Fuensanta y la búsqueda sutil de la exactitud musical

Fuensanta es su verdadero nombre, apelativo heredado de su tatarabuela materna, una mujer mora de Murcia cuya hermana se llamaba Leocadia. Hoy, la cantante y contrabajista veracruzana radica en Holanda, país a donde viajó para estudiar en el Conservatorio de Amsterdam y donde después de la pandemia decidió construir su vida musical.

A la fecha, la también compositora cuenta con un álbum (Ensamble grande, 2020) y un EP (Principio del fuego, 2023), en los cuales la protagonista principal es su voz, rodeada por distintas fuentes sonoras (trompeta, saxofón, guitarra, piano, harmonioum, flauta, batería), aunque regularmente en su música utiliza un mínimo decorado instrumental. En ocasiones advertimos impulsos tribales (“Cuándo te voy a decir”), guiños a África (“No será regresar”), temas perlados con un poco de jazz latino (“Canción contra mi apatía”), composiciones en las que la voz es un instrumento más (“Olas) y piezas misteriosos (“Principio”).

Mientras trabaja en una nueva producción, nos acercamos a Fuensanta para hacer una entrevista que nos permita ofrecer un retrato de su quehacer como compositora e instrumentista.

Fuensanta. Fotografía: Teresa Costa

¿Cómo y cuándo te acercaste a la música?
Siempre hubo música en mi casa, porque mi papá es productor de radio y cantaba en coros y mi mamá es bailarina, coreógrafa y maestra de danza. Mi primer acercamiento a la música, creo, fue a los cuatro años, cuando tomaba clases de flauta dulce con mi vecina que también considero una especie de madrina, Natalia Valderrama. Después estuve entregada a la danza por varios años, pero volví a acercarme a la música a los doce o trece años, cuando entendí que quería cantar y dedicarme a ese mundo por el resto de mi vida. 

¿Por qué el contrabajo como instrumento?
Fue por ahí de los diecisiete años. Ya estaba muy involucrada en la vida de la música, cantaba en varios grupos y había estudiado canto y piano. Siempre me había gustado escuchar el contrabajo en los conciertos y admiraba mucho a mis amigos bajistas. Me parecía el instrumento con el que más me podía divertir, por participar tanto en el aspecto armónico como en el rítmico de lo que estuviera pasando y poder acompañar los momentos solistas de otros instrumentos. Me pasaba mucho que cuando cantaba escuchaba cosas y quería ser parte de la textura de la música que estaba desarrollándose, pero parecía que al usar la voz resultaba confuso, porque se percibía como un sonido protagónico. Luego, en ese mismo año, me detectaron nódulos vocales y me recomendaron no cantar por cinco meses ni hablar por mes y medio. Como ya estaba completamente entregada a cantar, empecé a tocar el contrabajo para encontrar otra forma de hacer música. Tuve la suerte de tener gente a mi alrededor que fue muy generosa para que eso pasara, desde quienes me prestaron el primer contrabajo y los amigos que iban aconsejándome qué estudiar, hasta una banda en la que me transfirieron inmediatamente de cantante a bajista. Cumplí con el cliché de siempre, creo que toqué en mi primer concierto como un mes después.

