El domingo 6 de octubre de este año, Patti Smith dio un concierto gratuito para una multitud en el festival Hardly Strictly Bluegrass 2024, en la ciudad de San Francisco, California. La gran estrella del rock de los setenta y la singular poeta de toda la vida lució en grande, acompañada por un grupo de sólo tres músicos, uno de ellos, el guitarrista, su hijo Jackson. A sus 77 años, ella es toda una abuela de la tribu, una bruja cargada de sabiduría por la experiencia y una performancera de personalidad propia, pues sólo opera con la sencillez del rock de garage, sin necesidad de grandes pantallas o de efectos de luz hipnotizantes y fuegos artificiales. Únicamente tres buenos músicos y ella; ella con su palabra, ella con su lenguaje gestual, ella con la sacralidad inmediata que ha sabido ganarse como artista de época.
En un momento importante de su presentación, Smith rindió tributo a la memoria de Kurt Cobain. Primero interpretó su cover de “Smells Like Teen Spirit” y sin solución de continuidad, interpretó la canción que le dedicó al propio Cobain: “About a Boy”, una rola en la que lo presenta como un muchacho rebelde y angustiado que nunca creció, un muchacho del que Dios tomó su rostro por un instante y así lo redimió. Un semidiós mitológico y un adolescente desesperado que no maduró. Así suelen ser los héroes del rock. Por eso se quedan marcados de modo especial en la memoria de la tribu, como Jim Morrison y Sid Vicious.
Alguien así, pero por fortuna menos trágico y atormentado, fue Marc Bolan, un rockero de cepa, un peso completo del rock, un rebelde con personalidad y proyecto propios, un muchacho loco que tampoco maduró y que no se volvió un adulto normal y aburrido, de esos que ahora compran, coleccionan e idolatran todo lo que les ponen en el mercado de o sobre los Beatles o ABBA. Bolan nunca alcanzó la fama de Cobain y Nirvana, tampoco fue tan original como Jimi Hendrix o tan bardo auténtico como Jim Morrison, pero anduvo cerca de todo eso. Tampoco alcanzó como artista la madurez versátil de David Bowie ni lo trascendente de Patti Smith, aunque sí logró momentos de arte sublime. Sin embargo, todo el tiempo supo hacer rock del bueno y se comportó siempre como todo un rebelde sin causa de la contracultura pop con personalidad propia. Vale la pena recordarlo en este espacio.

Con miedo a tener una muerte prematura, Marc Bolan nunca aprendió a manejar coches y tampoco quiso tener uno propio. Sin embargo, murió a los 29 años, el 16 de septiembre de 1977, en un accidente de auto en Londres. Su novia de ese momento manejaba y un desperfecto en la presión de las llantas los hizo chocar con un árbol. Ella resultó seriamente herida y Marc murió allí mismo. No fue a los 27 años del mito romántico, pero sí en plena juventud y en su hora de mayor fama. No fue un vil escopetazo, sino la desagradable diosa Fortuna. Sólo faltaban días para que Marc cumpliera treinta años y empezara a madurar, ya que había nacido allí mismo, en Londres, el 30 de septiembre de 1947. Así que se quedó chamaco para siempre.
A Bolan se le considera el pionero del glam rock, un tipo de rock desarrollado en los años setenta que se distingue por el glamour sensual de quienes lo interpretaban con un estilo afeminado que se enfrentaba al del rockero macho y guarro y todo con un vestuario lleno de brillos, pieles de leopardo y satín, mucho satín, con peinados de salón de belleza como los de Bon Jovi, en sentido contrario a la greña descuidada de los jipis y la escandalosa caca en el pelo de los punks. En este subgénero sobresalen David Bowie, Queen, Roxy Music, Alice Cooper y Elton Johh. El aporte distintivo del glam al rock en lo musical fue buscar de nuevo la pureza del rock sencillo y directo de los cincuenta, lo anterior a la psicodelia y el rock progresivo.
Este cantante y guitarrista con duende funk comenzó su carrera musical como solista en 1964, a los dieciséis años, cuando por efecto de la llamada Ola Inglesa el gran mercado de música para adolescentes, abierto por la posguerra en 1950, era una de las fuentes de plusvalía más rentables de la tierra, un momento en el cual los requerimientos del público pedían artistas que los reflejaran como un espejo ideal; frescos adolescentes con ansias de ser estrellas del espectáculo y que hacían canciones atractivas para sus pares. Se daba el paso evolutivo del rock and roll –que era nomás para bailar y ligar– al rock –que se proponía hacer pensar la bailada y cambiar la vida en todo lo que se pudiera hacer para coger de verdad.
