beth-ditto-nmePor Sergio Monsalvo C.

Si no fuera por su actitud, Beth Ditto podría haber sido del gusto de Peter Paul Rubens, aquel pintor flamenco, ejemplo del barroco, a quien atraían para modelos de sus cuadros las damas de formas exuberantes que se caracterizaban por la flacidez de sus carnes y la ampulosidad de sus contornos. Es decir, Beth parece una de las desenvueltas bacantes que fascinaban al maestro, más que una pudorosa Gracia de la mitología helénica. Sin embargo, la mirada salvaje la pierde.
Tampoco puede ser retratada por Fernando Botero para una de sus famosas esculturas o pinturas. Tiene en sí la desproporción de lo real y la necesaria distorsión volumétrica, pero carece del tono naïve tan caro para el colombiano. Es demasiado procaz y ríspida. Así que, hipotéticamente rechazada por esas escuelas artísticas, ha encontrado un mejor acomodo en la plástica del punk –eso sí: en su lado más indie o alternativo– y lo ha hecho como integrante del grupo Gossip.
La palabra “gossip” puede ser usada en el idioma inglés como sustantivo y como verbo y viene a significar lo mismo: chismorrear. Eso es lo que le encanta a Beth Ditto; tanto, que ha captado los reflectores de la escena musical y de la moda y el glamour –sí el glamour– en una fenomenal contradicción a la que la cantante considera “de lo más punk”.
Gossip, con Ditto en la voz, Brace Paine en la guitarra y teclados y Kathy Mendoca en la batería, tuvo sus inicios en 1999, en Arkansas. Comenzaron como banda de garage, cruda y energética, luego adoptaron el punk blues, grabaron discos mal hechos (That’s Not What I Heard, Movement) con sellos subterráneos, con estética feminista y sentido del humor. Conocieron la pobreza y el rechazo ante sus posturas radicalmente lesbianas y recorrieron los circuitos pergeñados para su estilo. En el 2003, la baterista se hartó y dejó al grupo por una carrera más estable. Entonces se unió a ellos Hannah Blilie.
El trío se decantó por el dance punk y en el 2006 obtuvieron éxito con “Standing in the Way of Control”, una pieza que se convirtió en el sencillo y título de su siguiente álbum. En ella, Ditto manifestaba una respuesta a la política anti matrimonios homosexuales de parte del entonces presidente Bush. El tema se convirtió en un himno para las comunidades con dichas preferencias. Al año siguiente, la revista británica New Musical Express sacó desnuda a Beth Ditto en su portada.

El mundo la conoció y ella le chismorreó su lesbianismo con lujo de detalles. Los modistos de renombre se apresuraron a vestir sus más de cien kilos y a pasearla por las alfombras rojas. Se convirtió en referente de pasarelas. Pero, ¿y la música? Ésta, que hasta entonces había sido un juego más que nada, cobró su importancia real cuando el material en bruto fue moldeado y pulido por el ícono de la producción, Rick Rubin, quien para estrenarse como copresidente de Sony eligió a Gossip para producirlo y lanzar globalmente su propuesta.
Rubin apostó por la buena música que había escuchado en un concierto del grupo en Los Ángeles. Lo firmó para la subsidiaria Music with a Twist, la cual tiene como objetivo a los artistas del término LGBT (lésbico, gay, bisexual y trans), y grabó con ellos el irónico Music for Men, disco lanzado en el 2009 (con la cara de la andrógina Hanna Blilie en la portada). Surgió entonces todo el poderío vocal de Beth Ditto y el impetuoso sonido del grupo: un aglomerado de indie punk-soul, ajeno a los cánones, que en su hechura lleva ya una gran suma de leyendas: la de los estudios Shangri-La, el trabajo de Rubin y la picardía de una rolliza Gracia arropada por un cotilleo sustancioso.