Hank Jones BN webPor Rosa Olivia Hellion Tovar

El pasado 16 de mayo, falleció Hank Jones (Vicksburg, Mississippi, 1918), uno de los más importantes, exquisitos y longevos pianistas de jazz. Al morir, tenía noventa y un años de edad y dejó tras de sí una carrera fructífera que inició en su adolescencia, cuando a los trece años ya dominaba el piano y acompañaba a cantantes locales.

Algunos historiadores del jazz han llamado a Jones el escudero de grandes intérpretes como Ella Fitzgerald, Benny Goodman, Charlie Parker, Miles Davis y John Coltrane, a quienes acompañó en muy diversos momentos. Pero sus primeros ídolos fueron Fats Waller, el famoso tecladista que introdujo al órgano en el jazz, y Louis Armstrong, a quien iba a ver a escondidas de su padre cuando se presentaba en la ciudad de Detroit.

No deja de ser paradójico que su progenitor, un diácono de la iglesia bautista, fuera un enemigo acérrimo del jazz, género al cual consideraba como música diabólica. Quién iba a decirle a este buen hombre que tres de sus hijos se convertirían, con el paso del tiempo, en enormes jazzistas. Porque además de las dotes de Hank en el piano, otros dos hermanos de éste triunfarían como profesionales: Elvin como baterista (perteneció al cuarteto de John Coltrane) y Thad como trompetista, compositor y arreglista (perteneció a la banda de Count Basie). “Los caminos del Señor son inescrutables”, se habrá dicho resignado el patriarca de los Jones.

Hank Jones se mudó a Nueva York en los años cuarenta, justo cuando el bebop empezaba a conquistar a la Gran Manzana. Recomendado por el saxofonista Lucky Thompson, se unió a la banda de Hot Lips Page en 1944. No tardó en adaptarse al vanguardista beat imperante y gracias a ello pudo ingresar a la banda de Coleman Hawkins y a la orquesta de Billy Eckstine. También aprovechaba la menor oportunidad para escaparse a tocar con Charlie Parker, en aquellas infernales sesiones que hoy tienen visos de leyenda.

Su primer contrato realmente serio lo firmó con Ella Fitzgerald, de quien se convirtió en pianista oficial en 1948. Ello no le impidió sin embargo grabar con otros músicos y así tomó parte en álbumes como Now’s the Time de Charlie Parker y Our Delight de Art Tatum.

En las siguientes décadas, Hank Jones tocó con famosos clarinetistas como Artie Shaw y Benny Goodman y en 1959 fue el pianista principal de los estudios CBS, puesto en el que estuvo durante diecisiete años y que le permitió tocar en los programas televisivos de Jackie Gleason y Ed Sullivan. Ya en los años setenta, su carrera floreció como solista en pequeños grupos, incluido el Great Jazz Trio, junto con Ron Carter y Toni Williams.

A lo largo de su carrera, Jones fue plenamente reconocido por su sensibilidad, su toque elegante y su gran versatilidad. Grabó cientos de discos, más de sesenta como líder. Uno de sus momentos más célebres sucedió en 1962, cuando acompañó en el piano a Marilyn Monroe, cuando le cantó el “Happy Birthday” al presidente John F. Kennedy en el Madison Square Garden.

Sus últimas grabaciones fueron Pleased to Meet You con el pianista Oliver Jones, Come Sunday con el bajista Charlie Haden y Steal Away, disco que recibió dos nominaciones al Grammy.

Su increìble capacidad le permitió estar en actividad productiva los últimos años de su vida, para dar conciertos, grabar e impartir clases alrededor del mundo.

Hank Jones murió el pasado 16 de mayo, en la ciudad de Nueva York. Como muestra de su importancia, está la que tal vez sea la fotografía más mítica de la historia del jazz, A Great Day in Harlem, publicada en 1958 por la revista Esquire y hoy mundialmente reproducida en postales y carteles. En la misma, 57 famosos músicos del género posan en unas escaleras de la calle 126, entre las avenidas Quinta y Madison. Count Basie, Art Blakey, Charles Mingus, Thelonious Monk, Coleman Hawkins, Lester Young, Sonny Rollins y Dizzy Gillespie sonríen y, entre ellos, en uno de los márgenes, elegante y agradable, se destaca Hank Jones.

Descanse en paz el gran pianista.