontecimiento mítico y a sus pocas grabaciones de estudio en un testimonio imperecedero de su creatividad y finura musicales.

Disraeli Gears fue el segundo álbum de la agrupación, luego del debutante Fresh Cream de aquel mismo 1967, el año del Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band y del The Who Sell Out, entre varias otras joyas discográficas que hoy poseen el estatus de leyendas. Este segundo opus reafirmó la propuesta bluesero-psicodélica del trío, iniciada en su primer trabajo, pero la enriqueció con un mayor sentido armónico y melódico y con la creación de riffs tan memorables como los de “Strange Brew”, “S.W.L.A.B.R.” y, sobre todo, el de ese gran clásico que es “Sunshine of Your Love”.

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El disco –grabado por cierto en Nueva York y no en Londres– inicia justo con la ya mencionada “Strange Brew” (originalmente intitulada “Lawdy Mama”), un blues acompasado y sensual en el cual la guitarra de Eric Clapton luce desde el primer acorde, mientras él mismo le canta a una mujer misteriosa y amenazante (“She’s a witch of trouble in electric blue / In her own mad mind she’s in love with you / With you / Now what you gonna do? /  Strange brew, kill what’s inside of you”). El breve solo de guitarra es verdaderamente notable por su precisión y limpieza. En seguida, viene el por todos conocido riff de “El brillo de tu amor” (como se conoció en México) y de golpe surge la potente y característica voz de Jack Bruce (creador de su célebre riff, algo que muchos atribuyen a Clapton) que a lo largo de la canción se alterna con la del buen Eric, cuyo espléndido solo es casi tan bueno como el propio riff. “Sunshine of Your Love” es más que nada un hard rock bajo la estructura armónica de un blues, sólo relativamente quebrado por el contundente y portentoso puente (“I’ve been waiting so long…”).

“World of Pain” se acerca más a un tema de pop psicodélico a la manera de Traffic, dado su gran sentido melódico. Se trata de una gran pieza (escúchese el wah wah claptoniano) que da paso a la exuberante y finísima “Dance the Night Away”, composición en la cual Clapton ejecuta con maestría la guitarra eléctrica de doce cuerdas para dar un peculiar aire folk a un tema claramente enraizado en la psicodelia. La letra llena de fantasía parece prefigurar a las temáticas literarias de las canciones de Led Zeppelin.

El lado A del vinil original termina con la muy curiosa “Blue Condition”, única pieza cantada por Ginger Baker con una voz intencionalmente lánguida e irónica que dice “No relaxation, no conversation, no variation/ In a very dark blue, blue condition”.

La segunda parte de Disraeli Gears abre con uno de los grandes cortes del disco, el genial “Tales of Brave Ulysses”, cuya estructura armónica descendente es casi idéntica a la de “White Room”, la clásica composición de Cream que aparecería en su tercer álbum, el Wheels of Fire de 1968. Clapton había compuesto la música de este tema y en un club de Londres comentó a su amigo y vecino (ambos vivían en el mismo edificio, dentro de una comunidad artística de Chelsea conocida como The Pheasantry, algo así como La Faisanería), el ilustrador australiano Martin Sharp (quien creó la alucinante cubierta de Disraeli Gears), que necesitaba ponerle letra. Ahí mismo, en una servilleta, Sharp le escribió el poema que se convirtió, felizmente, en la mitológica letra de la canción.

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“S.W.L.A.B.R.” (siglas que significan “She Walks Like A Bearded Rainbow”, es decir, “Ella camina como un arcoiris barbado” [?]) es uno de los cortes más luminosos, divertidos y delirantes del álbum, lo cual contrasta con la dramática e intensa plegaria amorosa que es“We’re Going Wrong” (“Please open your mind / See what you can find / I found out today we’re going wrong”).

La luz regresa con una gran tonada de Arthur “Blind Willie” Reynolds, “Outside Woman Blues”, en la cual Clapton se deleita y nos deleita con la guitarra tanto como con la voz. Lo continúa “Take It Back”, otro blues festivo cantado por Bruce, cuya armónica se pasea de lúdica manera al tiempo que se escuchan voces de un público presente en un presunto antro creado dentro del estudio de grabación.

El título de Disraeli Gears surgió de una broma y una confusión verbal, cuando Eric Clapton comentó que quería comprar una bicicleta de carreras y uno de sus roadies, de nombre Mick Turner, al querer hablar de los riesgos de que la rueda de la cadena se zafara, se confundió y en lugar de decir “derailleur gears”, dijo “Disraeli gears” (Benjamin Disraeli fue un importante hombre de Estado en la Inglaterra del siglo diecinueve), lo que causó la hilaridad de los músicos, quienes decidieron que ése debía ser el nombre de su segundo álbum. El mismo culmina con “Mothers’ Lament”, una curiosa canción tradicional inglesa entonada con voces de borrachos por los tres integrantes de Cream, acompañados por un piano de cantina. Una buena y sonriente manera de terminar una obra fuera de serie.

 

Hugo García Michel