Ella es toda una sensibilidad musical por sí misma. Su voz y su imagen marcan una época de la cultura pop, quizá la hora más sublime de la canción popular internacional. Su nombre es Mina Anna Maria Mazzini; pero Italia, su país natal, y el mundo entero, la conocen como Mina y como La Tigresa de Cremona.
Desde finales de los años cincuenta, cuando comenzó a cantar en público, hasta hoy, Mina ha brillado como una gran diva del espectáculo; desde entonces ha grabado más de setenta discos de larga duración y ha vendido cientos de millones de ejemplares de ellos en todo el mundo. Se le considera la más importante cantante popular de la historia de Italia. Pensándola con buen sarcasmo ultra-rockero, la podemos considerar “la Frank Zappa de la música fresa ácida”, porque ha hecho al revés todo lo hecho por Zappa, tan al revés que lo ha hecho igual de bien que Zappa.
Lo cierto es que Mina, con una tesitura de tres octavas, empezó cantando rock and roll a fines de los años cincuenta, con un eficiente cover de “Be Bop A Lula” de Gene Vincent, y no ha dejado de cantar rock hasta ahora. Ejemplo de ello es la canción “L’orto”, de Lezi y Santarelli. De acuerdo con la faceta prototipo de cada momento histórico, ha hecho caminar y madurar su rock, siempre en paralelo con el progresivo a la italiana y con una elasticidad creativa en los arreglos comparable a la de David Bowie, quien la reconocía como auténtica Señora de la canción.
Una de las mayores virtudes de Mina como cantante pop es lo versátil y bien selecto de su repertorio. En seis décadas ha cantado desde el folclor hasta la ópera, en italiano, español, inglés, francés, portugués, turco y japonés. Lo que predomina como temática en sus grabaciones es la canción de amor para adultos, la balada y sus variantes.

Quienes ahora son abuelos o nomás gente ruca la deben recordar porque era la cantante y bailarina principal del videoclip con que cerraba sus transmisiones cada noche el Canal 13 de la televisión abierta, allá por los años setenta del siglo pasado. De inmediato la identificarán como la del “Ballet Hippie” –así fue como lo tituló la gente–, porque la pieza que ella canta y baila es “The Beat Goes On”, misma que habían hecho famosa Sony y Cher. Con la coreografía y el montaje de ese clip, Mina demostraba ser toda una diva de la pantalla electrónica.
No se encuentra en nuestra cultura popular más próxima –y siempre rancherita– o en toda Iberoamérica una figura de la canción que sea par de Mina. La singularidad que la distingue es misteriosa y extraordinaria, pues tiene que ver con más cosas que cantar. Sin duda ha habido y hay mejores voces y con mejores canciones y repertorios, pero ninguna de esas voces tiene la continuidad de más de medio siglo de producción creativa y presencia mundial. Tal es la grandeza e importancia de la sensibilidad musical que representa la obra de Mina.
La vida de esta diva incomparable ha tenido de todo: éxitos, fracasos, escándalos, censuras, tragedias, grandes misterios y arte, mucho arte. Ahora es fácil encontrar mucha información sobre todo esto y siempre es válido comenzar por la Wikipedia y luego seguir la deriva del interés y la curiosidad; por eso, aquí no voy a escribir de todo eso. Mejor señalo que desde 1978, cuando tenía 38 años, convertida en una enorme estrella de la canción, lo que hizo decir a Frank Sinatra que ella era la mejor voz femenina blanca que había escuchado en su vida, justo en ese momento, Mina decidió abandonar los escenarios por completo.
Fue la noche del 23 de agosto de ese año. Mina subió al escenario del teatro Bussoladomani, local nocturno de Marina di Pietrasanta, en Toscana, e interpretó su repertorio. Aquella mujer de ojos enormes y espeso maquillaje que parecía salida de un cuadro de Modigliani, cerró el concierto con la canción “Grande, grande, grande” y se marchó a su camerino a la mitad de la canción y sin mirar atrás. Desde fuera del escenario escuchó, como escuchaba siempre, cómo los asistentes le pedían un bis. Algo más de ella. Lo que fuera. Pero como acostumbraba, no volvió a salir. Fue su última aparición en público como cantante. Antes de ese momento, Mina había pasado seis años completos sin hacer una gira o presentación pública. Se cancelaron los cuatro conciertos que tenía pendientes de una gira de quince estaciones y no ha vuelto a cantar en público ni aparecido en la televisión o la radio o lo que sea desde ese entonces.
Se retiró del mundanal ruido del espectáculo de la canción popular para las masas, dejó su Italia natal y se fue a vivir a Suiza. Sin embargo, no dejó de cantar y producir buenos discos en el estudio que tiene en su casa, al menos ha publicado uno nuevo cada año desde entonces. En estas grabaciones, ha hecho duetos con voces importantes como las de Adriano Celentano, Miguel Bosé, Chico Buarque, Lucio Dalla, Diego Torres, Mónica Naranjo, Ornellla Vanoni, Tiziano Ferro o Juan Manuel Serrat. Con el destrampado Adriano Celentano produjó un álbum de diez canciones en verdad soberbias (ahora ya son diecinueve las composiciones de esa creativa asociación reunidas en un CD, en el que luce en grande la inspiración de Celentano como compositor, arreglista y cantante y ella demuestra un dominio extraordinario de la voz y la expresión, su título es Mina Celentano y el original es de 1998).
