mike-pattonPor David Cortés

Mike Patton, en concierto, es un espectáculo. Sobre el escenario impone su carisma, su movilidad (corre, atraviesa el proscenio, gesticula, dispara su sampler: durante una hora, por lo menos, es un torbellino). Tiene dotes de frontman y sabe cómo sacarles partido. Pero por encima de eso, es un enorme vocalista, tal vez uno de los mejores que han surgido en la escena del rock, sobre todo porque su voz es un instrumento maleable y le ha permitido encarar diferentes corrientes del género.

No haremos aquí un recorrido por su historia, en la cual se incluyen agrupaciones tan importantes como Faith No More (ver video 1), Mr. Bungle, Fantomas y Tomahawk, con las cuales ha dejado un interesante legado discográfico. Patton es un vocalista sui generis porque su voz es capaz de atacar, casi siempre con éxito, el crooning, el falsetto o el scat. Su resistente garganta lo mismo encara un beatboxing que los gritos guturales del black metal. Muestra de lo último son los discos que desde 2006 ha realizado con el baterista Joey Baron y el bajista Trevor Dunn, bajo el nombre de Moonchild Trio: Moonchild Songs Without Words (2006), Astronome (2006), Heliogabalus (2007) y The Crucible, todos con composiciones de John Zorn y editados en el sello dirigido por éste (Tzadik Records).

Dos de sus grabaciones más extremas las hizo como solista: Adults Themes for Voice (1996) y Pranzo Oltranzista (1997). Se trata de un par de placas en las cuales el cantante experimenta con su voz y las que se incluyen desde susurros hasta gritos infernales. El objetivo fue explorar todas las posibilidades de sus cuerdas vocales, aunque los resultados hayan sido desiguales. Piénsese en el italiano Demetrio Stratos, aunque con altibajos, y se tendrá una idea aproximada de lo alcanzado por Patton  en estas producciones.

Si a uno le fuera dado escuchar los trabajos anteriores y luego de ello pasara a Peeping Tom (“Esta es mi versión de la música pop. Es un ejercicio para mí: tomar todas estas cosas que he aprendido con los años y ponerlas en un formato pop”) o al reciente Mondo Cane (Ipecac, 2010), se pensaría que se trata de un cantante diferente. En el primero, Patton colaboró, entre otros, con Norah Jones, Massive Attack, Bebel Gilberto y Amon Tobin. A pesar de su eclecticismo, el disco es como un remanso de paz y tranquilidad, todo melodía y sonidos complacientes.

Mondo Cane (ver video 2) es una sorpresa, un álbum muy ligero, ideal como fondo en comidas o cenas. Se trata de un puñado de melodías italianas de los años cincuenta y sesenta. Acompañado por la Filarmónica Arturo Toscanini, el coro Coralli Di Torino y la trompeta de Roy Paci (maravillosa), Patton entrega su faceta de crooner y lo hace decorosamente. ¿Qué motiva a este individuo a ir de aquí para allá? ¿De dónde saca el coraje y las ganas para hacer cualquier tipo de música?

Hace una década, él mismo escribió, en el primer volumen de Arcana. Musicians on Music (Granary Books/ Hips Road, 2000), un texto muy breve titulado “How We Eat Our Young”. Al hablar del entreguismo de los músicos para con la industria, acota: “Si la música está muriendo, los músicos la están matando: los compositores son los que la están descomponiendo. Somos responsables como cualquiera, aunque no nos gusta admitirlo. Nuestro enemigo es la «industria» y culpamos a las estructuras corporativas por nuestra música de mierda, pero nosotros somos los que la hacemos”.

En palabras de Patton, el problema radica en la preocupación por ajustarse a una imagen preconcebida de los músicos, la cual ocasiona que se piense y reflexione poco acerca de su trabajo. No es que haya encontrado el secreto para evitar problemas, pero aquí radica el por qué de su movilidad y de sus ansias creadoras que lo mismo lo llevan a colaborar con los italianos de Zü que a gritar en forma desaforada junto a John Zorn: “Trata de alcanzar cierta clase de placer cuando lo hagas [la música]. La excitación debe incrementarse e intensificarse cuando te das cuenta de que es compartida por un número de personas. Piensa en ello. Si viene de tu interior, es automáticamente válida, aunque puede o no ser buena. Porque si no está comunicando, su placer es tan corto como un rapidín en un cuarto trasero. Significa una mierda”.

Sentir y dar placer, comunicar, transmitir emociones, sin importar si es bueno o malo. Como Mondo Cane, disco vivo, fresco, chispeante, espontáneo, disfrutable. El objetivo se ha cumplido; después, tal vez podamos ver si es bueno o no.