Tu música es una mezcla de folclor con jazz, improvisación y experimentación, ¿cómo nace esta amalgama y qué deseas transmitir con ella?
Volviendo un poco a lo de la pregunta anterior, creo que siempre me ha emocionado mucho la idea de una música que respire a través del contexto y las personas presentes. Esto lo tienen en común el jazz y el folclor. Para que la música pueda respirar de esa manera espontánea y viva, necesita tener algún espacio con flexibilidad, como un cuero de tambor o una membrana lo necesitan para reaccionar. Yo creo que todas las músicas que se tocan en vivo tienen algo de eso, en proporciones y aspectos diferentes. También me gusta escribir y tocar canciones, erigir sobre ideas meditadas. Esto me ha llevado a caminar por varios años en el filito de la cuerda que existe entre la música compuesta y la improvisación. Dentro de la improvisación, me ilusiona cuando la música se expresa como un solo ser vivo, más allá de si es el solo de X o Y miembro del grupo. Se vuelve un poco abstracto  saber cómo trabajar sobre un concepto extremadamente específico y a la vez decidir también que todo puede pasar aún. Por eso la pregunta con la que me encuentro muchísimas veces es la de definir cuáles cosas son esenciales para que la composición siga siendo ella misma, a la vez que uno decide cuáles no. Cuando toco sola, estas cosas se definen fácilmente por sí mismas, aunque puedan cambiar con el tiempo. Luego, por fortuna, existen muchas personas que están viviendo la música de esta forma y cuando nos encontramos y nos movemos juntos de manera armoniosa, es absolutamente emocionante. Mi música se ha nutrido mucho de las personas con quienes la he tocado. Creo que esta ambigüedad o “espacio de flexibilidad para la resonancia” es una de las cosas que se pueden considerar más experimentales dentro de lo que hacemos. Me interesa la idea de buscar un pequeño glitch que abra una puertita improbable dentro de la simpleza y la familiaridad. Es un poco como la evolución del toro de Picasso. Definir lo esencial también libera un espacio para nuestra imaginación, como el surrealismo y el realismo mágico. 

Fuensanta. Fotografía: Paulina Berruecos

Ensamble grande y Principio del fuego son tus colecciones de canciones editadas hasta ahora. El primero es en directo y está marcado por un minimalismo en cuanto a la utilización del ensamble. El segundo es un poco más expansivo en sus sonoridades. ¿Cómo nacieron estas grabaciones y cómo elegiste el enfoque en cada una?
El álbum Ensamble grande fue el debut del grupo y la grabación es el nacimiento de esa música, porque antes del concierto sólo habíamos hecho ensayos seccionales y no la habíamos tocado juntos. Fue un hallazgo bellísimo y muy emocionante; hasta la fecha, uno de los conciertos más especiales que he hecho en mi vida. Quería explorar la idea de tocar música más abierta y folclórica, con voces y tambores y una visión de la armonía que fuera más melódica y textural. En Principio del fuego la idea era utilizar la música grabada como otro medio de expresión y sobre todo poder dejar las canciones que han sido importantes para mí y que he tocado en vivo muchas veces, en un sitio donde sean accesibles para quien las necesite. Quería también por primera vez saber qué se siente  ir a buscar hasta la última piedrita del túnel, para capturar una idea y honrar la canción en una versión. Este es un encanto distinto al de tocar en concierto, en el que delegamos al momento todo el control. Para eso quería producirlo y aprender. Que fuera un álbum que viviera en mi computadora y que pudiera grabar desde el baño de mi casa si fuera necesario. Tuve muchísima suerte, porque lo terminé coproduciendo con Louis Cole, fundador del grupo de jazz funk electrónico Knower, un artistazo al que admiro mucho y quien es justamente un referente por haber producido toda su música él mismo desde siempre,  con los recursos que tenía a la mano. La búsqueda no es encontrar la perfección, sino la exactitud. Este álbum ha sido un proceso enorme para mí, de muchas medianoches y aprendizaje. 

En Ensamble grande hay un versión muy buena a contrabajo y voz de “Ariles de campanario”, ¿por qué elegiste esa canción precisamente y más para cantarla frente a un público que no habla español?
David Haro es uno de mis más grandes ídolos, siento que algo pasó con él –especialmente con ese disco que se llama Ariles– en el que supo destilar en algo suyo y nuevo toda una cultura. Me refiero al son jarocho y al sotavento. La música y la poesía son hermosas, me sé ese álbum al derecho y al revés desde que soy preadolescente. En algún momento, al intentar entender un poco mi identidad después de un par de años de vivir en Amsterdam, le hice un cover a esa canción que es preciosa y un bocado de sol. Me demoré un rato en entender su significado más profundo, hasta que un día me escribió David Haro para preguntarme justamente de forma muy amable cuál era la finalidad de incorporarla en mi repertorio y si tenía la intención de proyectar la identidad de esa canción en mis conciertos. Me explicó en palabras mejor dichas que la canción no podía separarse del origen y la comunidad que la conformaba, es decir de la diáspora africana del sotavento, cuyos antepasados eran esclavos. En efecto, yo la cantaba simplemente porque resonaba con ella y me gustaba, pero no había entendido el peso de sus palabras. Cuando la canto ahora, siento la gravedad de una canción revolucionaria e intento hacer de ella un momento para dirigir nuestra atención hacia sus principios y la opresión que sigue existiendo sobre grupos de personas en todos lados. Hay racismo en México y hay racismo en los Países Bajos. En Europa, esta canción es cuantimás relevante, considerando que la mayoría de sus gobiernos se han enriquecido por cientos de años con la explotación de comunidades de todo el mundo… y continúan haciéndolo.