Después de formar parte por un breve tiempo del grupo John’s Children, Marc Bolan optó por formar su propia agrupación: Tyrannosaurus Rex. Quería hacer algo al estilo de Blue Cheer o Grand Funk, un trío de poder fortalecido con otros instrumentos. Pero el proyecto fracasó de inmediato y el grupo se redujo a un dúo acústico con el percusionista Steve Peregrin Took. Juntos grabaron tres álbumes de música psicodélica-folk británica que tuvieron regular éxito con el público.
Fue entonces que Bolan llegó a configurar a la banda que le dio fama mundial y la permanencia de su espíritu musical y rockero más allá de su muerte: T Rex.
De T Rex muchos recordarán de inmediato el que fue su éxito más sonado y duradero: “Get It On” (“Consíguelo” o “Métetelo”), un tema con mucho jícamo que muchos grupos y solistas han interpretado como cover, con buenos y regulares resultados. A mí me gusta la versión que hizo la súper-bandita The Power Station (Robert Palmer, John Taylor y Andy Taylor –de Duran Duran– y Tony Thompson –de Chic).
Las alineaciones de músicos acompañantes de Marc Bolan en T Rex variaron durante los siete años que duró en funciones. La alineación final la formaron Dino Dines en los teclados, Tony Newman en la batería y las percusiones y Herb Flowers en el bajo. Bolan era la voz y la guitarra principal. Durante un tiempo brillaron como virtuosos y pesados: Steve Currie en el bajo y Mickey Finn en las percusiones. Nunca alcanzaron alturas excelsas como las de Led Zeppelin o los Who; sin embargo, lograron momentos y piezas de buena calidad, además de pegajosas y bailables.
Para la crítica y el público, el álbum mejor logrado por Marc Bolan y T Rex es Electric Warrior, once canciones sin demérito entre las que se incluye la estelar “Get It On”. En las ediciones más recientes, el total de piezas es de dieciocho, más una entrevista con Bolan. Lo grabó la segunda alineación de T Rex que menté aquí arribita, con la inclusión de Bill Legend en la batería. En lo histórico, lo califican como el primer disco de glam rock; en lo esencial, es una obra musical que por su frescura sigue vigente por completo y tardará un buen rato en envejecer, no lo buscarán en Google como a Police. Incluye este álbum otro de los éxitos de la agrupación: “Jeepster”. Hasta la muerte de Bolan, produjeron ocho discos de larga duración, ninguno es digno de desprecio y todos tienen momentos muy bien logrados.
De las once canciones que T Rex tuvo entre las diez primeras del Hit Parade británico, además de “Get It On”, destacan “Hot Love”, “Telegram Sam” y “Metal Guru”. Estos temas nos transmiten de modo rápido y sintético el espíritu de esa época cuando el rock y el pop alcanzaron la madurez como arte popular para las masas, un aparato ideológico que al mismo tiempo domesticaba a la clase trabajadora y retransmitía los ideales libertarios de la contracultura para quienes no se chupaban el dedo.
La primera canción, “Amor caliente”, lanzada como sencillo, se convirtió en el primer número uno del grupo en el Reino Unido. La música expresa la frescura del glam como música de adolescentes para adolescentes, hacía que todo el mundo bailara en las pachangas, con o sin pareja, generalmente en bola loca. La letra es una canción de amor en pareja sin complicaciones: un varón festeja con sencillos versos de doble sentido a la mujer que ama por el modo como mueve el cuerpo. Si tienes abuelos de esa época, nomás deja que la escuchen y cantaran la tonada y bailarán aunque sólo sea los pinches ojos.
