Maria Mazzotta y el amoroso latido del mar

El world beat es uno de los géneros musicales contemporáneos con el que está identificada la obra de Maria Mazzotta, una cantante oriunda de la península de Salento, en Italia (ese lugar conocido como el “tacón de la bota” que señala la imagen del territorio), cuya música evoca la sonoridad tradicional del sur de ese país, pero también el latido rítmico proveniente del oriente europeo, todo ello mezclado con el rock y la electrónica contemporánea, como ejemplifica con claridad su disco Onde (2024).

De esta identificación de la artista deriva la capacidad de autorrepresentación tan particular de la cultura salentina y, quizá, su especificidad musical, melódica en concreto, la cual caracteriza desde hace siglos a este lugar. La suya pone énfasis en una verdadera y tupida trama de signos y gestos sonoros, del grito de reclamo ante la fuerza de la naturaleza que ha convertido a dicha zona en un escenario de léxicos.

La ductilidad de Mazzotta la convierte en una de las voces importantes de las músicas del mundo, hacia las cuales tiene un enfoque propio, respaldado por investigaciones meticulosas de las características vocales del área que diferencian a las diversas culturas en las que se adentra.

Ella se mueve de forma natural y fluida desde los sonidos del sur de Italia hasta las inflexiones de la música balcánica y cautiva con su interpretación, mientras lleva consigo al escucha para sumergirlo en las canciones interpretadas.

Estas canciones son viajes a través de las emociones del alma y su canto es el vehículo perfecto para experimentar la catarsis, la fuerza, la desesperación, la soledad, el amor, el olvido o el ruego. El escucha queda atrapado en su mundo de sentimientos que está avalado por su amplio bagaje.

Durante la infancia y la juventud, Mazzotta estudió largamente el piano y el arpa en un conservatorio de música, para luego formar parte de agrupaciones como Canzoniere Grecanico Salentino o la Orquesta Notte della Taranta, con las cuales ha grabado álbumes y participado en festivales de world music a nivel internacional. Ha trabajado, igualmente, como cantante en compañías de danza y en soundtracks de películas como La Jota, de Carlos Saura.

Debutó como solista con el álbum Amoreamaro (2020), amparada en la tradición, aunque ya había participado en una veintena de discos más, en los cuales colaboró lo mismo con Bobby McFerrin, Ibrahim Maalouf, Ballake Sissoko, Justin Adams o el Eva Quartet que con músicos de diversas nacionalidades del este europeo (griegos, albaneses, macedonios, croatas, rumanos, búlgaros). De ahí nació el dueto con el violoncelista albanés Redi Hasa, con el que grabó dos discos: Ura (2014) y Novilunio (2017).

El repertorio que expone Mazzotta ya es un clásico y un fenómeno del presente que hunde sus raíces sobre un conjunto múltiple de tradiciones, tanto urbanas como costeras: esto es, los cantos caracterizados por estructuras melódicas verticales que del agudo descienden hasta el grave, con una fuerte carga dramática; la música vocal de cámara de origen culterano y la música proveniente del canto popular.

Dominada por una vocalización absoluta, teatral y llena de pathos, la de Mazzotta es más una modalidad expresiva de canto que un género musical, inmediatamente identificable por sus gestos ricos en figuras retóricas. Como en el disco Onde que es una manifestación nacida de una savia vocal y poética fecundada por el contacto y el intercambio entre la música erudita, la popular y la tecnología, todas ellas relevantes en su hipermodernidad desde el comienzo del siglo XXI.

Esa geografía italiana muestra una específica fisonomía musical multicultural, expresada en canciones polifónicas (en las que dos o más melodías o líneas melódicas distintas se interpretan de manera simultánea para crear un efecto armónico) y monódicas (aquellas en las que todos los instrumentos y voces tocan o cantan la misma melodía al unísono) que dan testimonio de la ósmosis y el sincretismo entre las formas de aquella diversidad mediterránea. Esto ha permitido, gracias a las canciones de Mazzotta y su fusión con elementos rockeros y electrónicos, releer la producción antigua y tradicional como expresión de una musicalidad trasmitida directamente a la canción salentina moderna, vía el mar.