Cierro esta columna compartiendo un breve comentario sobre cinco canciones del amplio y versátil repertorio de Mina, porque creo que las cinco pueden servir para comprender su originalidad como intérprete y la calidad inimitable de su voz. Es una selección mínima, pues bien podría ser del cuádruple de canciones y no dejarían de ser de extrema calidad e importancia.
–“Tintarella di Luna” (Bronceado lunar, 1959). La grabación de este twist, en 1959, fue un hecho decisivo en su carrera, pues hablamos de la canción que imprimió en el imaginario popular italiano la fantasía más insistente alrededor de la primera Mina: una ilusión basada en el arquetipo de chica inocente –apenas distinguible del resto, salvo por su afición a broncearse con rayos de luna– que la cantante no tardaría en contradecir. Por lo demás, el fenómeno Mina era ya imparable, filtrándose incluso en las capas más duras de la cultura popular: a comienzos de la siguiente década, su música podía sonar al mismo tiempo en los pickups adolescentes y en las primeras películas abstractas de Michelangelo Antonioni, como La aventura (1960) o El eclipse (1962).
–“Un anno d’amore" (Un año de amor, 1964). Esta fina canción es una versión de la canción francesa "C’est irreparable", originalmente escrita y grabada por Nino Ferrer. La letra en italiano la escribieron Mogol y Alberto Testa, el arreglo fue una creación de Augusto Martelli. De inmediato llegó al número uno de la lista de éxitos en Italia, estuvo entre las primeras tres por once semanas y allí duró por cosa de siete meses seguidos. Mina ha hecho versiones en español, japonés y turco. En 2007, para el álbum Todavía, la canta a dueto con Diego el Cigala. Para incluir esta pieza en la película Tacones lejanos, el director Pedro Almodóvar tradujo él mismo la letra de la versión en italiano y le pidió a Luz Casal que la grabara.
–“Parole, parole” (Palabras, palabras, 1972). Un nuevo éxito rotundo de ventas. La versión original de esta canción, compuesta por Leo Chioso, Giancarlo Del Re y Gianni Ferrio, la canta Mina junto con el actor y conductor de televisión Alberto Lupo. Pronto sonaba por todas partes, dentro y fuera de Italia, de modo que la cantante francesa Dalida al año siguiente hizo una versión con el actor Alain Delon. El 6 de mayo de 1972, en el penúltimo episodio del programa de televisión Teatro 10, donde había sido estrenada la canción, Mina y Adriano Celentano realizaron una divertida parodia de la pieza con papeles invertidos, con Celentano fumando descuidada y coquetamente, mientras Mina probaba suerte en la recitación. Al momento de responder “no quiero más dulces”, Celentano comenzó a tirar puñados de dulces que guardaba en los bolsillos de su chaqueta. Alberto Lupo sólo intervino en el final, mientras los dos amantes cantaban juntos el coro.
–“L’importante è finire” (Lo importante es terminar, 1975). Esta canción se convirtió en el primer y único sencillo del álbum La Mina. Inmediatamente después de su lanzamiento, fue censurada y prohibida en la radio y la televisión debido a sus connotaciones sexuales. Sin embargo, la canción obtuvo un enorme éxito comercial. Por muchas razones, esta pieza se considera hoy día la piedra miliar del gran edificio artístico y contracultural que integra la obra de Mina, quien llega este año a los 84 años de vida. El arreglo de Pino Presti todavía es considerado actual y tomado como modelo por intérpretes de las nuevas generaciones. Se caracteriza por un ritmo lento de bossa nova, una línea de bajo con vena funk, soportes percusivos del órgano Hammond y el groove de la caja de ritmos Roland que con la guitarra acústica, las intervenciones melódicas del moog y las congas ofrecen a Mina el soporte ideal para una interpretación propia, con evidentes implicaciones alusivas y sensuales. La letra de Cristiano Malgioglio causó gran revuelo en esa época y permitió al autor darse a conocer ante el público italiano. La misma hace referencia explícita a un abrazo amoroso, pero es una noticia falsa e infundada que el título original de la canción era “Lo importante es venirse”. El compositor de la música fue Alberto Anelli.
–“Acqua e sale” (Agua y sal, 1998). Ésta es una de las canciones más icónicas del dúo de Mina y Adriano Celentano, lanzada en 1998 y compuesta por Gianni Donzelli y Vincenzo Leomporro (alias AUDIO 2). La canción fue muy apreciada por su profundidad emocional y la química expresada entre los dos artistas. El texto habla de la complejidad de las relaciones amorosas, comparando el amor con una mezcla de agua y sal: una combinación de dulzura y dolor. La repetición del estribillo “agua y sal” simboliza las emociones contrastantes que sienten los dos amantes, necesarias para su supervivencia emocional, pero al mismo tiempo nocivas, porque así es el amor de dos. Los críticos elogiaron la canción por su capacidad para capturar los matices de las relaciones humanas y por la intensa interpretación vocal de Mina y Celentano. Su colaboración marcó un momento importante en la música italiana, al demostrar la capacidad de ambos para reinventarse y seguir siendo relevantes a pesar del paso del tiempo. “Agua y sal” también fue revisitada en español por Mina en un dueto con Miguel Bosé, quien la incluyó en el disco Papito.
Salvador Mendiola