Bueno, ella no es ninguna bruja
Y me encanta la forma en que se contonea, uh-huh
Bueno, ella no es ninguna bruja
Y me encanta la forma en que se contonea, uh-huh
Soy su príncipe de dos centavos
Y le doy amor ardiente, uh-huh
“Telegrama Sam” fue el tercer No. 1 de la banda. Tiene un riff de Bolan que hace brillar lo funky del glam como música para mover el esqueleto –que es donde está la mente y no al revés. En los coros se encuentran los dos miembros más famosos y duraderos de The Turtles: Mark Volman y Howard Kaylan. La presencia de las congas le da una tonalidad guapachosa con bastón y bombín, justo lo contrario de lo afro de Santana. La letra es una buena muestra del poeta Marc Bolan, alguien que también se pensaba como escritor de novelas de ciencia-ficción y de poesía. Un poetizar intencionalmente adolescente y optimista, más próximo a Chuck Berry que a Arthur Rimbaud. Otra vez se juega con el doble sentido de las palabras para hacer una oda a las drogas recreativas y a quienes hacían posible su presencia en el mundo del espectáculo rockero. También es un texto con tintes autobiográficos interesantes.
Bobby está bien, Bobby está bien
Es un poeta nato, sólo que está fuera de vista
Zapatos automáticos, zapatos automáticos
Denme visión 3D y el blues de California
Sin funk, pero no me importa
No soy un fresa cuadrado con mi pelo en espiral
Por su parte, “Gurú de Metal” es una pieza que deja ver el lado genialmente superficial y pop de la música de T Rex, el lado que conectaba muy bien con la gran masa adolescente y con efectos de deseo perverso polimorfo que llegaban más allá de lo bisexual, de acuerdo con las preferencias eróticas del mismo Bolan. Como la anterior, forma parte del álbum The Slider (El deslizador) de 1972.
Aquí quiero recomendar en forma especial el audiovideo de una presentación de T Rex tocando en vivo en la Taberna del Olympia de París, el año de 1971, cuando iban en ascenso hacia la fama. Es uno de estos momentos de la historia del rock que se han vuelto accesibles en esta era de la súper-información de redes (Internet), porque estas filmaciones no eran de acceso masivo en la hora que se realizaron. Son presentaciones en concierto que nos permiten ver y escuchar lo que no pudimos ver y escuchar cuando ocurría, una forma virtual de estar en contacto con la médula del rock de los años setenta, después de la aparición del Sargento Pimienta de los Beatles y del We’re Only in It for the Money de Frank Zappa y las Madres de la Invención, una década en la que la imaginación creadora logró integrar en el rock lo mejor de la música de élite y lo mejor de la música popular, todo con ejecuciones técnicas de alto virtuosismo. Con esto reconozco que el rock esencial en México no lo tuvimos “en vivo” ni cuando vinieron los Doors al Fórum de los Castro. Todo nos llegaba por la radio y por los discos, era rock enlatado, nos faltó el fuego real de lo vivo en sí de un buen concierto de rock, uno de esos en los que, por lo alto de los decibeles, tardabas más de 48 horas para volver a escuchar el tic-tac de tu reloj de pulsera.
Esta presentación es de T Rex como trío. Bolan toca la guitarra acústica y eléctrica, Currie el bajo eléctrico y Finn las congas; no hay teclados ni batería, tal es su diferencia. Son un excéntrico trío de poder glamourizado en la imagen. Interpretan cuatro piezas importantes de su repertorio y demuestran poseer un dominio de sus instrumentos bastante llamativo, pues se acercan a lo progresivo y no dejan de transmitir mucha fuerza, lo que hace resaltar la presencia nerviosa de las congas. Las canciones en cuestión fueron “Jewel” (“Joya”), “Ride a White Swan” (“Monta un cisne blanco”), “Elemental Child” (“Criatura elemental”) y “Summertime Blues” (“Blues de verano”). Esta última los deja en segunda división ante los portentos de Blue Cheer y los Who, pero los sitúa muy por encima del rock de goma de mascar.
La filmación incluye una entrevista en la que Bolan manifiesta su personalidad de poeta del rock y no mero oropel del espectáculo mercantil. También deja entender que hace música para comunicar alegría y buenas vibraciones a un mundo oscurecido por las guerras y la usura que las provoca, guerras entre naciones y entre individuos. Porque el influjo del rock como contracultura en todas sus figuras y etapas ha transmitido un espíritu pacifista y no violento, a pesar de la agresividad de los gestos y lo rebelde sin causa de muchas acciones más que nada particulares. De allí la aparición del glam rock como deseo de transmitir ese impulso original a la masa de adolescentes que consumía rock sin parar como gasto suntuario, un modo de querer ser singulares sin llegar a los extremos aparentes de los jipis y de los punks.
Salvador Mendiola