En Onde, aparte de la argucia estética para amalgamar dichos elementos –con la alusión, la sensualidad y una cierta vocación histriónica–, lo que importa al final es la capacidad de la cantante para comunicar cada matiz del sentimiento y la pasión y para moverse libremente desde una alegre despreocupación hasta el vínculo colectivo en el dolor; de la sencillez del lenguaje cotidiano, a la más sofisticada de las odas.

Su voz es poderosa y seductora. Con ella y con la aportación en la batería, las percusiones y la electrónica de Cristiano Della Monica y las guitarras eléctricas de Ernesto Nobili, Mazzotta ha facturado este álbum que es el relato del movimiento continuo, de un tránsito hacia espacios reverberantes diversos, partiendo de la sonoridad que le es más próxima.

Piezas propias, canciones tradicionales y tributos a otros autores conforman un disco que comienza a golpe de psicodelia, rock progresivo y posrock con la canción tradicional “La Furtuna”, que habla sobre los peligros de un mar que puede convertirse en un cementerio de esperanzas frustradas, y culmina con “Matonna te lu mare”, de Giuseppe Massimo Marangio, el ruego de un pescador para pedir a lo divino por un regreso a casa sano y salvo.

El omnipresente mar está en Onde, como metáfora de estados de ánimo o como marea que arroja ecos de otros territorios. Bombino, el propositivo guitarrista nigeriano invitado, pone su instrumento al servicio del tema “Sula nu puei stare” (la pieza más destacada del álbum) y el trompetista alemán Volker Goetze, bien conocido por su aventurero estilo, sopla gustoso en la power ballad “Canto e sogno”.

El homenaje de Mazzotta a la cantante siciliana Rosa Balistreri (1927-1990), a través de la desgarradora “Terra ca nun sentí”, es más que sentido. El nuevo arreglo de “Libro d’amore”, pieza que la cantante registró con el chelista albanés Redi Hasa en 2017, es otra muestra de un trabajo tan actual como brillante.

Onde, repito, es una historia de cambio continuo, en la que el mar resuena por todas partes, desde el suave movimiento que puede adormecer antes de transformarse en un maremoto que destruya, arrasándolo todo. Contiene en sí numerosas alegorías y múltiples humores que, como las olas, pueden adoptar una diversidad de formas. 

Mientras toda el agua se mueve, cambiando de forma y de fuerza, cada canción deja pasar sonidos dentro de una vastedad de frecuencias en la que la percusión electrónica de Cristiano della Monica y las guitarras de Ernesto Nobili garantizan a la canción de Maria Mazzotta la posibilidad de navegar hacia adelante (el tema “Pizzica de Core” habla por ello).

La voz se aleja y zarpa, dejándose lanzar lejos, hundiéndose antes de volver a la superficie, para finalmente encontrar descanso. Para estos músicos que siempre han tenido la extensión líquida mediterránea en la mente y en los ojos, el álbum cuenta la historia de su variación marinera, desde el tormento que supone navegar en el mar hasta el alivio que, al final, cada retorno a tierra ofrece.

Maria Mazzotta es una autora que ha descubierto el tesoro de la musicalidad y de la poesía artesanal regional. En su obra se capta el viraje histórico que ha supuesto la difusión de la canción autóctona en concordancia con la de los países balcánicos.

Es por ello que en el desarrollo de las canciones de Onde aparecen esos espacios relacionados con el trabajo: el puerto, el bar, las embarcaciones. Cada uno parece alimentarse del otro, pero cada uno posee sus propias características, emanadas del canto operístico o de la romanza.

Con su voz, ella ha facturado este álbum que es modelo de una labor tan brillante como contemporánea. La emotividad que emiten sus narraciones se funde con la implantación del bel canto y de una reflexión tan individual y popular, espontánea e inmediata, como colectiva, con la sempiterna ubicuidad mediterránea como perenne fuente de inspiración y materia para la forja del momento distendido o dramático.

La figura de Maria Mazzotta es de especial importancia para comprender la canción salentina, ya que su recorrido artístico representa una tarea de arqueología musical y de investigación sobre el pasado y por sí sola justifica el ideal de continuidad de aquella cultura musical, conocida ahora fuera de su ámbito gracias a la incorporación electrónica y rockera que ha hecho en ella.

 

Sergio Monsalvo C.

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Publicado en: Sonidos de Babel