El lounge es actualmente más que un género musical. Designa a una estética dedicada al placer, la comodidad y la elegancia. Es un término amplio que desborda a la música y que manifiesta un modo de vida particular, un comportamiento que se refleja en cada gesto del consumo cultural. En lo musical, nació como una variación, principalmente del jazz, en la década de los cincuenta. Se caracterizaba por presentar ritmos sensuales e instrumentación elemental, basada en abundantes sonidos del swing y de la big band de dicha década, combinados con ideas de la world music, para convertirse en un híbrido sonoro muy placentero y de fácil ingesta.

El downtempo-electronic-lounge (o del-lounge) es una de sus derivaciones contemporáneas y, sobre todo, un “modo de interpretación”, por el que pueden pasar géneros tan diversos como el jazz, la bossa nova, el mambo, el chachachá, la música étnica, el nu-jazz o la electrónica.

Ejemplo de tal propuesta son los llamados Modern Germans, esos nuevos músicos alemanes que, insertos en el hipermodernismo, han asimilado las diversas tradiciones, sus esencias, pero están aún más inmersos en el avance. Viven y conviven con diversas eras en el espacio temporal actual y ya no son instrumentistas exclusivamente, sino una generación distinta de hacedores musicales: DJ, compositores, mezcladores y productores, huestes alimentadas con la rítmica del mundo (en su versión denominada exótica) y vitaminadas con la instrumentación tecnológica más adelantada.

Si en su reciente historia los alemanes habían creado el jazz de cámara, en el que lo clásico y lo acústico se definían en relación con el silencio y participaban de la calidad de éste (con el Third Stream de Günther Schuller), ahora se han conectado, definido su estilo en relación al sonido y participado de la calidad de éste vía las facetas electrónicas.

El grupo que mejor representa todo ello es De-Phazz (un octeto fluctuante en el que Barbara Lahr, Karl Frierson y Pat Appleton han sido los miembros más constantes) y lo hace con distintas capas: la primera, que puede ser el bebop reanimado vía intravenosa con el hiphop; otra, una solución del cool de Miles Davis aderezado con los beats del house; y una más, interpretando su corriente más identificable: el downtempo-electro-lounge.

La sofisticada geometría de este triángulo sonoro es una marca de patente de la banda, que se diferencia del chillout porque es bailable y está compuesta con sucesiones armónicas sincopadas. Es una mezcla jazz a base de sonido hi-fi y elegante estética retro del mejor gusto.

De-Phazz1

El eclecticismo de este grupo abarca, además de lo ya citado (músicas originarias en las décadas de los cincuenta y sesenta: jazz tradicional, swing de big band, chachachá, mambo), drum’n’bass, reggae, trance, ragas, pop, lounge, world beat, blues, soul, cajas de ritmos, cuts y grooves cariboafricanos, sonoridades atmosféricas y ambientales y el remix (con toda su magia ubicua en el tiempo y el espacio).

Pero, sobre todo, el eclecticismo de De-Phazz abarca el infinito poder de la imaginación de su líder y mente maestra: Pit Baumgartner, así como su credo primigenio sobre la belleza. Todo con el fin último de poner literalmente a disfrutar al mundo. Un deseo de cualquier época.

De-Phazz 2

Sus integrantes han echado mano del jazz en su antigua sabiduría (con la mezcla) para satisfacerlo, proporcionando un artefacto cultural sensible que se hace vida en la práctica con el movimiento de su satín sonoro y con el puñado de discos que llevan hasta la fecha: Living Some Dreams, Godsdog, Detunized Gravity, Death by Chocolate, Daily Lama, Plastic Love Memory, Natural Fake, Days of Twang, Big, Lala 2.0 (con el agregado de lo acústico como en su reciente álbum Naive, del 2013). Un artefacto marcado por la fascinación y el atractivo de las ingeniosas combinaciones. Un arte que transforma en música al entorno con cocteles maravillosos que son una flecha al corazón, besos ligeros o instantes de embelesamiento, arropados en mezclas asombrosas y con un destilado rítmico de laboriosa sencillez.