¿Cómo ha influido la música de tu región en tu labor creativa?
Creo que la influencia más grande de mi región es el son jarocho. Por su libertad y su poesía que es llana, pero muy intensa y conectada con la naturaleza. Esa música tiene una cierta obscuridad que viene muy de las entrañas de la tierra, así como una alegría muy descarada. También melancolía. Tiene una ambigüedad melódica y rítmica que no se pude explicar bien, pero que todo el mundo percibe. 

Principio del fuego, dices, es “una pequeña carta de amor al realismo mágico” con el que creciste. ¿Cómo fue tu infancia y qué papel jugó en ella la música?
Crecí, como dije antes, con la música en casa, por las producciones de danza de mi mamá y las programaciones de radio de mi papá. Mis padres siempre compartieron mucho ese aspecto entre ellos también. Colaboraban para escoger la música de las coreografías; ponían música barroca, contemporánea o cumbia los domingos o nos llevaban a escuchar los conciertos de la Sinfónica de Xalapa cuando éramos niñas. En mi casa había libros, muchísimos, y como estábamos en el bosque, pasé muchas horas de mi infancia en la lectura de cuentos mágicos o imaginándomelos por ahí. Me gustaba ir a buscar hadas y es que si vieras los churritos en espiral que hacen los helechos arborescentes, tú también hubieras pensado que ellas vivían ahí. Creo que el realismo mágico habita a todo México en general. Basta con una conversación en cualquier sitio para que alternemos con una facilidad extraordinaria entre cosas prácticas como el precio de la gasolina y contarnos que anoche se nos subió el muerto porque vino la tía difunta a visitarnos. Yo crecí con eso, como todos los mexicanos.

Fuensanta. Fotografía: Teresa Costa

Finalmente, ¿cuáles son los planes de Fuensanta en un futuro inmediato?
Estoy en un momento muy bonito, en el que después de un par de años de viajar mucho tengo un tiempo para estar en casa y vivir la rutina. Sobre todo, después de estos últimos meses que han sido una locura y en los que pasaron cosas que venían ilusionándome desde muy atrás, como hacer mis primeras giras en México y llevar al Ensamble Grande. Ahora mismo estoy viviendo días simples, durmiendo, comiendo, escribiendo mis sueños, moviéndome, nadando en un canal que está en el verde cerca de mi casa, yendo al cine y trabajando. Los últimos años fueron muy intensos, con cosas muy buenas y también otras muy dolorosas. El regalo de tener tiempo es poder sentirlo todo. Estoy componiendo música nueva para cantar y pensando en cómo empezar a producir mi siguiente disco. Tengo mucha música que no he liberado y sigue creciendo. También hay cosas con la poesía, la fotografía y las ilustraciones que quisiera acomodar. Con esto de las cuerdas va a haber un poco de eso. En los próximos meses tengo algunos conciertos como solista que me emocionan, entonces también estaré preparando eso. Además, en noviembre vuelvo a México con una banda que adoro.

Fuensanta se presenta el 24 de noviembre en el Festival Eurojazz, junto con Isabel Crespo, Gabriel Milliet y Alex Lázaro. Centro Nacional de las Artes, Av. Río Churubusco 79, Col. Country Club Churubusco, Coyoacán.

 

David Cortés
Profesor de tiempo completo de la Universidad Pedagógica Nacional

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Publicado en: Entrevista